Entrevista a ARACELI OTAMENDI
¿Qué es para usted la poesía?
Para mí, la poesía es una forma de mirar el
mundo; es traducir lo invisible a un lenguaje que el corazón pueda entender. No
es solo escribir con rima o ritmo, sino capturar un instante, una belleza
efímera, una vivencia y lograr
expresarlo para que el lector se
reconozca en ella. Me gusta la definición que hace Jorge Luis Borges: la poesía
es la experiencia estética, y el hecho estético es algo tan evidente, tan
inmediato como el amor, el sabor de la fruta, el agua.
¿Podría usted contarnos un poco de su vida,
de sus obras publicadas, sus premios, su actividad literaria?
Mi actividad literaria está profundamente
ligada a la gestión cultural independiente, a la hibridación de géneros y al
intercambio internacional. Desde hace 25 años dirijo mi propia revista
cultural, Archivos del Sur. Edito una
para niños, Barco de papel, pero es más pausada. Como creadora, no me encasillo: escribo
novela, poesía y, fundamentalmente, cuento. También crónicas, relatos y entrevistas. Mi obra circula principalmente en el entorno
digital, habiendo publicado en diversas revistas y suplementos literarios y blogs de escritores de Argentina y Brasil
mayormente en los últimos años. Pero
también he publicado en revistas y sitios web de España, Italia, Francia,
Chile, Bolivia, Colombia, México y otros. También en antologías de varios
autores, que he compilado y también que han compilado otros.
Ser miembro correspondiente de una Academia
de Letras de Brasil (AGL), silla Silvina Ocampo, es un reconocimiento que sella
mi compromiso con el diálogo literario entre nuestras culturas. Un premio de
novela a escritores noveles que me otorgó la Fundación El Libro en 1994 por una
novela policial, donde no hubo premio en dinero sino la publicación del libro.
Y algunas otras distinciones.
¿Cuándo empezó a escribir? ¿por qué?
Empecé a escribir a los 7 años porque ya me
gustaba mucho la literatura. Leía todo lo que encontraba en mi casa, y como
había muchos libros de literatura en español, teatro, poesía, me gustaba leer y memorizar. Y mis padres
eran muy lectores y también me leían. Se hablaba mucho de literatura y de arte
en mi casa pero no era una imposición, sino que era algo que se vivía.
Un día mi abuelo apareció con un regalo: el
libro Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Caroll, que fue un gran
descubrimiento para mí y me hizo imaginar muchas cosas.
Cuando llegó el momento estudié una carrera
universitaria para cumplir con mis padres que querían que yo tuviera una buena
carrera y un buen trabajo, todo eso lo cumplí porque reconocí el esfuerzo que
hacían. Pero después, ya en democracia,
casada y con un hijo, me plantee
seriamente que iba a escribir y empecé en el taller de Mirta Arlt, primero en
la Sociedad Argentina de Escritores y después con un pequeño grupo en su casa.
Ahí leíamos muchísimo, analizábamos lo que leíamos y escribíamos también. Fue
una búsqueda por varios talleres, seminarios de filosofía y literatura, teatro,
guión de cine, taller de pintura y
después segui mi camino trabajando en revistas culturales, en periodismo cultural, ya entonces mis hijos
iban al jardín y a la escuela.
El "por qué" inicial mutó
rápidamente; descubrí que un solo género me quedaba chico para todo lo que
quería contar. Comencé explorando las distancias cortas e intensas del cuento,
pero luego la propia escritura me fue pidiendo el aliento largo de la novela y
la síntesis íntima de la poesía. Escribo porque es mi manera de habitar la
realidad.
¿Cómo definiría a su poesía?
Al ser mayoritariamente narradora,
definiría mi poesía como una extensión de esa mirada: late desde la historia, la
imagen y la atmósfera. Además, al estar tan conectada con la literatura de
Argentina y Brasil, mi poética se nutre de esa doble sensibilidad. No busco el
virtuosismo formal abstracto; busco que el poema condense un instante, una
emoción o un quiebre con la fuerza dramática de un relato, pero con la economía
y el ritmo que solo el verso permite.
¿Qué autores influyeron en su poética?
Mi poética y mi narrativa son fronterizas.
Se ha alimentado de la gran tradición poética y cuentística de la literatura
argentina y de grandes autores latinoamericanos y de la inmensa riqueza lírica y antropológica de
Brasil. Autores que entienden la palabra como un puente entre realidades y que
desafían las barreras de los géneros literarios son quienes más han dejado una
huella en mi forma de escribir.
En la tradición argentina, me parecen imprescindibles la arquitectura perfecta de
los cuentos de Jorge Luis Borges, la ruptura y libertad de Julio Cortázar, el
universo inquietante de Silvina Ocampo, la fuerza visceral y urbana de Roberto
Arlt, y esa joya de la memoria y la naturaleza que es Guillermo Enrique Hudson.
Por el lado de Brasil, considero fundamentales la profundidad existencial de
Clarice Lispector, la agudeza psicológica y narrativa de Lygia Fagundes Telles,
y la inmensa sensibilidad lírica de Vinicius de Moraes. El universo de Rubem
Fonseca y Jorge Amado. Y también la
profundidad de Carolina María de Jesús. Todos ellos son autores que no solo
escribieron grandes obras, sino que expandieron los límites de lo que la
palabra puede hacer.
Me gusta leer autoras norteamericanas, como Flannery O´Connor o Carson McCullers,
Patricia Highsmith o Truman Capote, hay
muchos.
Leí mucho a Gabriel García Márquez y a Juan
Rulfo, también a Pablo Neruda y Jorge Teillier, Juan Carlos Onetti, son épocas
y siempre se puede volver a algunos autores.
¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con
su poética?
No busco educar ni dar respuestas, eso es
muy difícil. Mi único fin es la
conmoción y la compañía. Me gustaría que si alguien lee un verso o un relato
mío en un momento de soledad o de confusión
piense: "Alguien más siente lo mismo que yo". Romper el
aislamiento humano a través de la palabra es el mayor logro al que aspiro.
¿Qué poema elegiría usted si tiene que
optar por uno en especial? ¿Por qué?
Entiendo la pregunta como los poemas que
escribí. Creo que eso varía, a veces me gustan más los poemas más crípticos,
como Noche o María Rita, otras veces los que escribí cuando nacieron mis
nietos, Infancia y deslumbramiento, no hay preferencias fijas. No me enamoro de
lo que escribo.
¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo
largo de los años?
Ha cambiado gracias a la contaminación
positiva de los otros géneros y a mi rol como editora en mi revista durante
estos 25 años. Al principio, uno suele ser más disperso. Hoy, la narrativa me
ha dado estructura y la edición me ha enseñado a podar lo innecesario. Mi
lenguaje actual es más maduro, más seguro y libre: ya no me preocupa si un
texto es puramente poema o puramente cuento; permito que los géneros se
hibriden y se alimenten entre sí.
¿Para usted se nace o se hace escritor?
Creo que se nace con una sensibilidad
especial para percibir el mundo, una
curiosidad que te empuja a la creación. Sin embargo, el escritor se
"hace" a base de disciplina, de leer muchísimo, de borrar, de
frustrarse y de trabajar el lenguaje. El talento sin oficio se disuelve
rápidamente.
¿Qué consejos le daría a un joven
escritor/escritora que se inicia en este bello camino de la PALABRA?
Te puedo decir una orientación que es mi
experiencia y es que hay que encontrar la propia voz, no seguir una moda. Y
leer mucho, pensar en lo que se leyó, y escribir.
¿Cómo ve usted actualmente la industria
editorial?
La veo desde una doble perspectiva: como
escritora y como editora de una revista digital con 25 años de trayectoria. La
gran industria tradicional suele ser rígida y comercial, existe, pero el
verdadero pulmón de la literatura actual está en los márgenes digitales y
autogestivos. El circuito de revistas digitales y blogs en el que me muevo,
tanto en Argentina como en Brasil, demuestra que hoy los autores no dependemos
de un gran sello tradicional para construir un público lector real, fiel y
transfronterizo.
Si tuviera que recomendar un libro de
poesía, prosa, cuento, novela, etc ¿Cuáles recomendaría?
Ficciones de Jorge Luis Borges, Los siete
locos de Roberto Arlt, Bestiario de Julio Cortázar, los cuentos de Silvina
Ocampo, La tierra purpúrea de Guillermo Enrique Hudson, La vida breve de Juan
Carlos Onetti, Pedro Páramo y el Llano en Llamas de Juan Rulfo, Crónica de una
muerte anunciada de Gabriel García Márquez, Canto general de Pablo Neruda,
entre otros. La poesía de Vinicius de Moraes, La hora de la estrella de Clarice
Lispector.
Creo que la literatura como decía Borges es una forma de felicidad, hay que leer lo que a uno le
gusta, si un libro no nos gusta, si no se siente la poesía, si un relato no nos
lleva al deseo de saber qué ocurrió después, el autor no escribió para
nosotros, no hay por qué seguir leyendo,
hay que encontrar uno que sí nos conmueva, nos guste.
Y un libro no se gasta, se puede volver a
leer y encontrarle otros significados en distintas lecturas.
¿Qué opina de las nuevas formas de difusión
de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos,
revistas virtuales, ñusleter, blogs etc?
Para mí son el presente y el futuro de la
literatura. Al haber sostenido un proyecto cultural por un cuarto de siglo, sé
lo que implicaba la distribución física antes, porque también trabajé en
revistas culturales en papel.
Hoy, los blogs de escritores y las revistas
virtuales de la región nos permiten tejer redes literarias inmediatas. Que un
lector en Brasil en cualquier otro país pueda leer un cuento mío publicado en
Argentina al instante, o viceversa, es una democratización maravillosa que
rompe el aislamiento y enriquece nuestra lengua.
Por último ¿Quiere usted agregar algo?
Solo quiero agradecer este espacio para
conversar sobre lo que nos mueve. En un mundo que a veces corre tan rápido y
prioriza lo utilitario, detenerse a hablar y pensar en la palabra es un acto de
resistencia colectiva. Gracias por mantener encendido el fuego de la lectura.
Araceli Otamendi
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