Sunday, September 23, 2007

Entrevista a CONCEPCIÓN BERTONE


¿Qué es para usted la poesía?

Es mi manera de estar en el mundo desde que tuve conciencia y más vitalidad que razón para comprenderlo. Es mi forma de respirar, lo ilimitado de mi interioridad, mi ADN, eso que devino en mí desde mi raíz y que me permite ser lo que sencillamente soy.

¿Podría usted contarnos un poco de su vida, de sus obras publicadas, sus premios, su actividad literaria?

Nací en Rosario en un barrio con baldíos y calles de tierra donde la vida transcurría en una paz impensable para estos días. Un barrio de inmigrantes italianos como mis nonos y mi padre. Seres para los que el trabajo más duro era una bendición. En lo que fueron los fondos de mi casa, hace tiempo que construyeron un supermercado inmenso. Lo que significa que los árboles frutales, la huerta edénica y el jardín donde crecí desaparecieron en una urbanidad desolada y ajena a todo el amor y la protección de la que gocé en mi infancia y mi adolescencia. Desaparecieron como lugar físico pero no como lugar de identidad y pertenencia, de hecho existen y respiran en lo que escribo. En ese mundo, en esa sencillez de vivir que todavía conservo, hice mi escuela primaria y mis estudios secundarios, trabajé para poder comprarme libros, vestirme y ayudar a mi madre y hermanos; me enamoré a los 15 años y me casé muy joven. Y aún con mis dos hijos pequeños, escribía y continuaba estudiando, dormía cuatro horas por día y cuidaba de la vida de los míos. Sin pensarlo, realmente sin ninguna ambición de trascendencia escribía los poemas y los libros que publicaron mis amigos poetas. Jamás llevé un poema a un diario sin que me lo pidieran y casi toda mi poesía fue publicada antes de ser édita. De allí mi deuda infinita con Jorge Isaías, Juan Manuel Inchauspe, Beatriz Vallejos, Angélica Gorodischer, Mirta Rosenberg, Martín Prieto, Daniel Samoilovich. También con Carlos Pereiro y Claudio LoMenzo muy especialmente, que publicaron Aria Da Capo y lo distribuyeron en casi todo el país con la revista La Guacha.

No creo en los premios literarios. No como una negación caprichosa o de principios descolgados de la realidad sino por dos motivos que no tienen mucho sustento para generalizar: el primero y fundamental es que me es imposible obligarme a cumplir ciertas reglas como sentarme a escribir para un premio y adecuarme a lo que viene implícito con el nombre de la convocatoria, y si no es eso, es porque no me urge terminar un libro que para mí necesita tiempo, y ese tiempo nunca encajará en el de los concursos, ni en el de la obligación, ni el de la ansiedad por publicarlo. No soy ansiosa, soy paciente, y eso es mi mayor virtud y mi peor defecto. El segundo, quizás más aleatorio aunque no para mí, es que he sido jurado, y no importa cuán justa quieras ser cuando hay otros cuyo juicio es diferente al tuyo. Y de eso se sale impotente y lastimado porque también lastimará a alguien que lo merecía más. Por lo tanto no participo en ellos como una opción relegada al destino, pero no los niego porque son una gran posibilidad para lograr una publicación o una retribución económica, y aliento a los jóvenes para que lo intenten. Gané una Beca –por concurso- de la Secretaríala Provincia de Santa Fe, para hacer una antología con la poesía de tres generaciones de mujeres poetas que, como digo en el prólogo, era mi ambición más desmedida. En el 2006 me presenté con un poema al Premio R. G. Tuñón, porque era una posibilidad entre miles de ganar el dinero de ese premio que me permitiría descansar en los meses del verano en el que mi trabajo free lance nunca me regala un respiro, pero como mi alusión al poeta era imperceptible en el poema, el jurado no pudo darme el primer premio y obtuve una Mención de Honor del Fondo Nacional de las Artes. Sin embargo he recibido muchos reconocimientos que para mí valen más que los premios, el de Marosa Di Giorgio, entre los más inesperados y emotivos. Y en este momento, el de la Universidad Nacional del Litoral, que tiene en preparación editorial la reedición de mis libros agotados y la antología antes mencionada. de Cultura de

¿Cuándo empezó a escribir? ¿por qué?

Empecé a escribir cuando aprendí a leer y escribir entre los cuatro y cinco años, jugando a la maestra con mi tía catalina, la hermana menor de mi padre. Escribía poemas y obritas de teatro para los actos de la escuela. Mis maestras me daban la pizarra de las efemérides y todos los espacios que podían alimentar esa singularidad artística que veían en mí. Eran otros tiempos, otra las condiciones espirituales, culturales y económicas de los educadores. Lo precario de esos años no tiene un punto de comparación con lo que ahora sucede, aunque en lo político pasaban cosas de las que yo no me di cuenta hasta mucho después, cuando en el secundario me enfrenté con los libros que cambiaron mi mirada, mi pensamiento del mundo y mi escritura.

¿Cómo definiría a su poesía?

No sé. ¿Cómo se explica la búsqueda de una misma, siempre regresándose hasta la arista o la lisura del hueco de la memoria de lo familiar, de lo íntimo que no sea una confidencia mera?¿Cómo explicar ese secreto encerrado en el cuerpo, que no es la historia sino la memoria de la infancia como quimera y desvelo, como libertad y límite apasionados, como felicidad y desgarramiento aunados en una inmensa y fascinante soledad? No sé, pero en esos interrogantes está la definición.

¿Qué autores influyeron en su poética?

J. L. Borges me regaló la tradición y la búsqueda de una forma que contuviera lo que quería decir; Cesar Vallejo el valor de la identidad y la dimensión de lo humano; Eugenio Montale el misterio de la reticencia y el valor de la imagen; Paul Celan la luz y la sombra de la lengua; Constatino Cavafis la vigencia del mito, la belleza y el coraje de poner el cuerpo todo en el poema. Y también Rilke, Eliot, Pound, Nerval, Góngora, Baudelaire, Miguel Hernández, Martí, Drummond de Andrade, Manuel Bandeira, Eliseo Diego. Todos los griegos me dieron algo, todos los italianos. Pero Saint-John Perse me mostró la dicha del trabajo con la palabra, la aventura poética, el viaje hacia el corazón de la escritura, como adviento siempre. Jamás como resentimiento.

¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?

Nunca pensé ni pienso en eso. Pero quizás en el no pensarlo haya algún fin logrado o por lograr...

¿Qué poema elegiría usted si tiene que optar por uno en especial? ¿Por qué?

No sé si la pregunta se refiere a un poema mío o de otro autor. En el caso de que sea un poema de otro, elijo “Ese general Belgrano”, de Aldo Oliva, porque no puedo dejar de leerlo y cada vez que lo leo me traspasa, me embarga de emoción, de la gracia de esa escritura alta y llana. Y la garganta se me anuda, y lloro. Si fuese uno mío, elijo “El baño”, porque necesité una resma de papel y dos meses para escribir lo indecible y lo cierto hasta donde podía, en medio del dolor de la pérdida del amigo y del poeta extraordinario que era y será siempre Aldo Oliva. Quien no lo ha leído se pierde la experiencia de saber todo lo que hace posible la palabra cuando estallan sus sentidos
en una “Desobediencia debida”.

¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?

Ha cambiado como ha cambiado mi cara y mi manera de sentir, pero no la de ser o de enfrentar la vida. Es verdad que en mis libros anteriores, como dice Marosa de mi poesía, no necesitaba de muchas palabras. Ahora, mi poesía se abrió y necesita más espacio en el papel, pero no deja de ser un trabajo entornado en el concepto, apretado pero con mi forma de respirar de ahora, más lenta, más profunda, más tranquila. Ya no me altera la vida ninguna pavada cotidiana ni intelectual, por así decirlo. Ese barullo afuera por ser o pertenecer a tal o cual capilla de poder, ya no me da asco, me hace reír o me deja fría. Hay gente a la que les hacen falta unos hijos, unos nietos, unas nueras por quienes vivir. Un jardín, una vecina que no tenga ni la menor idea de lo que una hace, en fin. Y los cambios en la escritura y en lo corporal tiene que ver más con eso que con el estilo. Joaquín Giannuzzi fue y será siempre un ejemplo de lo que pienso sobre esto.

¿Para usted se nace o se hace escritor?

Cuando me hacen esta pregunta, siempre respondo lo que dijo el guatemalteco Monterroso: “No conozco a ninguno que no haya nacido, pero sé de algunos que nunca morirán”.

¿Qué consejos le daría a un joven escritor/escritora que se inicia en este bello camino de la PALABRA?

Nunca doy consejos porque a mí más que consejos me dieron palos duros y parejos, con la mejor de las intenciones, cosa que agradezco siempre. Pero les diría y les digo sinceramente y con la mayor dulzura: que no se puede escribir sin haber leído y sin seguir leyendo por placer y con hambre de conocimiento; que uno debe saber desde dónde escribe y para qué escribe; que un escritor es su voz, su singularidad. Y que no se puede escribir pensando en lo que dirán los otros, en la aceptación de los otros. Que la escritura es el lugar del más infinito goce y de la a más plena libertad, lo que es también decir: trabajo, oficio, compromiso, sudor agradecido. Arte que devuelve todo lo puesto en él de la manera más bella y misteriosa.

¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?

No la veo. No para los poetas. Nuestros libros son inhallables. Salvo esas patriadas de algunos editores que también son poetas. Salvo eso, no la veo. Y no puedo opinar desde un lugar ajeno al sentimiento, no sería válido.

Si tendría que recomendar un libro de poesía, prosa, cuento, novela etc ¿Cuáles recomendaría?

Recomendaría: El oficio de mentir, de Abelardo Castillo; Cabeza final, de Joaquín Giannuzzi; Aldo Oliva, Obra completa; El grado cero de la escritura, de Roland Barthes; La Condición Humana, de André Malraux; Un Bárbaro en Asia, de Henri Michaux; el Tratado Teológico-Político, de B. Spinoza; El Vacío que nos Invade, Antología poética de Eugenio Montale; Ensayos escogidos, de Gottfried Benn y Cuentos Completos, de Juan Carlos Onetti.

¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, ñusleter, blogs etc?

Me parecen extraordinarias. Nunca vi tanto fervor en torno a la difusión, la discusión, la información, el encuentro con la palabra y con los autores. Tanto trabajo y generosidad en pos de transmitir y dar a conocer lo que sucede con ella, de infundir y reunir en torno a la palabra a tanta gente, especialmente a los más jóvenes. Y en tiempos tan difíciles, ver cómo toda esa virtualidad los hace reunirse físicamente, oralmente, en ciclos de lecturas, de confrontación de ideas, de lucha por lograr espacios de la ciudad que inviten a escuchar y transmitir ese fervor por la literatura viva.

Por último ¿Quiere usted agregar algo?

Sí, mi agradecimiento por esta posibilidad de expresarme y de encontrarme con la expresión de otros poetas queridos y admirados. Me conmueve siempre la consideración de la vida de los pares y la difusión de su obra, como de otra manera y con la misma y generosa intención lo hicieron Raúl Gustavo Aguirre y Juan Manuel Inchauspe. Pero no me extraña porque como escribió Paco Urondo en Spitfire: “Somos colegas, si se quiere, y estamos estampados / en esta necesidad de mover el mundo con algunas palabras, o / proyectos; o viajando en busca de nuevos horizontes, / o mentir: tendremos seguramente alguna cosa que de decir / aunque / parezca difícil asegurar si serán hechos o promesas. Somos / pretenciosos y sólo con la muerte vendrá el silencio y la / soledad.”


Concepción Bertone

2 Comments:

Anonymous Anonymous said...

Lo que escribe como poeta y lo que opina Concepción Bertone, no tienen desperdicio. Más acá de la poesía, nos enseña a vivir, y no hay muchos que enseñen a vivir y amar. Rubén Vedovaldi

1/10/2009  
Blogger Guillermo said...

Adhiero enteramente a las palabras de Vedovaldi sobre Concepción Bertone. No hay distancia, ni siquiera una ínfima grieta entre lo que ella dice en el reportaje y lo que escribe en su poesía. Eso de enseñar a vivir y amar, en estos tiempos que corren... En fin. Gratifica que existan en la poesía gente de ese palo. Y eso va también por Tisocco. Excelente el blog.

Guillermo

2/15/2009  

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