Wednesday, September 02, 2026

Entrevista a IRMA VEROLÍN

 


¿Qué es para usted la poesía?

 

Joseph Campbell dice que los mitos son los sueños del mundo. En la cultura actual donde cunde el desencanto reinventamos mitos a través del arte, la poesía sigue allí conectándonos con un origen, el de la palabra desnuda, abierta a múltiples significaciones. Este artefacto tan esencial que condensa sentidos es algo  parecido a una llave que abre la puerta clausurada de los símbolos.  Considerando que actualmente todo tiende a la dispersión,  optar por la poesía que aglutina lo fundamental y funciona como un espejo para que los sueños del mundo continúen siendo soñados es una buena manera de actualizar el mítico mundo simbólico. Para mí la poesía es  justamente  ese espejo que, en forma personal, me permite indagar, auscultar, profundizar en relación con mi propia identidad,  el mundo y el tiempo.

 

¿Podría usted contarnos un poco de su vida, de sus obras publicadas, sus premios, su actividad literaria?

 

Desde muy niña cuando mis amiguitas confesaban que  anhelaban casarse y tener hijos yo ingenuamente  repetía: Yo voy a ser la directora de la revista “Vosotras”, porque era lo que leíamos las mujeres en mi barrio, mi referencia literaria fue una revista femenina, de esas llamadas “del corazón”,  lo que en realidad quería decir era que optaba por la literatura simplemente. Después llegaron los libros. La poesía estuvo primero de modo comprometido, mientras estudiaba letras en la UBA copiaba mis poemas con carbónico en la máquina de escribir mecánica y los repartía… Insistí  en la poesía, talleres, años y años  pero no me convencía el resultado, la abandoné  para dedicarme a la narrativa, sin embargo más adelante la poesía finalmente me volvió a encontrar. Gracias a los premios literarios, Fondo de las Artes, Emecé, Internacional de novela y otros tantos pude publicar a partir de 1988. Tuve una etapa en que me dediqué a la literatura infantil, la que un buen día concluyó. Me gusta escribir ensayos además de novelas y libros de cuentos, la poesía me convoca a la escritura casi diariamente, obtuve algún premio en ese género así como de ensayo aunque no tantos como en narrativa. Si miro hacia atrás no concibo otra vida más que la ligada al quehacer literario y lo agradezco porque fue y sigue siendo mi salvataje emocional.

 

¿Cuándo empezó a escribir? ¿por qué?

 

Es difícil establecer un mito del origen preciso, yo diría que en mi caso hubo varios. El peso de la oralidad, las historias que se contaban en voz alta o con voz apagada en la casa, en el barrio fueron un germen, nunca pude alejarme de ese núcleo sabroso de lo popular que prevalece a veces en un giro verbal en algún verso en los poemas que escribo. Surge una chispa que aviva desde el inicio el deseo o la intensa necesidad de optar por el arte en una sociedad que no pide que nos dediquemos a ese oficio, ¿Se trata acaso de la natural avidez por descifrar el misterio?, sospecho que hay algo que traemos antes de que comencemos a tejer la propia biografía. El por qué está en la carencia, en lo que falta, en lo que creó la hendidura, en el agujero existencial y la palabra  literaria surge entonces como compensatoria y restauradora, está también en el ahogo que produce el desconocimiento frente a lo que abruma  o aturde, en este sentido la palabra es un trampolín y un escenario, a veces el único posible, el único  transitable. La temprana muerte de mis padres, la orfandad, la pérdida de dos de mis hermanos, la disgregación de la familia en mi caso han sido detonantes de ese por qué, supongo. El misterio que se instaló delante de la niña que fui sigue proporcionándome los grandes interrogantes que me empujan diariamente a vivir en un universo literario. Ahora “el cuándo” no parece inscribirse en un registro temporal, garrapateé los primeros papeles que encontré apenas comencé a escribir, fui la niña que recitaba en la escuela en los actos escolares, la que leía sus composiciones públicamente. A los trece años comencé un diario personal que no he abandonado hasta hoy.

 

¿Cómo definiría a su poesía?

 

Mi poesía se caracteriza por la nitidez de la imagen y la intensidad de la emoción  y, a su vez, una temática acotada como lo es también  la de mi narrativa. En poesía me centro generalmente la percepción de la cotidianidad,  pero noto que últimamente  la escritura se va perfilando  en torno a tres elementos: la niña, la noche y el mundo. La niña, sujeto de la enunciación o “yo otro” impone su voz y su mirada en el cuerpo del poema, es de algún modo una transposición del yo. La noche es el espacio único,  posible para ser habitado aunque en realidad funciona como no lugar y el mundo  se vuelve un  sitio inaccesible, una suerte de escenario aspiracional siempre ajeno, siempre distante.   En ciertas ocasiones un poema se desprende de un cuento e incluso de una novela ya publicada. Mi universo literario lo fundé con la publicación de mi primer libro de cuentos “Hay una nena que gira” y cada vez más siento que todo  lo que he escrito posteriormente es un despliegue y profundización de ese núcleo original ya sea  cuento, novela o poema. Entiendo que además, la memoria y la evocación del pasado son como un sello que me caracteriza en todo lo que  he producido hasta el momento.

 

¿Qué autores influyeron en su poética?

 

Fue Alfonsina Storni  algo semejante a una maestra en mi juventud. Pero enseguida el interés fue copado íntegramente por Pizarnik de una manera arrebatadora. Ahora entiendo que di un paso al costado para irme a la narrativa - una narrativa que siempre avanzó hacia la lírica de todos modos- porque no podía escribir como Pizarnik. Me costó encontrar una voz poética que no fuera  absorbida por ese deseo de ser ella. Hubo muchos autores y autoras, incluso la narrativa de Demitrópulos incidió en mi poética. Hoy me pregunto hasta qué punto una mirada como la de Onetti  con sus muchachas y su melancolía que tanto me subyugó no está también atravesando mi poética lo mismo que las novelas de Marguerite Duras. Por citar algunos autores y autoras del principio: Pavese, Lorca, Neruda, la Orozco… y la lista se vuelve casi interminable con el tiempo, en lo más cercano cito a Sexton, Plath, Olds, Atwood como exponentes del lirismo confesional.

 

Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?          

 

 Algunas corrientes religiosas  suelen definir al pecado con “No dar en el blanco”. El pecado literario sería algo semejante, no llegar al centro del ser del lector o la lectora. La poesía tiene que atravesar simultáneamente varios planos a la vez –el emocional, el racional, el trascendente- del sujeto que está del otro lado, un lenguaje de condensación apunta hacia distintos aspectos en forma conjunta, solo así es verdaderamente poesía, obviamente persigo el objetivo.

 

¿Qué poema elegiría usted si tiene que optar por uno en especial? ¿Por qué?

 

Si bien la pregunta me parece interesante porque existirán sin duda  poetas  que encuentran un solo poema que logra representarlos en mi caso no es así, tiendo a definirme por extensión y agrupamiento de textos, no puedo elegir uno solo. Supongo que elegiría aquel que escribí  los 17 años que comenzaba: “El remedio fue volverme loca”, simplemente porque fue el primero o este último que estoy trabajando ahora titulado “Crueldad y belleza” porque es el último. No sé si es porque soy demasiado novelera pero tener que  seleccionar un poema se me antoja que me pone en el mismo estado  que experimentó el personaje de la madre  en la película “La decisión de Sofía” cuando el  policía nazi le dice que escoja entre sus dos hijos  evidentemente para destinarlo a la muerte. No puedo elegir, los poemas son mis vástagos. Por etapas me gusta más uno que otro y eso  va cambiando de la misma manera que mis preferencias de lecturas y mi percepción del mundo.

 

¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?

 

Me animo a afirmar que hay un común denominador, percibo cambios de matices pero desde el principio mi imaginario fundó sus bases y no las cambió, las fue profundizando y en esa profundización fue encontrando capas. Resultaría imposible que el lenguaje no cambie porque la sociedad y la cultura   sufren un estado de mutación permanente y estamos sujetos a  esa constante modificación,  el movimiento vibracional del universo nos impregna.  Aunque sin ser  la excepción conservo vocablos cargados de afectividad que vienen de mi núcleo familiar  y sigo siendo fiel a ellos,  lo mismo que a ese universo fundante que forjé en el inicio. Sin embargo es posible que lo muy barroco de  ciertas etapas se haya aligerado por  la influencia de los discursos visuales que últimamente se entrecruzan con los literarios, pero  únicamente hasta cierto punto diría yo.

 

¿Para usted se nace o se hace escritor?

 

Esa es la pregunta del millón, tendríamos que entrar en temas filosóficos y psicológicos. Como dije en una respuesta anterior creo que traemos un caudal desde el nacimiento y luego eso se potencia o no con las vivencias especialmente las de la infancia. No apostaría todo a la educación y a las influencias. Si no venimos con una necesidad básica fuerte difícilmente optaríamos por el arte en  esta sociedad mercantilista. Tampoco podemos negar que hay experiencias poderosas que tuercen o definen el curso de nuestra vida  aunque me pregunto en qué medida no las convoca una fuerza interior que vino ya con nosotros. Ciertas corrientes de pensamientos afirman que el afuera es el adentro expandido,  entonces en el universo que tiene un alto grado de perfección y en el que nada es gratuito, por una cuestión de afinidad vibratoria,  hace que atraigamos aquello que somos.  Por lo tanto me animo a decir que se nace pero que, si no se  realiza una tarea ardua mediante un compromiso  verdadero y un trabajo continuo, el escritor o la escritora no afloran como creadores genuinos y de calidad.  En lo relacionado al quehacer, al oficio apuesto al trabajo, a la conquista que solo el empeño y la entrega a la tarea incesante brindan. En ese sentido soy constructivista.

 

¿Qué consejos le daría a un joven escritor/escritora que se inicia en este bello camino de la PALABRA?

 

El de la persistencia en el trabajo como ya dije en la pregunta anterior. La mentalidad burguesa le ha endilgado al arte el mote de “actividad secundaria”, “hobby” o “ejercicio amateur”, caracterización para nada inocente  ya que el artista suele ser la mala conciencia de su época y eso incomoda y pone en tela de juicio al statu quo. Hoy sabemos que un artista es un trabajador/ra de la cultura. Cuando era jovencita estudié guitarra clásica unos cuantos años. No solo era preciso ejercitar las obras repetida y cansadoramente sino que tenía que practicar las escalas diariamente por lo menos un tiempo determinado, eso me enseñó mucho, del mismo modo que una bailarina está horas y horas con su cuerpo esforzándose en la barra, escribir exige una  empeño  similar, el lenguaje necesita ser conquistado como la mano del guitarrista flexibilizada a diario y el cuerpo de la bailarina  debe ser sometido a un  continuo entrenamiento. Es imprescindible una suerte de entrega, el lenguaje como instrumento no merece nada menos. Y también una auto observación para hacer pasar el mundo a través  de la propia interioridad, el autoconocimiento se vuelve indispensable para  generar un sistema propio o un universo original,  descubrirse a una misma va de la mano con la conquista del oficio. Hay algo del condimento del amor hondo en este oficio que no está ajeno a una de las formas más entrañables de la pasión. Lamentablemente en el imaginario colectivo prevalece una idea romántica de la creación basada en la inspiración o el prejuicio burgués de que el arte no resulta del esfuerzo y compromiso del trabajo, esa  falsa idea suele conducir a los principiantes al  fracaso.

 

¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?

 

Comencé publicando en un país con editoriales medianas que sostenían la calidad de lo que se producía, desgraciadamente al poco tiempo, con la llegada de la globalización, la megaeditoriales  arrasaron imponiendo la teoría del mercado. Yo entonces era narradora especialmente, aunque la poesía, en cierto modo, se mantuvo al margen de este arrasamiento fue rozada.  Las megaeditoriales absorbieron a las editoriales que daban a conocer la creación original, desentendida de intereses ajenos al valor literario. Sin embargo como respuesta a esto  fueron  surgiendo las editoriales independientes que han permitido que las nuevas voces encontraron un cauce y un espacio de expresión, liberadas de esta fórmula  impuesta por las grandes editoriales que empobrecen las posibilidades expresivas en pos de un beneficio económico. En este sentido siento que  hoy es más auspicioso el panorama con relación a lo que ocurría veinte años atrás. El fenómeno de las editoriales independientes en nuestro país va en forma paralela a otros procesos en diferentes áreas que, gracias a la horizontalidad del nuevo paradigma –con su impacto en la conciencia humana individual y colectiva-,  que se manifiesta en una valoración mayor del medio ambiente en su aspecto vegetal y animal y en la  conquista de derechos en los géneros sexuales que sostienen  la diversidad, diversidad entendida como una nueva democracia. En lo referido a lo estrictamente literario esta apertura a la diversidad  nos está permitiendo salir de la dictadura del mercado que empobrece, restringe  y adocena el concepto de literatura.

 

Si tuviera que recomendar un libro de poesía, prosa, cuento, novela etc ¿Cuáles recomendaría?

 

“El libro del desasosiego” de Pessoa, la obra de Alejandra Pizarnik, “Rio de las congojas de Demitrópulos”, “No hables tan fuerte delante de la noche” de Etchecopar. Cualquiera de los de Irene Gruss. “Poemas con bichos” de Severin, “Ancho mar de los zargazos” de Jean Rhyss, “Los cuadernos de Malte Laurids Brigge” de Rilke, los cuentos de ficción crítica de Borges y por qué no la poesía de Borges. Obviamente la lista sería tan larga que no entraría aquí, nombré tan solo los que me surgieron naturalmente ahora.

 

¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, ñusleter, blogs etc?

 

Estamos viviendo una revolución tecnológica quizá superior a la llegada de la imprenta  durante el Renacimiento. Desconozco si estamos en condiciones de evaluar este proceso ya que   la humanidad se encuentra inmersa en él. Personalmente me llevo bien con estos nuevos mecanismos. En los noventa escribí una novelita juvenil que publicó Alfaguara basada en el impacto de la llegada de la computadora personal en la vida de una joven, así es que el tema me interesa. De cualquier forma creo que como todo lo nuevo  puede volverse un arma de doble filo. Lo positivo es que democratiza la comunicación, pero a la vez corre el riesgo de imponer “el todo vale”, de abaratar los resultados. Sospecho que el desafío  se centra en aprender a discernir, a separar la paja del trigo. Sin embargo celebro todo aquello que horizontaliza los mensajes y nos libera del rigor de un sistema autoritario vertical y en ese aspecto considero que es una contribución a la libertad  individual, especialmente en el área de la comunicación y la creación artística. De pronto me resulta conmovedor que ya no dependamos de un organismo tan férreo y dominante como un periódico impreso pudiendo generar nuestros propios espacios de divulgación.

 

Por último ¿Quiere usted agregar algo?

 

Agregaría que agradezco la oportunidad de reflexionar que brindan estos reportajes y a quienes como Gustavo Tisocco se convierten en creadores de espacio y disparadores de una indagación. Son ventanas que se abren a una misma, descubro que el reportaje una vez realizado me devuelve algo parecido a la autorevelación,  además la reflexión de los y las pares me permiten seguir buceando en los pormenores de este oficio fascinante que es hacer de la palabra un arte, palabra que tristemente suele ser malgastada y bastardeada en medios de comunicación. Quienes hacemos poesía, sin quererlo o queriendo, nos convertimos en custodios de ese bien mayor que es la palabra que condensa las claves de nuestra genuina identidad. No por nada las dictaduras apuntan a controlar el discurso y la expresión artística, si no sabemos quiénes somos  podemos convertirnos en futuros proyectos de esclavitud. Ahora, enfocando específicamente la escritura poética tengo la sensación de que este siglo le  bridará un nuevo lugar al género y tal vez también al relato breve, el siglo XX fue sin duda el siglo de la novela, en la actualidad el formato comunicacional pide otra medida y la tendencia a lo filosófico y espiritual del nuevo paradigma tiende a superar el esquema racionalista del pasado siglo, por lo que la poesía, con su búsqueda de aporte de un sentido más profundo y una exigencia de la belleza formal,  se ajusta más a la tendencia de los tiempos venideros.

 

Irma Verolín

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