Entrevista a FERNANDO GABRIEL VASCHETTO
¿Qué es para usted la poesía?
Para mí, la poesía es una forma de
conocimiento. Es verdad y belleza, pero también síntesis: su materia básica es
la metáfora. Un poema no debería limitarse a describir lo que vemos; tendría
que ayudarnos a mirar de otro modo, descubrir relaciones inesperadas y decir,
con pocas palabras, algo que de otra manera resultaría difícil expresar.
También entiendo la poesía como una búsqueda y como una manera de compartir esa
búsqueda con los demás.
¿Podría usted contarnos un poco de su vida,
de sus obras publicadas, sus premios, su actividad literaria?
Nací en Rafaela, provincia de Santa Fe, en
1961, y desde 2009 vivo en Rosario. Mi formación y mis intereses siempre fueron
diversos: estudié en la Escuela Superior de Música y en el Liceo Municipal de
Arte de Santa Fe, cursé Ingeniería en la UTN y durante veinticinco años me
dediqué al estudio de la filosofía hindú y a la práctica del Mantra Yoga.
También integré el grupo literario Mainumbí, bajo la guía de Gastón Gori y
Horacio Rossi.
Soy escritor, poeta, músico y artista
plástico. Publiqué, entre otros libros, Credulidad, Cielo de tierra, Honestidad
bruta, Rescatados del olvido y Americaria. En 2020 apareció también Seminare,
que recupera las historietas de ciencia ficción que realicé como guionista
junto con Rubén Giorgis entre 1986 y 1990. Mi obra fue incluida, además, en
distintas antologías.
Como guionista obtuve el Primer Premio del
Salón de Historietas de Santa Fe en 1987. En 2012 recibí la primera mención en
cuento del concurso Sacale punta al lápiz; en 2023, el primer premio en poesía
del décimo Certamen Literario Malvinas Argentina y el tercer premio en poesía
del concurso AMTRAM. Participo activamente en la SADE Rosario, en exposiciones
de poesía ilustrada y en ferias del libro. También formo parte de Poetas del
Mundo.
Una actividad que me resulta especialmente
querida es Gragea Diaria de Poesía, un grupo que nació durante la pandemia para
acompañar a la gente mediante lecturas de poemas compartidas por WhatsApp y
Facebook. Con el tiempo se convirtió en una comunidad de lectores y autores de
distintos lugares de Latinoamérica.
¿Cuándo empezó a escribir? ¿Por qué?
Empecé a escribir desde joven, movido por
la necesidad de comprender lo que me rodeaba y de darle una forma a aquello que
no siempre encontraba lugar en la conversación cotidiana. La escritura fue
primero una inquietud personal, pero con el tiempo se volvió también una manera
de comunicarme, de formular preguntas y de compartir una mirada sobre el mundo.
En mi caso, la búsqueda artística nunca estuvo separada de la curiosidad
científica, la reflexión filosófica ni la experiencia espiritual.
¿Cómo definiría a su poesía?
La definiría como una poesía humanista,
reflexiva y, muchas veces, existencial. Parte de lo cotidiano, pero trata de ir
más allá de la anécdota para preguntarse por el ser humano, el conocimiento, la
libertad, la fraternidad y nuestra relación con la naturaleza. Procuro que sea
una poesía abierta a la experimentación: conozco y valoro las formas clásicas,
pero me interesa desarmarlas cuando es necesario y buscar una expresión propia,
acorde con nuestro tiempo.
¿Qué autores influyeron en su poética?
Tuve la fortuna de contar con mentores
cercanos como Gastón Gori y Horacio Rossi, de quienes aprendí mucho acerca del
oficio y de la responsabilidad del escritor. También me nutrieron las
vanguardias, porque enseñaron que la poesía puede —y a veces debe— proponer
nuevas formas de expresión. No siento, sin embargo, que mi poética provenga de
una lista cerrada de nombres: también me influyeron la literatura clásica, la
ciencia ficción, la filosofía, la música, las artes plásticas y, de una manera
muy especial, los viajes. Cada viaje modifica la mirada y, por lo tanto,
modifica también la escritura.
¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con
su poética?
Me gustaría que mi poesía ayudara a pensar
y a mirar la realidad con mayor libertad. No pretendo ofrecer respuestas
definitivas, sino abrir preguntas, poner en duda los viejos paradigmas y
combatir aquellas supersticiones o formas de obediencia que convierten a las
personas libres en rebaños sumisos. Si un poema logra conmover, despertar
curiosidad o acercar a alguien a una percepción más fraterna del mundo, siento
que ha cumplido su cometido.
¿Qué poema elegiría usted si tiene que
optar por uno en especial? ¿Por qué?
Elegiría el poema que aparece al final de
“Nuevamente Job”, un poemario humanista, pacifista y profundamente meditativo
publicado en mi libro Americaria. Creo que tiene el suficiente mérito poético
como para representarme porque imagina la transformación del guerrero: el
abandono de las armas y el regreso al trabajo creador, a la naturaleza, al amor
y a la fraternidad. No niega el dolor de la historia, pero deposita su
esperanza en la posibilidad de que el ser humano elija la paz.
Y
la mano del guerrero olvidará la espada
y
empujará con fuerza la reja del arado
Y
la sien del guerrero se alejará del casco
recibiendo
laureles del aire enamorado
Y
el cuerpo del guerrero desceñirá sus armas
para
ceñirse al brillo del sol en las mañanas
Y
cesarán los gritos de su garganta ahogada
para
elevar sus voces de júbilo y de gracia
Y
dejará su sangre de fecundar los campos
y
correrá la lluvia su cuerpo acariciando
No
crispará sus manos en el metal horrendo
las
tenderá cual frondas en bosques hermanados
No
inyectará sus ojos de ciega incertidumbre
que
elevará siguiendo el vuelo de los pájaros
No
olvidará a los hombres que fueron sus
hermanos
sabrá
el sabor profundo de amar lo ya pasado
No
caerá su cuerpo sufriente, desgajado
lo
tenderá a la sombra buscando al cuerpo
amado
y
dormirá en la paz
y
en paz será segado.
¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo
largo de los años?
Con los años mi poesía fue desplazándose
desde una mirada más cotidiana hacia una indagación más existencial. La
pregunta por el qué y el cómo de las cosas siempre estuvo presente, aunque al
principio aparecía ligada con mayor fuerza a la búsqueda científica y
espiritual. Más tarde se fue afirmando una aceptación de la realidad sin
fantasmas, junto con la necesidad de expresarla y compartirla. También aprendí
a confiar más en la síntesis, en la imagen y en el silencio que queda alrededor
de las palabras.
¿Para usted se nace o se hace escritor?
Creo que hay una disposición inicial:
cierta sensibilidad, curiosidad o necesidad de contar y de nombrar. Pero eso,
por sí solo, no alcanza. El escritor se hace leyendo, escribiendo, corrigiendo,
escuchando críticas y volviendo una y otra vez sobre su trabajo. El talento
puede abrir una puerta; el oficio, la disciplina y la experiencia son los que
permiten atravesarla.
¿Qué consejos le daría a un joven
escritor/escritora que se inicia en este bello camino de la PALABRA?
Le diría que lea mucho y sin prejuicios,
tanto a los clásicos como a sus contemporáneos; que escriba con constancia y
que no tenga apuro por publicar. También que aprenda las formas antes de
romperlas, porque la libertad creativa se vuelve más rica cuando conoce aquello
de lo que se libera. Es importante aceptar la corrección, desconfiar un poco
del elogio fácil de las redes y conservar una voz propia. Y, sobre todo, vivir:
observar, viajar cuando sea posible, conversar con personas diferentes y
mantener viva la capacidad de asombro.
¿Cómo ve usted
actualmente la industria editorial?
La veo atravesada por una contradicción.
Por un lado, hoy existen más posibilidades de escribir, editar y difundir una
obra; por otro, la enorme cantidad de publicaciones vuelve muy difícil
distinguir los trabajos valiosos. Las redes y la autoedición democratizaron la
palabra, lo cual es positivo, pero también favorecieron la circulación de
textos que no siempre pasaron por una lectura crítica o un verdadero proceso de
corrección. A eso se suma un mercado concentrado, donde la publicidad y el
éxito comercial suelen pesar más que la calidad literaria. Las editoriales
independientes, las bibliotecas, los talleres serios y las comunidades de
lectores cumplen por eso una tarea indispensable.
Si tuviera que recomendar un libro de
poesía, prosa, cuento, novela, etc., ¿cuáles recomendaría?
Me cuesta elegir unos pocos, porque cada
libro llega en un momento distinto de la vida. Recomendaría leer poesía de
distintas épocas y tradiciones, desde los clásicos hasta las vanguardias y la
poesía latinoamericana contemporánea. En narrativa, volvería a autores como
Julio Verne, H. G. Wells, Ray Bradbury e Isaac Asimov, que me enseñaron que la
imaginación puede examinar nuestra relación con la ciencia, la tecnología, el
poder y el porvenir. Más que imponer una lista, invitaría a cada lector a
alternar los libros consagrados con autores nuevos y cercanos: allí también
pueden encontrarse verdaderas revelaciones.
¿Qué opina de las nuevas formas de difusión
de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos,
revistas virtuales, newsletter, blogs, etc.?
Son herramientas valiosas y, usadas con
criterio, permiten algo que antes era muy difícil: que un poema cruce fronteras
en pocos segundos y reúna lectores de lugares muy distintos. La experiencia de
Gragea Diaria de Poesía me lo confirmó: durante el aislamiento, un audio con la
lectura de un poema podía acompañar a muchas personas y crear comunidad. Al
mismo tiempo, lo digital favorece la rapidez y la fugacidad; a veces pasamos de
un texto a otro sin detenernos verdaderamente en ninguno. Por eso creo que los
nuevos medios no deberían reemplazar la lectura atenta ni el libro impreso,
sino convivir con ellos y ampliar sus posibilidades.
Por último, ¿quiere usted agregar algo?
Solamente agradecer este espacio y a
quienes todavía se acercan a la poesía con curiosidad. Creo que la cultura debe
ser un bien común y no un privilegio elitista. Leer, escribir, escuchar música,
contemplar una obra o compartir un poema son formas de mantener despierta
nuestra humanidad. En tiempos de ruido y de respuestas apresuradas, vale la
pena dejar que el silencio trabaje por su cuenta y ayudarlo, modestamente, con
las palabras.
Fernando Gabriel Vaschetto


1 Comments:
Enhorabuena Gustavo Tisocco por esta entrevista tan reflexiva y valiosa, a mi amigo poeta Fernando. Felicidades..., gran trayectoria. Mi admiración, abrazo enorme, éxito siempre.
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