Monday, August 31, 2026

Entrevista a ARACELI OTAMENDI

 


¿Qué es para usted la poesía?


Para mí, la poesía es una forma de mirar el mundo; es traducir lo invisible a un lenguaje que el corazón pueda entender. No es solo escribir con rima o ritmo, sino capturar un instante, una belleza efímera, una vivencia  y lograr expresarlo  para que el lector se reconozca en ella. Me gusta la definición que hace Jorge Luis Borges: la poesía es la experiencia estética, y el hecho estético es algo tan evidente, tan inmediato como el amor, el sabor de la fruta, el agua.


¿Podría usted contarnos un poco de su vida, de sus obras publicadas, sus premios, su actividad literaria?


Mi actividad literaria está profundamente ligada a la gestión cultural independiente, a la hibridación de géneros y al intercambio internacional. Desde hace 25 años dirijo mi propia revista cultural, Archivos del Sur.  Edito una para niños, Barco de papel, pero es más pausada.  Como creadora, no me encasillo: escribo novela, poesía y, fundamentalmente, cuento. También crónicas, relatos  y entrevistas.  Mi obra circula principalmente en el entorno digital, habiendo publicado en diversas revistas y  suplementos literarios  y blogs de escritores de Argentina y Brasil mayormente en los últimos años.  Pero también he publicado en revistas y sitios web de España, Italia, Francia, Chile, Bolivia, Colombia, México y otros. También en antologías de varios autores, que he compilado y también que han compilado otros.

Ser miembro correspondiente de una Academia de Letras de Brasil (AGL), silla Silvina Ocampo, es un reconocimiento que sella mi compromiso con el diálogo literario entre nuestras culturas. Un premio de novela a escritores noveles que me otorgó la Fundación El Libro en 1994 por una novela policial, donde no hubo premio en dinero sino la publicación del libro. Y algunas otras distinciones.


¿Cuándo empezó a escribir? ¿por qué?


Empecé a escribir a los 7 años porque ya me gustaba mucho la literatura. Leía todo lo que encontraba en mi casa, y como había muchos libros de literatura en español, teatro, poesía,  me gustaba leer y memorizar. Y mis padres eran muy lectores y también me leían. Se hablaba mucho de literatura y de arte en mi casa pero no era una imposición, sino que era algo que se vivía.

Un día mi abuelo apareció con un regalo: el libro Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Caroll, que fue un gran descubrimiento para mí y me hizo imaginar muchas cosas.

Cuando llegó el momento estudié una carrera universitaria para cumplir con mis padres que querían que yo tuviera una buena carrera y un buen trabajo, todo eso lo cumplí porque reconocí el esfuerzo que hacían.  Pero después, ya en democracia, casada y con un hijo,  me plantee seriamente que iba a escribir y empecé en el taller de Mirta Arlt, primero en la Sociedad Argentina de Escritores y después con un pequeño grupo en su casa. Ahí leíamos muchísimo, analizábamos lo que leíamos y escribíamos también. Fue una búsqueda por varios talleres, seminarios de filosofía y literatura, teatro, guión de cine, taller de pintura  y después segui mi camino trabajando en revistas culturales,  en periodismo cultural, ya entonces mis hijos iban al jardín y a la escuela.

El "por qué" inicial mutó rápidamente; descubrí que un solo género me quedaba chico para todo lo que quería contar. Comencé explorando las distancias cortas e intensas del cuento, pero luego la propia escritura me fue pidiendo el aliento largo de la novela y la síntesis íntima de la poesía. Escribo porque es mi manera de habitar la realidad.


¿Cómo definiría a su poesía?


Al ser mayoritariamente narradora, definiría mi poesía como una extensión de esa mirada: late desde la historia, la imagen y la atmósfera. Además, al estar tan conectada con la literatura de Argentina y Brasil, mi poética se nutre de esa doble sensibilidad. No busco el virtuosismo formal abstracto; busco que el poema condense un instante, una emoción o un quiebre con la fuerza dramática de un relato, pero con la economía y el ritmo que solo el verso permite.


¿Qué autores influyeron en su poética?


Mi poética y mi narrativa son fronterizas. Se ha alimentado de la gran tradición poética y cuentística de la literatura argentina y de grandes autores latinoamericanos y  de la inmensa riqueza lírica y antropológica de Brasil. Autores que entienden la palabra como un puente entre realidades y que desafían las barreras de los géneros literarios son quienes más han dejado una huella en mi forma de escribir.

En la tradición argentina, me parecen  imprescindibles la arquitectura perfecta de los cuentos de Jorge Luis Borges, la ruptura y libertad de Julio Cortázar, el universo inquietante de Silvina Ocampo, la fuerza visceral y urbana de Roberto Arlt, y esa joya de la memoria y la naturaleza que es Guillermo Enrique Hudson. Por el lado de Brasil, considero fundamentales la profundidad existencial de Clarice Lispector, la agudeza psicológica y narrativa de Lygia Fagundes Telles, y la inmensa sensibilidad lírica de Vinicius de Moraes. El universo de Rubem Fonseca y Jorge Amado.  Y también la profundidad de Carolina María de Jesús. Todos ellos son autores que no solo escribieron grandes obras, sino que expandieron los límites de lo que la palabra puede hacer.

Me gusta leer autoras norteamericanas,  como Flannery O´Connor o Carson McCullers, Patricia Highsmith  o Truman Capote, hay muchos.

Leí mucho a Gabriel García Márquez y a Juan Rulfo, también a Pablo Neruda y Jorge Teillier, Juan Carlos Onetti, son épocas y siempre se puede volver a algunos autores.


¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?


No busco educar ni dar respuestas, eso es muy difícil.  Mi único fin es la conmoción y la compañía. Me gustaría que si alguien lee un verso o un relato mío en un momento de soledad o de confusión  piense: "Alguien más siente lo mismo que yo". Romper el aislamiento humano a través de la palabra es el mayor logro al que aspiro.


¿Qué poema elegiría usted si tiene que optar por uno en especial? ¿Por qué?


Entiendo la pregunta como los poemas que escribí. Creo que eso varía, a veces me gustan más los poemas más crípticos, como Noche o María Rita, otras veces los que escribí cuando nacieron mis nietos, Infancia y deslumbramiento, no hay preferencias fijas. No me enamoro de lo que escribo.


¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?


Ha cambiado gracias a la contaminación positiva de los otros géneros y a mi rol como editora en mi revista durante estos 25 años. Al principio, uno suele ser más disperso. Hoy, la narrativa me ha dado estructura y la edición me ha enseñado a podar lo innecesario. Mi lenguaje actual es más maduro, más seguro y libre: ya no me preocupa si un texto es puramente poema o puramente cuento; permito que los géneros se hibriden y se alimenten entre sí.


¿Para usted se nace o se hace escritor?


Creo que se nace con una sensibilidad especial para percibir el mundo, una  curiosidad que te empuja a la creación. Sin embargo, el escritor se "hace" a base de disciplina, de leer muchísimo, de borrar, de frustrarse y de trabajar el lenguaje. El talento sin oficio se disuelve rápidamente.


¿Qué consejos le daría a un joven escritor/escritora que se inicia en este bello camino de la PALABRA?


Te puedo decir una orientación que es mi experiencia y es que hay que encontrar la propia voz, no seguir una moda. Y leer mucho, pensar en lo que se leyó, y escribir.


¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?


La veo desde una doble perspectiva: como escritora y como editora de una revista digital con 25 años de trayectoria. La gran industria tradicional suele ser rígida y comercial, existe, pero el verdadero pulmón de la literatura actual está en los márgenes digitales y autogestivos. El circuito de revistas digitales y blogs en el que me muevo, tanto en Argentina como en Brasil, demuestra que hoy los autores no dependemos de un gran sello tradicional para construir un público lector real, fiel y transfronterizo.


Si tuviera que recomendar un libro de poesía, prosa, cuento, novela, etc ¿Cuáles recomendaría?


Ficciones de Jorge Luis Borges, Los siete locos de Roberto Arlt, Bestiario de Julio Cortázar, los cuentos de Silvina Ocampo, La tierra purpúrea de Guillermo Enrique Hudson, La vida breve de Juan Carlos Onetti, Pedro Páramo y el Llano en Llamas de Juan Rulfo, Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez, Canto general de Pablo Neruda, entre otros. La poesía de Vinicius de Moraes, La hora de la estrella de Clarice Lispector.

Creo que la literatura  como decía Borges es una forma  de felicidad, hay que leer lo que a uno le gusta, si un libro no nos gusta, si no se siente la poesía, si un relato no nos lleva al deseo de saber qué ocurrió después, el autor no escribió para nosotros,  no hay por qué seguir leyendo, hay que encontrar uno que sí nos conmueva, nos guste.

Y un libro no se gasta, se puede volver a leer y encontrarle otros significados en distintas lecturas.

 

¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, ñusleter, blogs etc?


Para mí son el presente y el futuro de la literatura. Al haber sostenido un proyecto cultural por un cuarto de siglo, sé lo que implicaba la distribución física antes, porque también trabajé en revistas culturales en papel.

Hoy, los blogs de escritores y las revistas virtuales de la región nos permiten tejer redes literarias inmediatas. Que un lector en Brasil en cualquier otro país pueda leer un cuento mío publicado en Argentina al instante, o viceversa, es una democratización maravillosa que rompe el aislamiento y enriquece nuestra lengua.


Por último ¿Quiere usted agregar algo?


Solo quiero agradecer este espacio para conversar sobre lo que nos mueve. En un mundo que a veces corre tan rápido y prioriza lo utilitario, detenerse a hablar y pensar en la palabra es un acto de resistencia colectiva. Gracias por mantener encendido el fuego de la lectura.

 

Araceli Otamendi

Entrevista a EUGENIA COIRO

 

 

¿Qué es para usted la poesía?

 

Es una pregunta inmensa que solo puedo responder tentativamente. A veces me resulta que la poesía es un refugio, sobre todo cuando la leo. También una caja de sorpresas del universo, un juego divertido que —por suerte—nunca termino de entender. Otras veces me parece que es una puerta de entrada o un túnel por el que accedo a otra yo y a otros mundos.

 

¿Podría usted contarnos  un poco de su vida, de sus obras publicadas, sus premios, su actividad literaria?

 

Trabajo en un banco desde hace mucho, con ese trabajo me gano el pan –prefiero decir eso a “la vida”–. Hace unos años también soy madre. En los intersticios de todo están los poemas, que se arman como rompecabezas vivos. Se abren paso en medio de la rutina y lo cotidiano. Escribí varios libros, el primero lo publiqué en 2007, van como ocho intentos y no me puedo rendir.

Además de vincularme con la poesía a través de la escritura, durante muchos años trabajé para Viajera Editorial, ese trabajo me hizo muy feliz. Repartí libros, intenté hacer prensa y difusión,  corregí manuscritos y pruebas de galera, llevé algunos proyectos de poetas que me gustaron mucho. Fui feliz con ese trabajo y también lo soy con la coordinación de talleres. 

Premios nunca tuve, pero sí muchas gratificaciones. Escuchar poetas, participar de festivales, acompañar a otros en sus proyectos, esos serían mis preciosos premios hasta ahora.

 

¿Cuándo empezó a escribir? ¿por qué?

 

Hay dos comienzos, el primero fue cuando tenía seis años y quise escribir canciones como las de María Elena Walsh. Después de adolescente volví a la escritura como un modo de decir lo que me pasaba a través de metáforas y otras figuras que intuía en mis lecturas.

 

¿Cómo definiría a su poesía?

 

Diría que es muy heterogénea, que cambia mucho a lo largo del tiempo. La definiría como una búsqueda que siempre parece que está comenzando —lamentablemente—.

 

¿Qué autores influyeron en su poética?

 

De distinto modo todos los que voy leyendo. El primero fue Borges, cuya obra completa (no completa, por supuesto) estaba en la biblioteca de la casa. Recuerdo la fascinación por el poema ajedrez.

Más grande conocí a Pizarnik y pensé que la poesía de Borges no tenía más sentido que el artificio. Que Baudelaire y Rimbaud tenían mucho más que decirme que ese señor tan intelectual. Todo dura un suspiro, y de pronto los nombres se multiplicaron. Storni, Ocampo, Thénon, Marosa, Vilariño, García Hernando, Plath, Felisberto, Oliver, Carson, Sharon Olds, Circe Maia, Roffé; la lista es interminable porque no dejo de explorar.

 

¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?

 

El fin es escribir el mejor poema que pueda. Llegar lo más cerca de las música y imágenes que aparecen en mi mente. Transmitir algo de lo que pasa por mi forma de ver el ritmo que encuentro en el mundo.

 

¿Qué poema elegiría usted si tiene que optar por uno en especial? ¿Por qué?

 

Voy a elegir este poema de Leónidas Lamborghini incluido en El jardín de los poetas:

Parterre 20

Poetas soñando su poema después de coserse un botón.

Lo elijo porque es el primero que salió cuando busqué un libro en la biblioteca, para mí la poesía es oráculo. Ahora mismo me lleva al juego en la poesía y a este humor que es el que más me gusta.

 

¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?

 

De lo hermético a lo simple. De la condensación a la liberación. Pero intuyo que no hay un camino lineal, más bien idas, vueltas y bifurcaciones.

 

¿Para usted se nace o se hace escritor?

 

Para mí se aprende a escribir un día, y más adelante algunos nos interesamos por la materialidad de esas palabras.

El concepto de escritor no sé, tal vez aplica a quienes ejercen ese oficio.

 

¿Qué consejos le daría a un joven escritor/escritora que se inicia en este bello camino de la PALABRA?

 

Que si quiere escriba, que si no quiere pare. Pero que leyendo casi nunca se pierde más que tiempo. Y como me dijo hace poco una amiga, a la vida hay que gastarla.

 

¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?

 

Hay muchas imprentas y pocas editoriales. Ser publicado hoy es muy sencillo pero ser editado, leído o recomendado es más difícil.

 

Si tuviera que recomendar un libro de poesía, prosa, cuento, novela etc ¿Cuáles recomendaría?

 

Siempre que recomiendo lo hago pensando más en el lector que en mí. En poesía, me gusta recomendar editoriales con catálogos pensados.

Si tuviera que darle un libro hoy a alguien sería Caída de las nubes de Violaine Bérot, porque la leí hace un mes y me encantó. Es una novela cortita, intensa, original y llena de imágenes poéticas.

 

¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, ñusleter,  blogs etc?

 

Estamos en una librería inconmensurable, y siempre puede haber un hallazgo, pero también la cantidad nos puede marear y aburrir.

También en internet hay que dar con editores o curadores como guías.

 

Por último ¿Quiere usted agregar algo?

 

Agradecer este espacio y el trabajo y la generosidad de Gustavo.


 

Eugenia Coiro

Saturday, August 29, 2026

Entrevista a ANTONIO TELLO

 


                                                  Foto de Jorge Tello

 

¿Qué es para usted la poesía?

 

        -Dado que la poesía admite tantas definiciones como poetas haya, la limitación implícita en la pregunta me evita cualquier tipo de arrogancia, de modo que simplemente le voy a dar un simple parecer, una mera creencia. Creo que la poesía es una pulsión del alma, un principio de armonización del espíritu humano con el mundo, sus habitantes y su naturaleza; un principio que se activa con la voluntad del ser humano -el poeta- de hallar los caminos que conduzcan la vida hacia el amor, el bien y la belleza.

 

¿Podría usted contarnos un poco de su vida, de sus obras publicadas, sus premios, su actividad literaria?

 

    -Siempre he sido pudoroso y más ahora que he superado los ochenta años en hablar de mí. No creo que las autobiografías sirvan a otra cosa que a la vanidad de cada uno. Lo que sí cuenta es la experiencia personal para sustentar la literatura que uno haga buscando aquellos puntos en los que comulga con experiencias similares. Sin duda esto nos lleva a hablar del yo del artista. Este yo es el que nos habla desde algún lugar de nuestra conciencia y nos lleva a escribir, a contar algo, pero este yo es también un él. Quiero decir que el artista no debe confundir este yo con el yo personal, pues cuando así sucede le damos una excesiva importancia a las circunstancias sociales que rodean al artista y a sus creaciones. “Los corazones deshabitados de los apátridas no dicen yo”, rezan unos versos de “Lecciones de tiempo”. Este es el motivo por el que no participo en concursos literarios y reniego de los premios, aunque comprendo y, hasta diría que acepto. las razones que dan aquellos que los buscan. A lo largo de mi vida literaria, que ha dado lugar a más de sesenta títulos entre narrativa, poesía, teatro y ensayos, además de unos doscientos libros “alimenticios”, como llamo a los hechos por encargo editorial, he procurado escribir con el mayor respeto a esa voz interior acorde con los valores éticos que la sustentan.

 

¿Cuándo empezó a escribir? ¿por qué?

 

     -Creo que escribo desde siempre si tengo en cuenta que aprendí a leer y escribir a los cinco años, edad a la que entré a la escuela y ese mismo curso ya leía las composiciones en las ceremonias de los días patrios. También era el abanderado, aunque la bandera la llevaba un niño de sexto (séptimo) grado dada mi escasa estatura física. Ahora bien, literariamente empecé a escribir como un desafío. Cierto día leí “El perseguidor”, de Cortázar, y la impresión que me causó este cuento magnífico fue de tanto gozo y furia, que rompí el libro y me dije: “Si este tipo puede escribir así, yo también puedo”. Así que me compré una Lettera 22 (que aún conservo) y una resma de papel, también tabaco, una pipa y whisky. Ya en casa, puse el papel en la máquina, tecleé el título del cuento y añadí “por Antonio Tello”. A la mañana, cuando desperté con la cabeza sobre el teclado vi que no había avanzado ni una línea, que casi había vaciado la botella y que tenía un dolor horrible en el colmillo que sostenía la pipa, supe que ese camino no me llevaría a la escritura.

 

¿Cómo definiría a su poesía?

 

     -En cierto modo la respuesta a la primera pregunta define la poesía que hago, pues no sé si puedo decir que es mía. Ese yo que me habla cuando estoy en estado poético es quien me induce a indagar, a buscar el conocimiento de todo lo que nos concierne y que constituye la naturaleza humana. Desde este punto de vista diría que la poesía que hago es de exploración.

 

¿Qué autores influyeron en su poética?

 

      -Muchos. Después del rapto provocado por “El perseguidor” me di cuenta de que no sabía nada de literatura, así que, para desespero de mi padre, abandoné el segundo año de Ciencias Económicas, y me matriculé en el Instituto Superior de Ciencias para “sistematizar mis lecturas”. Allí tuve profesoras magníficas, como Cuqui Bilbao en letras españolas, Carola Brunetti, en lingüística, y Monique Filloy, la hija de don Juan, en literatura inglesa y francesa. Con ellas tomé conciencia de la tradición literaria occidental y de la importancia de las estructuras de las lenguas a la hora de escribir literariamente, que es un estadio superior a la simple redacción o a la mera narración de una historia. Lo que acabé aprendiendo es que escribir es un acto de comunión entre el escritor y el mundo y que eso supone una inmersión a profundidades abisales, de cuyos secretos nunca podrás saber nada si navegas por la superficie.

 

¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?

 

     -Supongo que es el mismo como defino la poesía. Cada poeta, cuando es genuino, es una suerte de arquitecto que elige las herramientas y el material más idóneos para la obra que se propone construir. Hago hincapié en la calidad de genuino, porque si bien cualquiera puede escribir, no todos están capacitados o tienen el talento para ello, al igual que un albañil o un médico.

 

¿Qué poema elegiría usted si tiene que optar por uno en especial? ¿Por qué?

 

     -Si se refiere a algún poema mío, le diré que todos mis libros, incluidos las novelas, los cuentos y demás, son el mismo poema. Cada poemario, salvo el primero, no son agrupaciones de poemas sino distintas aproximaciones a un mismo eje temático que, cada vez, es más complejo de expresar dado que trata de la existencia humana y de su ¿milagrosa? aparición en este mundo. Esto no significa que desdeñe radicalmente esa poesía de circunstancias o de los sentimientos y del yo que se hace en estos tiempos. Quizás, el poema que mejor habla de mi poética es “Odiseo”, que aparece en “Sílabas de arena”*

 

¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?

 

     -Cuando empecé a escribir me obsesionaban, principalmente, dos cosas, la síntesis, que entonces definía como economía del lenguaje, y el estilo. Muy pronto me peleé con adjetivos, adverbios y frases verbales inútiles, pero el estilo me costó más hasta que di con una frase del conde de Buffon que decía algo así como “el estilo es el hombre”. Entonces quemé todo lo que había escrito hasta entonces, hacia 1968, y empecé a escribir como yo era, sin intermediarios, sin Cortázar, sin Faulkner, sin Borges, un libro de cuentos, “El día en que el pueblo reventó de angustia”, que se publicó en 1973. En este libro fundo mi universo literario y en él nace mi “alter ego”, Manuel T. Todo lo que he escrito después ya está perfilado en él; el lenguaje se ha ido depurando progresivamente. Este libro, que fue reeditado por Cartografías y Uni-Río, editorial de la Universidad Nacional de Río Cuarto, fue perseguido tanto durante el Gobierno peronista y la Dictadura, que llegó a secuestrarlo y ordenar su quema en el Regimiento 14 de Holmberg, próximo a Río Cuarto.

 

¿Para usted se nace o se hace escritor?

 

     -Creo que un escritor genuino, el que siente en el alma su vocación, es una combinación de las dos cosas. Siempre digo que hay dos clases de poetas, los que nacen con el don y los que tienen que aprenderlo. Yo soy de estos últimos. Sin embargo, tal como cuento en “El maestro asador”, mis padres me educaron para la sensibilidad y por este motivo el estudio de la literatura en el Instituto Superior de Ciencias me fue tan útil. Aquí aprendí no sólo la historia de la literatura, sobre todo la occidental, sino a utilizar la herramienta fundamental de todo escritor que es el lenguaje; aprendí que, si desnudas la palabra de todo oropel y adiciones innecesarias, ella potencia tu narración o tu poema, porque el lector, aunque no sepa de qué se trata, siente la fuerza semántica y la carga simbólica que ella trae consigo. Esto pone al descubierto tanto al escritor como al lector adocenados, porque el primero recurre al argumento, a lo explícito que tranquiliza al segundo ante su miedo a pensar que lo que él imagina es la historia que lee pasada por el tamiz de su experiencia.

 

¿Qué consejos le daría a un joven escritor/escritora que se inicia en este bello camino de la PALABRA?

 

      -No soy dado a dar consejos, no soy un maestro, tampoco me creo Rilke o Jacob, pero si les sirve de algo les diría que cuando sientan el llamado se la jueguen y vayan tras él, estudien y no se crean que con ellos empieza la literatura.

 

¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?

 

     -La producción y difusión de los libros está totalmente condicionada por las grandes corporaciones. Éstas son las que imponen los estilos -estilo internacional llaman a aquel que puede traducirse a cualquier lengua sin sobresalto para los traductores- y los autores, los cuales se acomodan a las exigencias para tener un lugar en el mercado del libro. El libro ya no es un producto cultural de naturaleza artística sino un producto de consumo masivo, un “fast-book” fácilmente digerible y olvidable, pues la industria necesita vender constantemente para mantener el aparato productivo. De forma más silenciosa operan las editoriales independientes que tratan de atender las necesidades de muchos autores excluidos del sistema, aunque algunas, dadas sus precarias condiciones económicas, no editan bien ni filtran la calidad de sus publicaciones.

 

Si tuviera que recomendar un libro de poesía, prosa, cuento, novela etc ¿Cuáles recomendaría?

 

      -Aunque he leído muchas obras maestras y todas muy recomendables, para mí, el libro más importante y el que funda la literatura moderna es “El Quijote”, que, aunque se presenta como novela, es un poema inmenso que nos sumerge en realidades oscuras y contradictorias donde la única luz y sostén es la calidad y fortaleza ética de su protagonista.

 

¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, ñusleter,  blogs etc?

 

     -Todos los recursos que brindan las nuevas tecnologías son buenos en la medida que se los utilice con responsabilidad y rigor para difundir producciones que actúen en favor del amor y el bien común. 

 

Por último ¿Quiere usted agregar algo?

 

     -Sólo felicitarlo, Gustavo Tisocco, por esta labor encomiable en favor de la poesía y la difusión de poetas, que lleva a cabo desde hace veinte años. Gracias por ello.

 

  *“Odiseo”


Escribo.

Anudo palabras para conjurar el olvido.

El mar. El olvido es el mar,

la líquida circunstancia del tiempo,

y la memoria, esa borra de luz que dejan los días,

acaso una isla. Ítaca, por ejemplo.

 

Navego a Ítaca.

Atado al mástil atravieso el laberinto

de voces que brillan y mudan de sentido.

 

Odiseo bajo las estrellas.

Extraño del mundo, su grito crece a la deriva:

¿Dónde está Ítaca?

¿Dónde está la tierra que me nombra?

¿Dónde esta la palabra que habito?

 

Escribo.

Con un hilo de voz coso

la trama que me sustenta:

 

Odiseo enamorado de las sirenas

y, sin embargo, sujeto

al índice al cual se anudan las palabras,

a su nombre, al tiempo,

tejido y destejido a la distancia.

En Ítaca...[escribo].

 

 

Antonio Tello

Entrevista a LUZ RÍOS IRIBARNE

  


¿Qué es para usted la poesía?

 

La poesía es nuestra voz literaria. Igual que nuestra “voz sonora” no la conocemos realmente, pero el resto la identifica y nos define frente al lector.

 

¿Podría usted contarnos  un poco de su vida, de sus obras publicadas, sus premios, su actividad literaria?

 

Todavía no tengo un libro solo mío, pero hace años empecé a participar de convocatorias poéticas (y de otros géneros). Me costaba llevar un registro mental, así que hace poco hice un inventario según años y editoriales. Hasta este momento he participado en unas 55 (unas 40 de poesía).

 

¿Cuándo empezó a escribir? ¿por qué?

 

En mi adolescencia empecé unas “escritura de supervivencia”. Tuve mis “diarios íntimos” pero era exponerme demasiado, así que me expresaba metafóricamente. Después empecé a hacerlo con mayor conciencia, aunque igual era chica. Lo ubico entre mis 19 y 20 años.

 

¿Cómo definiría a su poesía?

 

Creo que fue cambiando. Hablando de la voz, también me tocó vivir una “pubertad literaria” donde esa voz cambió un poco. Hoy es más honesta e intensa, aunque sigo teniendo a la metáfora como mi mayor recurso.

 

¿Qué autores influyeron en su poética?

 

Acá me cuesta ser clara porque creo que todo lo que leí (aunque no fuerza poesía) me dejó algo. Ahora pienso en Pizarnik, por su relación con la depresión, Alfonsina Storni, por su lucha, Safo, por su claridad, pero seguramente esté siendo injusta con muchos nombres más.

 

¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?

 

Espero que no parezca una respuesta vaga, o esquiva, pero creo que siempre se trata de conmover. No necesariamente “hacer llorar”, sino que si escribo con bronca, y alguien puede identificarse con eso, ya tiene un valor. Capaz esa sea una palabra mejor. Que alguien pueda identificarse.

 

¿Qué poema elegiría usted si tiene que optar por uno en especial? ¿Por qué?

 

Tampoco quisiera ser injusta con mi producción, pero incluso compartí para el aniversario de Mis Poetas Contemporáneos “Re-negaciones”. Ya tiene más de ocho años, y creo que estaba en los inicios de la “pubertad literaria”, pero creo que fue un inicio, empecé a ser más cercana a mi propia voz ahí mismo.

 

¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?

 

Al principio las metáforas las usaba para “esconderme”. Para reforzar eso buscaba imágenes más rebuscadas, e irónicamente usaba mucho al laberinto como símbolo. Cuando digo que me volví más cercana a mi voz tiene que ver con haber empezado a ser más clara. Ya no me escondo sino que le doy cierta forma a lo que quiero decir.

 

¿Para usted se nace o se hace escritor?

 

Se nace con cierta sensibilidad, una capacidad de sentir, o percibir, y después desarrollamos el modo de plasmarlo. La verdad es que creo que elegí la escritura porque me di cuenta muy pronto de que lamentablemente no soy capaz de dibujar algo aceptable.

 

¿Qué consejos le daría a un joven escritor/escritora que se inicia en este bello camino de la PALABRA?

 

Capaz voy a algo muy obvio, pero que no deje de leer. También que es importante escribir mucho. Creo que fue Ray Bradbury quien planteó escribir un cuento por semana, ya que no es posible escribir 52 obras malas seguidas. Con los poemas creo que pasa lo mismo. Además, los primeros no van a ser para enorgullecerse, pero una casa no se construye sobre tierra plana, sino sobre cimientos que se forman con piedra. Las primeras palabras, los primeros versos, hacen las veces de cimientos.

 

¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?

 

La primera palabra que me viene a la mente es “crisis”, pero tenemos que revalorizar esa palabra. Cuando hablaba de “pubertad”, eso mismo es una crisis también, pero no podemos verlo como algo terrible, sino como crecimiento. Y sí hay cosas terribles hoy, pero en las producciones independientes, en las editoriales pequeñas, surgen las obras que fortalecen el presente. Un libro, por más malo que sea, puede tener lo bueno de hacernos ir a otras obras, y hoy está pasando algo similar. Hay quienes creen que pueden editar una novela dándole unas pocas palabras a una aplicación. Es terrible que pase, pero eso demostrará también la diferencia entre autores y copiadores.

 

Si tuviera que recomendar un libro de poesía, prosa, cuento, novela etc ¿Cuáles recomendaría?

 

Si bien ya nombré autores, es interesante ir a lo desconocido en su obra. Las poesías menos conocidas de Storni, los inéditos de Pizarnik. En prosa es valiosísimo Sbarra, y me interesa sobre todo Aleana, que tiene de su ironía, su visión, pero también otra poética. De Manuel Puig empezaría por Boquitas Pintadas, que reúne múltiples géneros y construye desde ahí. Por fuera de la ficción siempre hay que ir a Arlt y sus Aguafuertes, y hablando de obras no tan comentadas, siempre vuelvo a citar Antes del fin de Sábato (un libro profundamente angustiante pero con una mirada social que se volvió más vigente que nunca).

 

¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, ñusleter,  blogs etc?

 

Creo que por el presente económico que vivimos la mayoría es una gran noticia que podemos acceder a lecturas de esa forma. Claro que también hay cosas terribles, pero después de todo, sucede lo mismo que con los libros, llevan a otros. SIempre voy a preferir un libro físico (nada reemplaza eso de tenerlo en las manos, poder marcar, sentirlo), pero la realidad es que un libro virtual está hasta un 80% menos, y es posible tener un mayor volumen leído de esa forma (no quita que cuando sea posible compremos el libro en físico para poder disfrutarlo mejor).

También permite el contacto entre autores. Personalmente nunca hubiera soñado con compartir lo que escribo, hace 20 años, pero conocer autores, poder compartir, encontrarnos, me habilitó esta posibilidad.

 

Por último ¿Quiere usted agregar algo?

 

Lo más interesante de estudiar ‘Historia del arte’ es que los cambios que hubo (las vanguardias, la evolución, incluso la invención de la imprenta) siempre se vivió como un anticipo del “fin de los tiempos”. Y si bien hubo siempre obras que lamentar, también significó democratizar el acceso a la cultura y abrir posibilidades. Por el presente que atravesamos hoy nacionalmente parece utópico, pero creo de verdad que hay un germen muy valioso que vamos a ver germinar muy pronto, tanto en la literatura como en otras disciplinas artísticas. Creo, o más bien sé, que en la producción artística está lo que nos hace humanos, y no podemos renunciar a luchar por esto que nos queda.

 

Luz Ríos Iribarne

Friday, August 28, 2026

Entrevista a MARIANA FINOCHIETTO

 


¿Qué es para usted la poesía?

 

La poesía es como el tiempo entre respirar y exhalar. Ese vacío que también es exceso.

 

¿Podría usted contarnos un poco de su vida, de sus obras publicadas, sus premios, su actividad literaria?

 

Mi vida es muy sencilla, muy austera. Nací en un pueblo muy pequeño, en una casa sin libros, pero con un patio extendido hasta donde llegaba la mirada.  Comencé a leer siendo muy, muy chiquita, y mis padres, tal vez hartos de mi curiosidad, me anotaron en la biblioteca pública, que fue también crecer en un campo abierto.

Tal vez por eso escribo. Porque leer es expandir el lenguaje más allá de los límites del habla.  Y es expandir la vida más allá de los contornos de una casa.

Tengo publicados varios libros; Cuadernos de la breve ceguera; La hija del pescador; Jardines; Piedras de colores; El orden del agua; Madura; Quiero sacar la cabeza por la ventanilla de tu coche; Patio; Trinchera; Desviadero. Mi Obra reunida 2014-2024 fue publicada en México.

He participado de varias antologías y publico en algunas revistas impresas y digitales.

Coordino, también, talleres y clínicas de obra. 

 

¿Cuándo empezó a escribir? ¿porqué?


Empecé a escribir en mi adolescencia, como tantos. Sonetos muy borgianos, pero pésimos. Leía con fervor, con furia.  Escribía como emergente de ese exceso.

Luego tuve a mis hijos, y por veinte años mi vida fue dedicarme a la crianza.

A los cuarenta años, un incidente me dejó casi ciega.  Y luego de mil exámenes, se determinó que esa “ceguera” era emocional. Algo que no estaba bien, algo que faltaba. Tal vez, algo que no podía modular con la garganta, sino que debía escribirse con la mano. La misma razón, acaso, por la que los primitivos dibujaron en las cuevas.

Fue ahí que volví a la escritura, y si no me abandona, yo no voy a dejarla nunca. 

 

¿Cómo definiría a su poesía?


Mi poesía me acompaña mientras vivo, y como yo, va cambiando según pasan los años.

Puedo decir que me gusta concentrarme en la sencillez del lenguaje, trabajar profundamente en eso.

Que mi poesía se me parezca, incluso cuando me disfrazo de otras.

 

¿Qué autores influyeron en su poética?


Sin dudarlo, Roberto Themis Speroni.  Lo leí por primera vez a los dieciséis años y aún recuerdo el estremecimiento al entrar en su lenguaje.

Mucho más cercanos, Watanabe, Escudero, Giannuzzi, Olds, Oliver, Negroni, Mujica. 

 

¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?


Es una pregunta que no sabría responder con una sola definición.  Pero supongo que poder “comunicar” una emoción es suficiente.  Que se me comprenda, a través y más allá del lenguaje: esa ambivalencia del escribir, que se da también como lectora.

 

¿Qué poema elegiría usted si tiene que optar por uno en especial? ¿Porqué?


Tengo un poema muy querido para mí, que escribí hace tiempo para mis cuatro hijos, cuando empezaron a crecer.  Ser mamá, para mí, es todavía más hermoso que escribir, y mucho más desafiante.

 

MÁTER

 

Tengo unos zapatos rosas con brillitos,

que compré con devoción hace algún tiempo.

Son, sin dudar,

mis zapatos favoritos,

parecen flores mojadas por la lluvia.

Mis hijos se ríen de mí.

Mamá, tus zapatitos

son diamantes para pies.

Y nos reímos

porque es lindo reírse

de las cosas más triviales

con esa gente hermosa que uno quiere,

es como hacerse cosquillas con palabras.

A veces pienso

en el tiempo que se escapa

y en la sencilla fragilidad entre nosotros,

mientras crecen y crecen

lejos de mí hacia sus vidas nuevas.

Entonces golpeo

a escondidas

tres veces mis zapatos

y digo

"quiero recordar este momento para siempre”.

 

¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?


Tengo la sensación de que mis primeros libros se “parecen” entre sí. La búsqueda que tengo, en mis últimos libros, es que cada poemario sea un mundo organizado, de una atmósfera distinta a los otros, en tono y forma.

Me gusta mucho jugar este juego.

 

¿Para usted se nace o se hace escritor?


Creo que se nace para decir fuera del lenguaje utilitario. Pero no como un don, sino como un muñón de una lengua fantasma que, si no logra expandirse, duele.

Sin embargo, un escritor debe “hacerse” a través de la disciplina. Leer, leer hasta el hartazgo lo que nos guste y, sobre todo, lo que no. Es la única manera de encontrar la grieta donde nuestra propia voz pueda crecer.

  

¿Qué consejos le daría a un joven escritor/escritora que se inicia en este bello camino de la PALABRA?

 

Que se atreva a pisar el borde.

 

¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?


Son tiempos muy difíciles para la cultura en general. La cultura no debería ser un elemento de lujo (a pesar de que tantas veces lo ha sido, y se ha restringido a las clases sociales más altas).

Creo que estamos frente a un sistema que busca, más que sofisticación en la lectura, elitismo. Y eso deja a muchos autores valiosos afuera.

Me gustan las propuestas de las editoriales independientes que hacen convocatoria (mis últimos libros se han publicado así).  Me parece un acto valiente, del que me gusta participar aunque sea como espectadora. 

 

Si tuviera que recomendar un libro de poesía, prosa, cuento, novela etc ¿Cuáles recomendaría?

 

Oratorio, de María Negroni. Y los cuentos de Sofoco, de Laura Ortiz Gómez.  Y un verdor terrible, de B. Labatut.

Y miles. Miles.

 

¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, ñusleter, blogs etc?

 

Creo que “democratizar” el derecho a publicar de cualquiera no le ha hecho daño a nadie. Nunca se ha tenido tanto acceso a la poesía como ahora, a lo que nos gusta (y como señalaba anteriormente) a lo que no nos gusta.

Habrá lectores diferentes para poéticas diferentes. Algunas perdurarán, y otras no.

 

Por último ¿Quiere usted agregar algo?

 

Gracias a la poesía por tanto.


Mariana Finochietto

Wednesday, May 31, 2023

Entrevista a JUAN MIGUEL IDIAZABAL

 


¿Qué es para usted la poesía?

 

        La poesía es la energía vital que mueve la vida. Es la salsa en los ravioles que te hacés el domingo apurado porque te cerró el chino y la fábrica de pastas porque te levantaste tarde, te duele todo y era lo único que tenías en el freezer y así y todo te renueva y te hace sentir uno con el mundo.

 

¿Podría usted contarnos un poco de su vida, de sus obras publicadas, sus premios, su actividad literaria?

 

          Mi vida es compleja y cargada de actividades. A la fecha publiqué 16 libros los últimos son Mujer y Toulouse sobre fondo verde (Arroyo Leyes: Ediciones Arroyo, 2022); Cuánto tiempo más llevará (CABA: Niña Pez, 2022); El milagro de la nieve (Mar del Plata: Herensuge, 2021). Participé de alrededor de 30 antologías, siendo las últimas Fuiste mío verano (Ediciones Arroyo, 2023); Bajé para respirar (Ediciones Arroyo, 2021) y Profana, poemas de amor, locura y muerte en el siglo XXI (2020, Perro Gris). Obtuve 9 premios y distinciones. Hoy, llevo adelante un pequeño proyecto editorial desde Mar del Plata llamado Herensuge. Edito una revista literaria mensual, Lanchitas Amarillas. Participo y organizo desde hace 10 años en el ciclo y colectivo literario La Prosa Mutante. Participo de la FLIA Mar del Plata.

 

¿Cuándo empezó a escribir? ¿por qué?

 

               Arranqué a escribir en mi adolescencia como medio alternativo de expresión de lo que me ocurría.

 

¿Cómo definiría a su poesía?

 

               Catártica. Voragínica (Ya sé que no existe, pero no importa se entiende). Es sentir el hanyauku (1) un día soleado. Es sentirse un filocalista. Es practicar kintsugi con la lapicera, la hoja y lo que está pasando. Es la melolagnia que produce la lisztomanía. Es el honjok (2) . Es una epifanía que un nefelibata transcribe al papel en un momento sinestésico. Es barruntar al oler el pretricor mientras a nuestro alrededor se escuchan los techos ploquear y al no poderlo explicar volcamos ese inefable momento a la hoja.


[1] Del japonés, sensación de caminar descalzo sobre la arena.

[2] Del coreano, el arte de saber estar solo 

 

¿Qué autores influyeron en su poética?

 

               Qué difícil contestar. Podría que las vanguardias occidentales desde finales de 1800 en adelante, con especial énfasis en los surrealistas, los expresionistas, los decadentistas, el pop art. Personas serían, Pizarnik, Girondo, Mistral, Laiseca (aunque escribió muy poca poesía no puedo negar su influencia), ambos Lamborghini, Tsvetáyeva, Mayakovski, Gabriel Aresti, Gorey, Gaiman, Tolkien, Maya Angelou, Bukowsky entre otres. Soy mucho de escuchar música, así que mi poesía, aunque sin rima, tiene mucho de Charly García, del Flaco Spinetta, Freddy Mercury, Paul McCartney, John Lennon, Fito Paez, León Gieco, Bono, entre otres. Aunque por momentos luego de leer algún libro o parte de la obra de algún autor/a influencia un poco más lo que hago.


¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?

 

               Buscar un cambio en la gente. Un despertar. Encontrar que el wabi-sabi como dicen los japoneses existe y se puede apreciar. También que la vida es impernanente, que el cambio y la evolución de las personas y del pensamiento es constante y que a pesar de esto el gaman (3)  es posible. Ojo, en ciertas ocasiones, como nos pasa a todes, me invade un estado de alexitimia y la única forma de expresar mis emociones es a través de la escritura.


[3] la capacidad de superación, de perseverar con paciencia, de aguantar y resistir ante los reveses de la vida

 

¿Qué poema elegiría usted si tiene que optar por uno en especial? ¿Por qué?

 

               No es un poema en sí, sino la letra de una canción, pero Blackbird de los Beatles es tan poético. Aunque también me viene a la cabeza Why the Caged Bird Sings de Maya Angelou. So you wanna be a writer de Bukowsky. Perdón, Gustavo, no puedo pensar en uno solo. Love of my life o Bohemian Rhapsody de Queen. The Hunting of the Snark de Lewis Carroll. Los poemas de The Melancholy Death of Oyster Boy and Other Stories de Tim Burton. Ahora si es mío, no puedo hacerlo, no creo poder autoreferenciarme. Aunque en todo lo anteriormente mencionado está el germen de mi poética.

 

¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?

 

               Creo que ha mutado. Considero que me ha mejorado. Que con la práctica y la lectura ha cobrado una nueva identidad, se ha vuelto más mío y menos una extensión de las personas o estilos que me gustan.

 

¿Para usted se nace o se hace escritor?

 

               Creo que se hace. Se puede tener afinidad o inclinación, pero eso no define el ser o el hacer. Quien escribe y se considera escritor/a, gran mote de difícil aceptación, siente la necesidad de escribir. No tiene que ser constante, pero tiene que sentir que, sin la escritura, una parte de su ser no existe, no pulsa, no vive. Esa persona, puede tener una sola obra o millones, pero eso no quita que sienta una pulsión y que no exista posibilidad de bienestar alguno hasta que esa pulsión sea contrarrestada por el acto de la escritura.

 

¿Qué consejos le daría a un joven escritor/escritora que se inicia en este bello camino de la PALABRA?

 

               Buscá la palabra propia. No le tengas miedo a la hoja en blanco. Si no fluye, puede fallar, y eso está genial también. Hay que trabajar mucho. Leé un montón. Escribí, de ser posible, todos los días, si es a mano mejor. Cultivate en otras artes, ciencias u oficios, complementá la escritura. Leé lo que te gusta, lo que no y sobre lo que no sabés. Se resiliente. Tenés que tener varios diccionarios a la mano. Un amigo, el gran ilustrador y artista plástico Franco Carlesimo, me dio uno de los mejores consejos de mi vida mientras mateábamos y moviendo mucho las manos, “Juancin, siempre tenés que llevar una lapicera y una libreta con vos, me extraña que no lo hagas, papá”. Escribí menos de lo que escuchamos y leemos. Aprovechá los momentos serendipíticos. Tenés que convertite en librocubicularista, bibliófilo, bibliómano y no tenerle miedo al tsundoku. Pero mejor que mis palabras son las de Bukwoski en estos 2 poemas que te comparto (las traducciones no son mías):

 

So you wanna be a writer

 

Si no te sale ardiendo de dentro,

a pesar de todo,

no lo hagas.

A no ser que salga espontáneamente de tu corazón

y de tu mente y de tu boca

y de tus tripas,

no lo hagas.

Si tienes que sentarte durante horas

con la mirada fija en la pantalla del ordenador

o clavado en tu máquina de escribir

buscando las palabras,

no lo hagas.

Si lo haces por dinero o fama,

no lo hagas.

Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama,

no lo hagas.

Si tienes que sentarte

y reescribirlo una y otra vez,

no lo hagas.

Si te cansa sólo pensar en hacerlo,

no lo hagas.

Si estás intentando escribir

como cualquier otro, olvídalo.

 

Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti,

espera pacientemente.

Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.

 

Si primero tienes que leérselo a tu esposa

o a tu novia o a tu novio

o a tus padres o a cualquiera,

no estás preparado.

 

No seas como tantos escritores,

no seas como tantos miles de

personas que se llaman a sí mismos escritores,

no seas soso y aburrido y pretencioso,

no te consumas en tu amor propio.

Las bibliotecas del mundo

bostezan hasta dormirse

con esa gente.

No seas uno de ellos.

No lo hagas.

A no ser que salga de tu alma

como un cohete,

a no ser que quedarte quieto

pudiera llevarte a la locura,

al suicidio o al asesinato,

no lo hagas.

A no ser que el sol dentro de ti

esté quemando tus tripas, no lo hagas.

Cuando sea verdaderamente el momento,

y si has sido elegido,

sucederá por sí solo y

seguirá sucediendo hasta que mueras

o hasta que muera en ti.

No hay otro camino.

Y nunca lo hubo.


 

Air and light and time and space

 

Ya sabes, la familia, el trabajo,

siempre ha habido algo

en mi camino

pero ahora

he vendido mi casa, he encontrado ese

sitio, un estudio grande, tienes que ver qué espacio y

qué luz.

Por primera vez en mi vida voy a tener un sitio y tiempo para

crear.

 

No, hijo, si vas a crear

crearás, aunque trabajes

16 horas diarias en una mina de carbón

o

crearás en un cuarto pequeño con 3 niños

mientras no cobras más que

el paro.

Crearás como parte de tu mente y de tu

cuerpo

Destrozados.

crearás ciego

mutilado

demente,

crearás con un gato subiéndote por la

espalda mientras

la ciudad entera se estremece ante un terremoto, un bombardeo,

una inundación, un incendio.

 

Hijo, aire y luz y tiempo y espacio

no tienen nada que ver con la creación

y no crean nada

mas que, quizá, una vida más larga para

encontrar nuevas

excusas para no hacerlo.

 

¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?

 

               La industria editorial está complicada. Necesitamos una ley del libro urgente. Para el Estado el libro y la industria no es prioridad, como tampoco lo es la educación y la cultura por más que en época de campaña usen estos sectores como latiguillos para ganar votos entre los indecisos. Hoy, la crisis de la industria agravada por la crisis económico-política no ayuda a un contexto en el cual las editoriales monstruos, líderes del mercado de manera oligopólica controlan, además de la información que quieren que llegue a les posibles lectores, la opinión pública. Vemos que las editoriales independientes, micropequeñas, artesanales, pequeñas y medianas, surgen por doquier. Resisten y subsisten. Buscan en las hendijas de la pared que han levantado los poderosos de la industria con sede en CABA, y se insertan en el mercado desde lo alternativo hasta lograr llegar a esos lectores que buscan nuevas experiencias. En especial en la poesía, que pulsa y poco a poco crece en la Argentina, aunque haya quienes digan que la poesía no vende o que no se lee. Y no se va a leer si seguimos reeditando como si fuera una muñeca Barbie con sombrero nuevo, otra edición de Borges, Mistral o Storni (me encantan como escritores y hay que leerles, pero cuántas ediciones necesitamos cada año la gente no conoce otra cosa pues la maquinaria editorial hace gigantescas campañas para promocionar estos autores clásicos y necesarios, pero le pide al resto que paguen la edición, la prensa, y que hagan todo el trabajo que elles no quieren hacer, por eso reedición sobre reedición no sirve a mi entender).

 

Si tuviera que recomendar un libro de poesía, prosa, cuento, novela etc. ¿Cuáles recomendaría?

 

               Qué difícil, Drácula de Bram Stoker (mal que le pese al colega Juan Pablo “Terror” Martínez); Lágrima negra de Alberto Spinetta; toda la obra de Tolkien y la de Richard Knaak. Cualquier cosa de Alberto Laiseca. Los extraestatales de José Retik. Serbia o no Serbia de Ariel Luppino. Lemuria de Beatriz Vignoli, me puso muy nervioso, pero hay que leerlo. A way to measure time una antología hermosa de autores post-guerra finlandeses. Hay que leer Mafalda de Quino y Asterix de Gosciny y Uderzo. El manifiesta de las conchudas de María “La Negra” Negro. Emperrada de María del Mar Rodríguez. 

 

¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, ñusleter, blogs etc?

 

         Me encantan, las uso, las consumo, y las promuevo. No hay que tenerle miedo a lo nuevo, sino que hay que aprender a usarlo y adaptarse. Pero bueno, soy de la generación que nació con los últimos LP de pasta, pasó por el cassette, el CD, el mp3 y ahora tiene Spotify, YouTube y todavía escucha la radio para escuchar lo último.

 

Por último ¿Quiere usted agregar algo?


               Gracias por el espacio, la oportunidad de charlar, y todo el trabajo que hacés.

 

Juan Miguel Idiazabal