Entrevista a MARIANA MIRANDA
¿Qué es para usted la poesía?
Una forma de ver el mundo, de entenderlo, de expresarlo. La poesía permite decir cosas que de otra forma es imposible decirlas y también provocar sentimientos o emociones que no se pueden sentir de otra manera.
¿Podría usted contarnos un poco de su vida, de sus obras publicadas,
sus premios, su actividad literaria?
Soy psicóloga y traductora y profesora de
francés. Además coordino talleres de escritura para adultos. Empecé publicando
por concursos literarios en los ‘90, fui premio Nicolás Guillén y Pablo Neruda,
finalista del Premio Nacional de Poesía en el 2011, mi primer libro de poesía
fue traducido y publicado en Francia por Ediciones Orfeo Negro. Como narradora
me premiaron en cuento en Madrid, varios cuentos en Colombia, varias veces en
Buenos Aires y tengo mucha poesía publicada en blogs o sitios virtuales en
Chile, México, España, Cuba, etc. Tengo publicadas dos novelas, tres libros de
cuentos y cuatro de poesía. Siempre hice narrativa y poesía. Colaboré mucho con
revistas y diarios en artículos literarios y periodísticos, entre ellos, hice
contratapas para el diario Página 12 como 17 años. Ahora estoy haciendo más
reseñas y comentarios sobre libros que me llegan, estoy participando en mesas
de lectura o encuentros, en forma presencial o virtual.
Tengo publicados artículos o ponencias en
libros o congresos de psicología, pero a la hora de definir un libro, prefiero
escribir poesía o narrativa de ficción. La escritura académica me resulta
pesada y falta de chispa.
¿Cuándo empezó a escribir? ¿por qué?
Empecé a escribir a los ocho años, siempre
en poesía y en narrativa en forma simultánea. Soy una lectora incansable y me
alentaron mucho en la escritura las maestras de la escuela primaria pública de
Melincué, la Florentino Ameghino, a las que nunca les voy a dejar de agradecer.
Ojalá todas las maestras hicieran lo mismo. Elegí ser escritora y publicar
libros entre los seis y ocho años. Siempre supe que iba a ser difícil y que iba
a tener que vivir de otras cosas, pero es mi manera de ser-en-el-mundo.
Ahora me jubilé y sí, estoy tratando de
dedicarme puramente a mi vida literaria.
¿Cómo definiría a su poesía?
Siempre hice poesía social. Desde que
empecé. Me preocupan los problemas de la gente, por algo estudié psicología. Me
interesa dar voz a las víctimas desde la poesía. No hago poemas ni tan amorosos
ni tan líricos o románticos. Sí tengo algunos poemas ecológicos, muchos de
justicia social, siempre vuelvo a los mismos temas en mi poesía: la pobreza, la
injusticia, la guerra, la violencia institucional, el crimen, la desaparición
de personas, los femicidios, la violencia en general. Hice psicología forense
muchos años, casi 30.
¿Qué autores influyeron en su poética?
Federico García Lorca y Olga Orozco, sobre
todo. Un poema como el Romance de la Guardia Civil Española es mi Ítaca.
Después Miguel Hernández, Pablo Neruda, Ernesto Cardenal, Paul Éluard y Jacques
Prévert, además del enorme Víctor Hugo. Me gusta mucho Jorge Boccanera, si bien
no es un poeta tan social. La poética de Gabriela Mistral me parece bellísima,
Roque Dalton también tiene una obra sublime. Siempre leí más a autores
latinoamericanos y franceses. Ahora estoy con Aimé Césaire y Édouard Glissant, me interesa mucho la poesía
de la negritud, hice un seminario con Jorge Boccanera hace un tiempo sobre ese
tema y me había olvidado de citar al tremendo Nicolás Guillén, que es un poeta
maravilloso. Tengo un artículo publicado sobre la poesía social de Guillén,
conjuga ritmo, belleza y reclamos sociales al mismo tiempo. Condensa todo lo
afro y la poesía española clásica al mismo tiempo. La Balada de los dos Abuelos
es extraordinaria.
En Rosario tuvimos a Claudia Caisso que
investigó desde la Facultad de Letras la poesía de las Antillas y dejó unos cuantos
ensayos muy interesantes al respecto.
Más contemporáneos me gusta mucho la obra
de Ernesto Rojas y Gustavo Tisocco, además de Boccanera.
En otra línea amo a Silvio Rodríguez,
Hamlet Lima Quintana y Armando Tejada Gómez, además de Daniel Toro, Víctor Jara
y Joan Manuel Serrat, son más bien cantautores. Dentro de lo que fue la Trova
Rosarina amo la poesía de Juan Carlos Baglietto y Jorge Fandermole. Hay músicos
excelentes en Rosario.
En narrativa si tuviera que elegir, me
quedo con Haroldo Conti y Daniel Moyano. Son autores maravillosos.
¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con
su poética?
Conmover al mundo. La humanidad ha perdido
su esencia, nos estamos autodestruyendo entre nosotros mismos. Hay un puñado de
psicópatas que se reparten el mundo y sus riquezas, además de destruir el
planeta tan velozmente que no lo vamos a poder salvar. Tenemos que tomar
conciencia de cómo estamos viviendo y también, y por sobre todas las cosas, de
para qué vivimos, hemos perdido el sentido del amor, la ternura, el sentido de
la humanidad en general y también el de todas las especies (animales y
vegetales).
El capitalismo salvaje ha destruido los
valores que nos identifican como personas, la trama vincular social y afectiva
que es la que nos sostiene.
¿Qué poema elegiría usted si tiene que
optar por uno en especial? ¿Por qué?
No tengo un poema que pudiera elegir. Hay
algunos que me gustan más que otros, pero todos tienen algo. Son como los
cuentos. Es imposible, al menos para mí, decir éste es el mejor. Yo creo que
esas cosas quedan a criterio del público que lee u oye los poemas...
¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo
largo de los años?
Siempre tuve poemas largos o poemas más
condensados y breves. Siempre enfaticé el sentido en el poema, no sólo en cada
una de las imágenes que se despliegan sino también en la construcción semántica
del poema en sí mismo. No creo en la literatura como acto puramente estético,
creo que el que escribe dice algo y el que lee debe entender el mensaje del
autor. No adhiero al intimismo o la poesía hermética, no obstante eso amo la
poesía surrealista francesa, la cual estudió y compiló y tradujo Aldo
Pellegrini.
Siempre puse sobre la mesa las cosas que no
me gustan tratando de no ser panfletaria. Últimamente me preocupa más la
construcción lírica y estética del poema. Que si bien el sentido sea el de un
reclamo social el poema en sí mismo sea una belleza. Creo que el Maestro en eso
fue Federico García Lorca, tuvo una capacidad extraordinaria en capturar su
época y ponerla en versos. También dejó una poética extraordinaria en Argentina
Miguel Ángel Bustos, detenido-desaparecido en 1977, una obra cercana al
surrealismo que también tiene mucho de simbolismo. También hubo casos de poetas
que empezaron adhiriendo al surrealismo y se fueron corriendo hacia el realismo
crudo de la poesía social, como Jacques Prévert o Paul Éluard.
¿Para usted se nace o se hace escritor?
Es un poco y un poco. El talento o el
interés viene con los primeros años de aprendizaje de la lectoescritura.
Después creo que hay que escribir mucho, corregir más, quemar mucho, tirar
mucho, llevar a leer a otros. Formarse con otros. Es necesario leer muchísimo a
otros. Como buena profesional de la salud que soy creo que la formación es
continua, no sólo en salud, sino en todos los ámbitos. Mercedes Sosa tenía
cuatro horas de clase de canto con su profesora todos los días. Todo es
trabajo, nada viene brotado desde el cielo.
¿Qué consejos le daría a un joven
escritor/escritora que se inicia en este bello camino de la PALABRA?
Que lea mucho y que se forme. Los ciclos,
encuentros, festivales, son instancias de formación. Para mí “Mis poetas
contemporáneos” es un espacio de formación, lo mismo fue el Café Literario Inés
Ollero, de San Martín, que es virtual también. Es imposible escribir sin leer.
Yo hice seminarios y talleres con gente de la Facultad de Letras de Rosario,
Roberto Retamoso, Susana Rosano, Humberto Lobbosco, Roberto García, Paola
Chinazzo, estoy haciendo seminarios con la gente de la Escuela de Literatura
Aldo Oliva, de Rosario. Ahora estoy haciendo un seminario sobre poesía moderna
con Bruno Crisorio que es un profesor de La Plata. Hice talleres y seminarios
con María Teresa Andruetto y Liliana Heker en narrativa.
Actualmente veo a mucha gente joven
desesperada por publicar y es gente que no lee. Y cuando ves lo que publican te
das cuenta. Todo lleva tiempo y esfuerzo. Hay poetas y narradores jóvenes
extraordinarios pero también es cierto que son gente muy formada, que lee
muchísimo. También sigo creyendo en los concursos literarios, yo empecé
publicando así, sé que muchas veces no son tan serios, pero según quién
organice o quiénes sean los del jurado la mayoría de las veces lo que se premia
es obra buena. También es difícil elegir entre tantas obras y eso también es
cierto.
¿Cómo ve usted actualmente la industria
editorial?
Están los monopolios de siempre (Alfaguara,
Planeta, Penguin) pero a la vez explotó la cantidad de editoriales
“independientes” y a su vez la cantidad de autores nuevos que están publicando.
También hay editoriales puramente de poesía, lo cual es muy loable porque no es
cierto que la gente no lea poesía, es cierto que a las grandes editoriales les
sigue interesando la narrativa, la epopeya de la gran novela. Sin embargo no te
olvides que a Gabriel García Márquez le llevó 20 años encontrar quien publicara
“Cien años de soledad”, que al final salió por Sudamericana, una editorial
seria e independiente de Buenos Aires.
El tema de las editoriales independientes
de ahora da para debatirlo, porque la mayoría son editoriales que ofician de
mediadores entre la imprenta y el autor y le piden dinero al autor para editar
la obra. O sea que son independientes con la plata de los autores, no con la
plata de ellos mismos. Por eso sigo creyendo en los concursos literarios,
Alfaguara premia muy buenas novelas, por ejemplo.
Si tuviera que recomendar un libro de
poesía, prosa, cuento, novela etc. ¿Cuáles recomendaría?
Me pasa lo mismo que con mis poemas, me
cuesta elegir uno. Todos tienen algo. En novela recomiendo “El viento que
arrasa”, de Selva Almada, “Mascaró” y “Alrededor de la jaula”, de Haroldo Conti, los cuentos de Samanta
Schweblin y Rodolfo Walsh, la obra completa de Gabriel García Márquez y Jorge
Amado, además de Héctor Tizón, Albert Camus y Víctor Hugo. En poesía vuelvo a
Guillén, Lorca, Hernández, Orozco, Dalton y Gabriela Mistral.
Yo leo y si me gusta un autor trato de leer
toda la obra, o sea que recomiendo más por autores que por un libro específico
de cada autor. Por ejemplo, la saga de los irlandeses o los cuentos sobre el
peronismo, de Rodolfo Walsh son extraordinarios. También me olvidé de un
cuentista excelente que también falleció muy joven, Germán Rozenmacher, el
autor de “Cabecita negra”. Saint-Exupéry escribió cosas excelentes pero mi amor
máximo es para con “El Principito”.
¿Qué opina de las nuevas formas de difusión
de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos,
revistas virtuales, ñusleter, blogs etc?
Es un mundo. Yo había hecho formaciones a
distancia como psicóloga pero desde la pandemia del 2020 en adelante todo lo
virtual se volvió estrictamente necesario para los autores. Sobre todo para
difundir la obra propia o conocer obra ajena o también hacer o dictar talleres
o formarse en seminarios específicos.
Yo puntualmente soy más del libro en papel
y la biblioteca pública, creo en el trabajo de la biblioteca popular del
barrio, soy medio animal con las redes y la cibernética, por los cual no tengo
una página web ni un blog, cosa que muchos autores tienen y aprovechan al
máximo.
Sí coordino talleres literarios, de lectura y de escritura, estuve un tiempo largo en bibliotecas populares y actualmente sigo en mi casa presencial o sino estoy dando virtual (en poesía y narrativa). Creo mucho en la clínica de obra, como un trabajo cooperativo pero necesario, antes de llevar el libro a imprenta.
Por último ¿Quiere usted agregar algo?
Te quiero felicitar por el trabajo enorme y
generoso de difundir a todos los poetas de tu sitio, poetas de todo el país y
también de otros países. Además de tu obra poética tan hermosa, son muy pocos
los que trabajan tanto para difundir la obra de otros poetas. Eso es un mérito
invaluable.
Aparte de eso, nada más.
Mariana Miranda
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