Entrevista a MALÉN DE FELICE
¿Qué es para usted la poesía?
La poesía es una manera de ver el mundo.
Sí, es una frase trillada, pero adhiero a ella (y adhiero a la poesía)... una
manera de dejarse atravesar por el mundo y de tener los sentidos en alerta. Se
siente en todo el cuerpo. Se escribe con todo el cuerpo.
La poesía es un medio de conocimiento, un
arte que permite, por un momento relámpago, que experimentemos la realidad sin
velo.
En verdad, la poesía es, como bien sostiene
Claudia Masin, desobediencia. Entonces, ¿cómo asir una definición? ¿Cómo
dejarla anquilosada en una oración? La poesía es puro interrogante, puro
misterio; intemperie y refugio.
¿Podría usted contarnos un poco de su vida, de sus obras publicadas,
sus premios, su actividad literaria?
Mi primer poemario tiene hogar desde el año
2025 gracias a Tiempo de Parque Ediciones. Una fogata en nuestra casa es su
nombre y se trata de un diálogo activo entre la memoria familiar y la
colectiva; entre nuestro presente, el pasado y el futuro.
Me sigo formando en el taller de Natalia
Litvinova y tengo dos poemarios esperando casa y dos en construcción.
Algunos poemas de mi autoría fueron
publicados en antologías, revistas y sitios independientes que difunden la
palabra poética.
¿Cuándo empezó a escribir? ¿por qué?
Escribo desde los ocho años. El cuento fue
mi primera indagación.
La escritura se consolidó como la
posibilidad de crear otros mundos dentro de este, y habitarlos.
¿Cómo definiría a su poesía?
Pregunta difícil. Podría decir que es una
poesía de la búsqueda y del (re)conocimiento, una poesía que busca dialogar con
su contemporaneidad sin descuidar la memoria.
¿Qué autores influyeron en su poética?
Le debo, como tantas personas, mis primeros
poemas a Alejandra Pizarnik.
Voy a dejar una listita de autoras. No sé
si influyeron de manera directa o no en mi poética, pero sí sé que me
permitieron seguir pensando la poesía y el lenguaje.
Ellas son: Olalla Castro, María Negroni,
Claudia Masin, Susana Villalba, Maricela Guerrero, Isabel Zapata, Bibiana
Collado Cabrera, Sharon Olds, Susana Thénon, Estela Figueroa, Sonia Scarabelli.
Seguro mis olvidos estén siendo muy injustos.
¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con
su poética?
No escribo pensando en un fin en sí, pero
sería lindo que mis poemas invitaran a les lectores a seguir leyendo a otres
autores y, sobre todo, que abrieran diálogos.
¿Qué poema elegiría usted si tiene que
optar por uno en especial? ¿Por qué?
“La helada” de Claudia Masin.
¿Por qué? Unos versos del poema creo que
pueden dejarlo claro:
“Pido por esa fuerza
que resiste la catástrofe y rehace lo que
fue lastimado todas las veces
que sea necesario, y también por el daño
que no puede evitarse,
porque lo que nos damos los unos a los
otros,
aun el terror o la tristeza,
viene del mismo deseo: curar y ser
curados.”
¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo
largo de los años?
De un tiempo a esta parte trato de reparar
mucho más en la música de cada poema, en su respiración espacial, en el ritmo.
¿Para usted se nace o se hace escritor?
Hay algo que “viene de fábrica”, una
predisposición, un asombro, un interés por la palabra que conmueve; pero no
podemos quedarnos con eso. Escribir es un oficio artesanal que necesita
nutrirse de mucha lectura y de muchos borradores.
¿Qué consejos le daría a un joven
escritor/escritora que se inicia en este bello camino de la PALABRA?
Que lea, que lea y que escriba. Sobre todo,
que no se autocensure ni se compare.
Cada poética tiene su razón de ser.
¿Cómo ve usted actualmente la industria
editorial?
Resistiendo.
Si tuviera que recomendar un libro de
poesía, prosa, cuento, novela etc ¿Cuáles recomendaría?
Las escritas de Olalla Castro.
Fragmento de su contratapa: “Durante siglos
hemos sido Las Escritas: esas sin voz cuya historia era contada siempre por los
otros. Unos otros que, al relatarnos, nos modelaban con la arcilla de su miedo
y su deseo, nos escindían en las imágenes enfrentadas de María y Eva,
prescribían cómo debíamos ser. No es de extrañar que en nuestra literatura la
reescritura de personajes y mitos femeninos haya sido una constante. Este libro
bucea en esa tradición propia de la escritura de mujeres y juega a imaginar qué
habrían dicho Penélope, Casandra, Lilit, Ofelia o Sherezade, con el fin de
deshilar lo tejido, desdibujar el relato masculino (interesado, sesgado,
marcado por el estigma patriarcal) y rehacer el mundo que sobre él se levantó,
al tiempo que homenajea a algunas de las maestras que nos precedieron,
visibilizando los escollos a los que se enfrentaron; concibiendo la escritura
como aquello que las salvó.”
¿Qué opina de las nuevas formas de difusión
de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos,
revistas virtuales, ñusleter, blogs etc?
Mientras más circule la palabra, mejor.
Pero no nos olvidemos del diálogo, por favor, y de la importancia de lo
colectivo.
Por último ¿Quiere usted agregar algo?
Muchas gracias por el espacio, siempre.
Malén De Felice



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