Entrevista a EUGENIA COIRO
¿Qué es para usted la poesía?
Es una pregunta inmensa que solo puedo
responder tentativamente. A veces me resulta que la poesía es un refugio, sobre
todo cuando la leo. También una caja de sorpresas del universo, un juego
divertido que —por suerte—nunca termino de entender. Otras veces me parece que
es una puerta de entrada o un túnel por el que accedo a otra yo y a otros
mundos.
¿Podría usted contarnos un poco de su vida, de sus obras publicadas,
sus premios, su actividad literaria?
Trabajo en un banco desde hace mucho, con
ese trabajo me gano el pan –prefiero decir eso a “la vida”–. Hace unos años
también soy madre. En los intersticios de todo están los poemas, que se arman
como rompecabezas vivos. Se abren paso en medio de la rutina y lo cotidiano.
Escribí varios libros, el primero lo publiqué en 2007, van como ocho intentos y
no me puedo rendir.
Además de vincularme con la poesía a través
de la escritura, durante muchos años trabajé para Viajera Editorial, ese
trabajo me hizo muy feliz. Repartí libros, intenté hacer prensa y difusión, corregí manuscritos y pruebas de galera,
llevé algunos proyectos de poetas que me gustaron mucho. Fui feliz con ese
trabajo y también lo soy con la coordinación de talleres.
Premios nunca tuve, pero sí muchas
gratificaciones. Escuchar poetas, participar de festivales, acompañar a otros
en sus proyectos, esos serían mis preciosos premios hasta ahora.
¿Cuándo empezó a escribir? ¿por qué?
Hay dos comienzos, el primero fue cuando
tenía seis años y quise escribir canciones como las de María Elena Walsh.
Después de adolescente volví a la escritura como un modo de decir lo que me
pasaba a través de metáforas y otras figuras que intuía en mis lecturas.
¿Cómo definiría a su poesía?
Diría que es muy heterogénea, que cambia
mucho a lo largo del tiempo. La definiría como una búsqueda que siempre parece
que está comenzando —lamentablemente—.
¿Qué autores influyeron en su poética?
De distinto modo todos los que voy leyendo.
El primero fue Borges, cuya obra completa (no completa, por supuesto) estaba en
la biblioteca de la casa. Recuerdo la fascinación por el poema ajedrez.
Más grande conocí a Pizarnik y pensé que la
poesía de Borges no tenía más sentido que el artificio. Que Baudelaire y
Rimbaud tenían mucho más que decirme que ese señor tan intelectual. Todo dura
un suspiro, y de pronto los nombres se multiplicaron. Storni, Ocampo, Thénon,
Marosa, Vilariño, García Hernando, Plath, Felisberto, Oliver, Carson, Sharon
Olds, Circe Maia, Roffé; la lista es interminable porque no dejo de explorar.
¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con
su poética?
El fin es escribir el mejor poema que
pueda. Llegar lo más cerca de las música y imágenes que aparecen en mi mente.
Transmitir algo de lo que pasa por mi forma de ver el ritmo que encuentro en el
mundo.
¿Qué poema elegiría usted si tiene que
optar por uno en especial? ¿Por qué?
Voy a elegir este poema de Leónidas
Lamborghini incluido en El jardín de los poetas:
Parterre 20
Poetas soñando su poema después de coserse
un botón.
Lo elijo porque es el primero que salió
cuando busqué un libro en la biblioteca, para mí la poesía es oráculo. Ahora
mismo me lleva al juego en la poesía y a este humor que es el que más me gusta.
¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo
largo de los años?
De lo hermético a lo simple. De la
condensación a la liberación. Pero intuyo que no hay un camino lineal, más bien
idas, vueltas y bifurcaciones.
¿Para usted se nace o se hace escritor?
Para mí se aprende a escribir un día, y más
adelante algunos nos interesamos por la materialidad de esas palabras.
El concepto de escritor no sé, tal vez
aplica a quienes ejercen ese oficio.
¿Qué consejos le daría a un joven
escritor/escritora que se inicia en este bello camino de la PALABRA?
Que si quiere escriba, que si no quiere
pare. Pero que leyendo casi nunca se pierde más que tiempo. Y como me dijo hace
poco una amiga, a la vida hay que gastarla.
¿Cómo ve usted actualmente la industria
editorial?
Hay muchas imprentas y pocas editoriales.
Ser publicado hoy es muy sencillo pero ser editado, leído o recomendado es más
difícil.
Si tuviera que recomendar un libro de
poesía, prosa, cuento, novela etc ¿Cuáles recomendaría?
Siempre que recomiendo lo hago pensando más
en el lector que en mí. En poesía, me gusta recomendar editoriales con
catálogos pensados.
Si tuviera que darle un libro hoy a alguien
sería Caída de las nubes de Violaine Bérot, porque la leí hace un mes y me
encantó. Es una novela cortita, intensa, original y llena de imágenes poéticas.
¿Qué opina de las nuevas formas de difusión
de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos,
revistas virtuales, ñusleter, blogs etc?
Estamos en una librería inconmensurable, y
siempre puede haber un hallazgo, pero también la cantidad nos puede marear y
aburrir.
También en internet hay que dar con
editores o curadores como guías.
Por último ¿Quiere usted agregar algo?
Agradecer este espacio y el trabajo y la
generosidad de Gustavo.
Eugenia Coiro



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