Sunday, September 06, 2026

Entrevista a FERNANDO GABRIEL VASCHETTO

 


¿Qué es para usted la poesía?

 

Para mí, la poesía es una forma de conocimiento. Es verdad y belleza, pero también síntesis: su materia básica es la metáfora. Un poema no debería limitarse a describir lo que vemos; tendría que ayudarnos a mirar de otro modo, descubrir relaciones inesperadas y decir, con pocas palabras, algo que de otra manera resultaría difícil expresar. También entiendo la poesía como una búsqueda y como una manera de compartir esa búsqueda con los demás.

 

¿Podría usted contarnos un poco de su vida, de sus obras publicadas, sus premios, su actividad literaria?

 

Nací en Rafaela, provincia de Santa Fe, en 1961, y desde 2009 vivo en Rosario. Mi formación y mis intereses siempre fueron diversos: estudié en la Escuela Superior de Música y en el Liceo Municipal de Arte de Santa Fe, cursé Ingeniería en la UTN y durante veinticinco años me dediqué al estudio de la filosofía hindú y a la práctica del Mantra Yoga. También integré el grupo literario Mainumbí, bajo la guía de Gastón Gori y Horacio Rossi.

 

Soy escritor, poeta, músico y artista plástico. Publiqué, entre otros libros, Credulidad, Cielo de tierra, Honestidad bruta, Rescatados del olvido y Americaria. En 2020 apareció también Seminare, que recupera las historietas de ciencia ficción que realicé como guionista junto con Rubén Giorgis entre 1986 y 1990. Mi obra fue incluida, además, en distintas antologías.

 

Como guionista obtuve el Primer Premio del Salón de Historietas de Santa Fe en 1987. En 2012 recibí la primera mención en cuento del concurso Sacale punta al lápiz; en 2023, el primer premio en poesía del décimo Certamen Literario Malvinas Argentina y el tercer premio en poesía del concurso AMTRAM. Participo activamente en la SADE Rosario, en exposiciones de poesía ilustrada y en ferias del libro. También formo parte de Poetas del Mundo.

 

Una actividad que me resulta especialmente querida es Gragea Diaria de Poesía, un grupo que nació durante la pandemia para acompañar a la gente mediante lecturas de poemas compartidas por WhatsApp y Facebook. Con el tiempo se convirtió en una comunidad de lectores y autores de distintos lugares de Latinoamérica.

 

¿Cuándo empezó a escribir? ¿Por qué?

 

Empecé a escribir desde joven, movido por la necesidad de comprender lo que me rodeaba y de darle una forma a aquello que no siempre encontraba lugar en la conversación cotidiana. La escritura fue primero una inquietud personal, pero con el tiempo se volvió también una manera de comunicarme, de formular preguntas y de compartir una mirada sobre el mundo. En mi caso, la búsqueda artística nunca estuvo separada de la curiosidad científica, la reflexión filosófica ni la experiencia espiritual.

 

¿Cómo definiría a su poesía?

 

La definiría como una poesía humanista, reflexiva y, muchas veces, existencial. Parte de lo cotidiano, pero trata de ir más allá de la anécdota para preguntarse por el ser humano, el conocimiento, la libertad, la fraternidad y nuestra relación con la naturaleza. Procuro que sea una poesía abierta a la experimentación: conozco y valoro las formas clásicas, pero me interesa desarmarlas cuando es necesario y buscar una expresión propia, acorde con nuestro tiempo.

 

¿Qué autores influyeron en su poética?

 

Tuve la fortuna de contar con mentores cercanos como Gastón Gori y Horacio Rossi, de quienes aprendí mucho acerca del oficio y de la responsabilidad del escritor. También me nutrieron las vanguardias, porque enseñaron que la poesía puede —y a veces debe— proponer nuevas formas de expresión. No siento, sin embargo, que mi poética provenga de una lista cerrada de nombres: también me influyeron la literatura clásica, la ciencia ficción, la filosofía, la música, las artes plásticas y, de una manera muy especial, los viajes. Cada viaje modifica la mirada y, por lo tanto, modifica también la escritura.

 

¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?

 

Me gustaría que mi poesía ayudara a pensar y a mirar la realidad con mayor libertad. No pretendo ofrecer respuestas definitivas, sino abrir preguntas, poner en duda los viejos paradigmas y combatir aquellas supersticiones o formas de obediencia que convierten a las personas libres en rebaños sumisos. Si un poema logra conmover, despertar curiosidad o acercar a alguien a una percepción más fraterna del mundo, siento que ha cumplido su cometido.

 

¿Qué poema elegiría usted si tiene que optar por uno en especial? ¿Por qué?

 

Elegiría el poema que aparece al final de “Nuevamente Job”, un poemario humanista, pacifista y profundamente meditativo publicado en mi libro Americaria. Creo que tiene el suficiente mérito poético como para representarme porque imagina la transformación del guerrero: el abandono de las armas y el regreso al trabajo creador, a la naturaleza, al amor y a la fraternidad. No niega el dolor de la historia, pero deposita su esperanza en la posibilidad de que el ser humano elija la paz.

 

Y

la mano del guerrero olvidará la espada

 

y

empujará con fuerza la reja del arado

 

Y

la sien del guerrero se alejará del casco

 

recibiendo

laureles del aire enamorado

 

Y

el cuerpo del guerrero desceñirá sus armas

 

para

ceñirse al brillo del sol en las mañanas

 

Y

cesarán los gritos de su garganta ahogada

 

para

elevar sus voces de júbilo y de gracia

 

Y

dejará su sangre de fecundar los campos

 

y

correrá la lluvia su cuerpo acariciando

 

No

crispará sus manos en el metal horrendo

 

las

tenderá cual frondas en bosques hermanados

 

No

inyectará sus ojos de ciega incertidumbre

 

que

elevará siguiendo el vuelo de los pájaros

 

No

olvidará a los hombres que fueron sus hermanos

 

sabrá

el sabor profundo de amar lo ya pasado

 

No

caerá su cuerpo sufriente, desgajado

 

lo

tenderá a la sombra buscando al cuerpo amado

 

y

dormirá en la paz

 

y

en paz será segado.

 

¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?

 

Con los años mi poesía fue desplazándose desde una mirada más cotidiana hacia una indagación más existencial. La pregunta por el qué y el cómo de las cosas siempre estuvo presente, aunque al principio aparecía ligada con mayor fuerza a la búsqueda científica y espiritual. Más tarde se fue afirmando una aceptación de la realidad sin fantasmas, junto con la necesidad de expresarla y compartirla. También aprendí a confiar más en la síntesis, en la imagen y en el silencio que queda alrededor de las palabras.

 

¿Para usted se nace o se hace escritor?

 

Creo que hay una disposición inicial: cierta sensibilidad, curiosidad o necesidad de contar y de nombrar. Pero eso, por sí solo, no alcanza. El escritor se hace leyendo, escribiendo, corrigiendo, escuchando críticas y volviendo una y otra vez sobre su trabajo. El talento puede abrir una puerta; el oficio, la disciplina y la experiencia son los que permiten atravesarla.

 

¿Qué consejos le daría a un joven escritor/escritora que se inicia en este bello camino de la PALABRA?

 

Le diría que lea mucho y sin prejuicios, tanto a los clásicos como a sus contemporáneos; que escriba con constancia y que no tenga apuro por publicar. También que aprenda las formas antes de romperlas, porque la libertad creativa se vuelve más rica cuando conoce aquello de lo que se libera. Es importante aceptar la corrección, desconfiar un poco del elogio fácil de las redes y conservar una voz propia. Y, sobre todo, vivir: observar, viajar cuando sea posible, conversar con personas diferentes y mantener viva la capacidad de asombro.

 

¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?          

 

La veo atravesada por una contradicción. Por un lado, hoy existen más posibilidades de escribir, editar y difundir una obra; por otro, la enorme cantidad de publicaciones vuelve muy difícil distinguir los trabajos valiosos. Las redes y la autoedición democratizaron la palabra, lo cual es positivo, pero también favorecieron la circulación de textos que no siempre pasaron por una lectura crítica o un verdadero proceso de corrección. A eso se suma un mercado concentrado, donde la publicidad y el éxito comercial suelen pesar más que la calidad literaria. Las editoriales independientes, las bibliotecas, los talleres serios y las comunidades de lectores cumplen por eso una tarea indispensable.

 

Si tuviera que recomendar un libro de poesía, prosa, cuento, novela, etc., ¿cuáles recomendaría?

 

Me cuesta elegir unos pocos, porque cada libro llega en un momento distinto de la vida. Recomendaría leer poesía de distintas épocas y tradiciones, desde los clásicos hasta las vanguardias y la poesía latinoamericana contemporánea. En narrativa, volvería a autores como Julio Verne, H. G. Wells, Ray Bradbury e Isaac Asimov, que me enseñaron que la imaginación puede examinar nuestra relación con la ciencia, la tecnología, el poder y el porvenir. Más que imponer una lista, invitaría a cada lector a alternar los libros consagrados con autores nuevos y cercanos: allí también pueden encontrarse verdaderas revelaciones.

 

¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, newsletter, blogs, etc.?

 

Son herramientas valiosas y, usadas con criterio, permiten algo que antes era muy difícil: que un poema cruce fronteras en pocos segundos y reúna lectores de lugares muy distintos. La experiencia de Gragea Diaria de Poesía me lo confirmó: durante el aislamiento, un audio con la lectura de un poema podía acompañar a muchas personas y crear comunidad. Al mismo tiempo, lo digital favorece la rapidez y la fugacidad; a veces pasamos de un texto a otro sin detenernos verdaderamente en ninguno. Por eso creo que los nuevos medios no deberían reemplazar la lectura atenta ni el libro impreso, sino convivir con ellos y ampliar sus posibilidades.

 

Por último, ¿quiere usted agregar algo?

 

Solamente agradecer este espacio y a quienes todavía se acercan a la poesía con curiosidad. Creo que la cultura debe ser un bien común y no un privilegio elitista. Leer, escribir, escuchar música, contemplar una obra o compartir un poema son formas de mantener despierta nuestra humanidad. En tiempos de ruido y de respuestas apresuradas, vale la pena dejar que el silencio trabaje por su cuenta y ayudarlo, modestamente, con las palabras.

 

Fernando Gabriel Vaschetto

1 Comments:

Blogger Oralia López Serrano said...

Enhorabuena Gustavo Tisocco por esta entrevista tan reflexiva y valiosa, a mi amigo poeta Fernando. Felicidades..., gran trayectoria. Mi admiración, abrazo enorme, éxito siempre.

9/07/2026  

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