Wednesday, September 02, 2026

Entrevista a IRMA VEROLÍN

 


¿Qué es para usted la poesía?

 

Joseph Campbell dice que los mitos son los sueños del mundo. En la cultura actual donde cunde el desencanto reinventamos mitos a través del arte, la poesía sigue allí conectándonos con un origen, el de la palabra desnuda, abierta a múltiples significaciones. Este artefacto tan esencial que condensa sentidos es algo  parecido a una llave que abre la puerta clausurada de los símbolos.  Considerando que actualmente todo tiende a la dispersión,  optar por la poesía que aglutina lo fundamental y funciona como un espejo para que los sueños del mundo continúen siendo soñados es una buena manera de actualizar el mítico mundo simbólico. Para mí la poesía es  justamente  ese espejo que, en forma personal, me permite indagar, auscultar, profundizar en relación con mi propia identidad,  el mundo y el tiempo.

 

¿Podría usted contarnos un poco de su vida, de sus obras publicadas, sus premios, su actividad literaria?

 

Desde muy niña cuando mis amiguitas confesaban que  anhelaban casarse y tener hijos yo ingenuamente  repetía: Yo voy a ser la directora de la revista “Vosotras”, porque era lo que leíamos las mujeres en mi barrio, mi referencia literaria fue una revista femenina, de esas llamadas “del corazón”,  lo que en realidad quería decir era que optaba por la literatura simplemente. Después llegaron los libros. La poesía estuvo primero de modo comprometido, mientras estudiaba letras en la UBA copiaba mis poemas con carbónico en la máquina de escribir mecánica y los repartía… Insistí  en la poesía, talleres, años y años  pero no me convencía el resultado, la abandoné  para dedicarme a la narrativa, sin embargo más adelante la poesía finalmente me volvió a encontrar. Gracias a los premios literarios, Fondo de las Artes, Emecé, Internacional de novela y otros tantos pude publicar a partir de 1988. Tuve una etapa en que me dediqué a la literatura infantil, la que un buen día concluyó. Me gusta escribir ensayos además de novelas y libros de cuentos, la poesía me convoca a la escritura casi diariamente, obtuve algún premio en ese género así como de ensayo aunque no tantos como en narrativa. Si miro hacia atrás no concibo otra vida más que la ligada al quehacer literario y lo agradezco porque fue y sigue siendo mi salvataje emocional.

 

¿Cuándo empezó a escribir? ¿por qué?

 

Es difícil establecer un mito del origen preciso, yo diría que en mi caso hubo varios. El peso de la oralidad, las historias que se contaban en voz alta o con voz apagada en la casa, en el barrio fueron un germen, nunca pude alejarme de ese núcleo sabroso de lo popular que prevalece a veces en un giro verbal en algún verso en los poemas que escribo. Surge una chispa que aviva desde el inicio el deseo o la intensa necesidad de optar por el arte en una sociedad que no pide que nos dediquemos a ese oficio, ¿Se trata acaso de la natural avidez por descifrar el misterio?, sospecho que hay algo que traemos antes de que comencemos a tejer la propia biografía. El por qué está en la carencia, en lo que falta, en lo que creó la hendidura, en el agujero existencial y la palabra  literaria surge entonces como compensatoria y restauradora, está también en el ahogo que produce el desconocimiento frente a lo que abruma  o aturde, en este sentido la palabra es un trampolín y un escenario, a veces el único posible, el único  transitable. La temprana muerte de mis padres, la orfandad, la pérdida de dos de mis hermanos, la disgregación de la familia en mi caso han sido detonantes de ese por qué, supongo. El misterio que se instaló delante de la niña que fui sigue proporcionándome los grandes interrogantes que me empujan diariamente a vivir en un universo literario. Ahora “el cuándo” no parece inscribirse en un registro temporal, garrapateé los primeros papeles que encontré apenas comencé a escribir, fui la niña que recitaba en la escuela en los actos escolares, la que leía sus composiciones públicamente. A los trece años comencé un diario personal que no he abandonado hasta hoy.

 

¿Cómo definiría a su poesía?

 

Mi poesía se caracteriza por la nitidez de la imagen y la intensidad de la emoción  y, a su vez, una temática acotada como lo es también  la de mi narrativa. En poesía me centro generalmente la percepción de la cotidianidad,  pero noto que últimamente  la escritura se va perfilando  en torno a tres elementos: la niña, la noche y el mundo. La niña, sujeto de la enunciación o “yo otro” impone su voz y su mirada en el cuerpo del poema, es de algún modo una transposición del yo. La noche es el espacio único,  posible para ser habitado aunque en realidad funciona como no lugar y el mundo  se vuelve un  sitio inaccesible, una suerte de escenario aspiracional siempre ajeno, siempre distante.   En ciertas ocasiones un poema se desprende de un cuento e incluso de una novela ya publicada. Mi universo literario lo fundé con la publicación de mi primer libro de cuentos “Hay una nena que gira” y cada vez más siento que todo  lo que he escrito posteriormente es un despliegue y profundización de ese núcleo original ya sea  cuento, novela o poema. Entiendo que además, la memoria y la evocación del pasado son como un sello que me caracteriza en todo lo que  he producido hasta el momento.

 

¿Qué autores influyeron en su poética?

 

Fue Alfonsina Storni  algo semejante a una maestra en mi juventud. Pero enseguida el interés fue copado íntegramente por Pizarnik de una manera arrebatadora. Ahora entiendo que di un paso al costado para irme a la narrativa - una narrativa que siempre avanzó hacia la lírica de todos modos- porque no podía escribir como Pizarnik. Me costó encontrar una voz poética que no fuera  absorbida por ese deseo de ser ella. Hubo muchos autores y autoras, incluso la narrativa de Demitrópulos incidió en mi poética. Hoy me pregunto hasta qué punto una mirada como la de Onetti  con sus muchachas y su melancolía que tanto me subyugó no está también atravesando mi poética lo mismo que las novelas de Marguerite Duras. Por citar algunos autores y autoras del principio: Pavese, Lorca, Neruda, la Orozco… y la lista se vuelve casi interminable con el tiempo, en lo más cercano cito a Sexton, Plath, Olds, Atwood como exponentes del lirismo confesional.

 

Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?          

 

 Algunas corrientes religiosas  suelen definir al pecado con “No dar en el blanco”. El pecado literario sería algo semejante, no llegar al centro del ser del lector o la lectora. La poesía tiene que atravesar simultáneamente varios planos a la vez –el emocional, el racional, el trascendente- del sujeto que está del otro lado, un lenguaje de condensación apunta hacia distintos aspectos en forma conjunta, solo así es verdaderamente poesía, obviamente persigo el objetivo.

 

¿Qué poema elegiría usted si tiene que optar por uno en especial? ¿Por qué?

 

Si bien la pregunta me parece interesante porque existirán sin duda  poetas  que encuentran un solo poema que logra representarlos en mi caso no es así, tiendo a definirme por extensión y agrupamiento de textos, no puedo elegir uno solo. Supongo que elegiría aquel que escribí  los 17 años que comenzaba: “El remedio fue volverme loca”, simplemente porque fue el primero o este último que estoy trabajando ahora titulado “Crueldad y belleza” porque es el último. No sé si es porque soy demasiado novelera pero tener que  seleccionar un poema se me antoja que me pone en el mismo estado  que experimentó el personaje de la madre  en la película “La decisión de Sofía” cuando el  policía nazi le dice que escoja entre sus dos hijos  evidentemente para destinarlo a la muerte. No puedo elegir, los poemas son mis vástagos. Por etapas me gusta más uno que otro y eso  va cambiando de la misma manera que mis preferencias de lecturas y mi percepción del mundo.

 

¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?

 

Me animo a afirmar que hay un común denominador, percibo cambios de matices pero desde el principio mi imaginario fundó sus bases y no las cambió, las fue profundizando y en esa profundización fue encontrando capas. Resultaría imposible que el lenguaje no cambie porque la sociedad y la cultura   sufren un estado de mutación permanente y estamos sujetos a  esa constante modificación,  el movimiento vibracional del universo nos impregna.  Aunque sin ser  la excepción conservo vocablos cargados de afectividad que vienen de mi núcleo familiar  y sigo siendo fiel a ellos,  lo mismo que a ese universo fundante que forjé en el inicio. Sin embargo es posible que lo muy barroco de  ciertas etapas se haya aligerado por  la influencia de los discursos visuales que últimamente se entrecruzan con los literarios, pero  únicamente hasta cierto punto diría yo.

 

¿Para usted se nace o se hace escritor?

 

Esa es la pregunta del millón, tendríamos que entrar en temas filosóficos y psicológicos. Como dije en una respuesta anterior creo que traemos un caudal desde el nacimiento y luego eso se potencia o no con las vivencias especialmente las de la infancia. No apostaría todo a la educación y a las influencias. Si no venimos con una necesidad básica fuerte difícilmente optaríamos por el arte en  esta sociedad mercantilista. Tampoco podemos negar que hay experiencias poderosas que tuercen o definen el curso de nuestra vida  aunque me pregunto en qué medida no las convoca una fuerza interior que vino ya con nosotros. Ciertas corrientes de pensamientos afirman que el afuera es el adentro expandido,  entonces en el universo que tiene un alto grado de perfección y en el que nada es gratuito, por una cuestión de afinidad vibratoria,  hace que atraigamos aquello que somos.  Por lo tanto me animo a decir que se nace pero que, si no se  realiza una tarea ardua mediante un compromiso  verdadero y un trabajo continuo, el escritor o la escritora no afloran como creadores genuinos y de calidad.  En lo relacionado al quehacer, al oficio apuesto al trabajo, a la conquista que solo el empeño y la entrega a la tarea incesante brindan. En ese sentido soy constructivista.

 

¿Qué consejos le daría a un joven escritor/escritora que se inicia en este bello camino de la PALABRA?

 

El de la persistencia en el trabajo como ya dije en la pregunta anterior. La mentalidad burguesa le ha endilgado al arte el mote de “actividad secundaria”, “hobby” o “ejercicio amateur”, caracterización para nada inocente  ya que el artista suele ser la mala conciencia de su época y eso incomoda y pone en tela de juicio al statu quo. Hoy sabemos que un artista es un trabajador/ra de la cultura. Cuando era jovencita estudié guitarra clásica unos cuantos años. No solo era preciso ejercitar las obras repetida y cansadoramente sino que tenía que practicar las escalas diariamente por lo menos un tiempo determinado, eso me enseñó mucho, del mismo modo que una bailarina está horas y horas con su cuerpo esforzándose en la barra, escribir exige una  empeño  similar, el lenguaje necesita ser conquistado como la mano del guitarrista flexibilizada a diario y el cuerpo de la bailarina  debe ser sometido a un  continuo entrenamiento. Es imprescindible una suerte de entrega, el lenguaje como instrumento no merece nada menos. Y también una auto observación para hacer pasar el mundo a través  de la propia interioridad, el autoconocimiento se vuelve indispensable para  generar un sistema propio o un universo original,  descubrirse a una misma va de la mano con la conquista del oficio. Hay algo del condimento del amor hondo en este oficio que no está ajeno a una de las formas más entrañables de la pasión. Lamentablemente en el imaginario colectivo prevalece una idea romántica de la creación basada en la inspiración o el prejuicio burgués de que el arte no resulta del esfuerzo y compromiso del trabajo, esa  falsa idea suele conducir a los principiantes al  fracaso.

 

¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?

 

Comencé publicando en un país con editoriales medianas que sostenían la calidad de lo que se producía, desgraciadamente al poco tiempo, con la llegada de la globalización, la megaeditoriales  arrasaron imponiendo la teoría del mercado. Yo entonces era narradora especialmente, aunque la poesía, en cierto modo, se mantuvo al margen de este arrasamiento fue rozada.  Las megaeditoriales absorbieron a las editoriales que daban a conocer la creación original, desentendida de intereses ajenos al valor literario. Sin embargo como respuesta a esto  fueron  surgiendo las editoriales independientes que han permitido que las nuevas voces encontraron un cauce y un espacio de expresión, liberadas de esta fórmula  impuesta por las grandes editoriales que empobrecen las posibilidades expresivas en pos de un beneficio económico. En este sentido siento que  hoy es más auspicioso el panorama con relación a lo que ocurría veinte años atrás. El fenómeno de las editoriales independientes en nuestro país va en forma paralela a otros procesos en diferentes áreas que, gracias a la horizontalidad del nuevo paradigma –con su impacto en la conciencia humana individual y colectiva-,  que se manifiesta en una valoración mayor del medio ambiente en su aspecto vegetal y animal y en la  conquista de derechos en los géneros sexuales que sostienen  la diversidad, diversidad entendida como una nueva democracia. En lo referido a lo estrictamente literario esta apertura a la diversidad  nos está permitiendo salir de la dictadura del mercado que empobrece, restringe  y adocena el concepto de literatura.

 

Si tuviera que recomendar un libro de poesía, prosa, cuento, novela etc ¿Cuáles recomendaría?

 

“El libro del desasosiego” de Pessoa, la obra de Alejandra Pizarnik, “Rio de las congojas de Demitrópulos”, “No hables tan fuerte delante de la noche” de Etchecopar. Cualquiera de los de Irene Gruss. “Poemas con bichos” de Severin, “Ancho mar de los zargazos” de Jean Rhyss, “Los cuadernos de Malte Laurids Brigge” de Rilke, los cuentos de ficción crítica de Borges y por qué no la poesía de Borges. Obviamente la lista sería tan larga que no entraría aquí, nombré tan solo los que me surgieron naturalmente ahora.

 

¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, ñusleter, blogs etc?

 

Estamos viviendo una revolución tecnológica quizá superior a la llegada de la imprenta  durante el Renacimiento. Desconozco si estamos en condiciones de evaluar este proceso ya que   la humanidad se encuentra inmersa en él. Personalmente me llevo bien con estos nuevos mecanismos. En los noventa escribí una novelita juvenil que publicó Alfaguara basada en el impacto de la llegada de la computadora personal en la vida de una joven, así es que el tema me interesa. De cualquier forma creo que como todo lo nuevo  puede volverse un arma de doble filo. Lo positivo es que democratiza la comunicación, pero a la vez corre el riesgo de imponer “el todo vale”, de abaratar los resultados. Sospecho que el desafío  se centra en aprender a discernir, a separar la paja del trigo. Sin embargo celebro todo aquello que horizontaliza los mensajes y nos libera del rigor de un sistema autoritario vertical y en ese aspecto considero que es una contribución a la libertad  individual, especialmente en el área de la comunicación y la creación artística. De pronto me resulta conmovedor que ya no dependamos de un organismo tan férreo y dominante como un periódico impreso pudiendo generar nuestros propios espacios de divulgación.

 

Por último ¿Quiere usted agregar algo?

 

Agregaría que agradezco la oportunidad de reflexionar que brindan estos reportajes y a quienes como Gustavo Tisocco se convierten en creadores de espacio y disparadores de una indagación. Son ventanas que se abren a una misma, descubro que el reportaje una vez realizado me devuelve algo parecido a la autorevelación,  además la reflexión de los y las pares me permiten seguir buceando en los pormenores de este oficio fascinante que es hacer de la palabra un arte, palabra que tristemente suele ser malgastada y bastardeada en medios de comunicación. Quienes hacemos poesía, sin quererlo o queriendo, nos convertimos en custodios de ese bien mayor que es la palabra que condensa las claves de nuestra genuina identidad. No por nada las dictaduras apuntan a controlar el discurso y la expresión artística, si no sabemos quiénes somos  podemos convertirnos en futuros proyectos de esclavitud. Ahora, enfocando específicamente la escritura poética tengo la sensación de que este siglo le  bridará un nuevo lugar al género y tal vez también al relato breve, el siglo XX fue sin duda el siglo de la novela, en la actualidad el formato comunicacional pide otra medida y la tendencia a lo filosófico y espiritual del nuevo paradigma tiende a superar el esquema racionalista del pasado siglo, por lo que la poesía, con su búsqueda de aporte de un sentido más profundo y una exigencia de la belleza formal,  se ajusta más a la tendencia de los tiempos venideros.

 

Irma Verolín

Entrevista a MARIANA MIRANDA

 


 ¿Qué es para usted la poesía?

 

Una forma de ver el mundo, de entenderlo, de expresarlo. La poesía permite decir cosas que de otra forma es imposible decirlas y también provocar sentimientos o emociones que no se pueden sentir de otra manera. 

 

¿Podría usted contarnos  un poco de su vida, de sus obras publicadas, sus premios, su actividad literaria?

 

Soy psicóloga y traductora y profesora de francés. Además coordino talleres de escritura para adultos. Empecé publicando por concursos literarios en los ‘90, fui premio Nicolás Guillén y Pablo Neruda, finalista del Premio Nacional de Poesía en el 2011, mi primer libro de poesía fue traducido y publicado en Francia por Ediciones Orfeo Negro. Como narradora me premiaron en cuento en Madrid, varios cuentos en Colombia, varias veces en Buenos Aires y tengo mucha poesía publicada en blogs o sitios virtuales en Chile, México, España, Cuba, etc. Tengo publicadas dos novelas, tres libros de cuentos y cuatro de poesía. Siempre hice narrativa y poesía. Colaboré mucho con revistas y diarios en artículos literarios y periodísticos, entre ellos, hice contratapas para el diario Página 12 como 17 años. Ahora estoy haciendo más reseñas y comentarios sobre libros que me llegan, estoy participando en mesas de lectura o encuentros, en forma presencial o virtual.

Tengo publicados artículos o ponencias en libros o congresos de psicología, pero a la hora de definir un libro, prefiero escribir poesía o narrativa de ficción. La escritura académica me resulta pesada y falta de chispa.

 

¿Cuándo empezó a escribir? ¿por qué?

 

Empecé a escribir a los ocho años, siempre en poesía y en narrativa en forma simultánea. Soy una lectora incansable y me alentaron mucho en la escritura las maestras de la escuela primaria pública de Melincué, la Florentino Ameghino, a las que nunca les voy a dejar de agradecer. Ojalá todas las maestras hicieran lo mismo. Elegí ser escritora y publicar libros entre los seis y ocho años. Siempre supe que iba a ser difícil y que iba a tener que vivir de otras cosas, pero es mi manera de ser-en-el-mundo.

Ahora me jubilé y sí, estoy tratando de dedicarme puramente a mi vida literaria.

 

¿Cómo definiría a su poesía?

 

Siempre hice poesía social. Desde que empecé. Me preocupan los problemas de la gente, por algo estudié psicología. Me interesa dar voz a las víctimas desde la poesía. No hago poemas ni tan amorosos ni tan líricos o románticos. Sí tengo algunos poemas ecológicos, muchos de justicia social, siempre vuelvo a los mismos temas en mi poesía: la pobreza, la injusticia, la guerra, la violencia institucional, el crimen, la desaparición de personas, los femicidios, la violencia en general. Hice psicología forense muchos años, casi 30.

 

¿Qué autores influyeron en su poética?

 

Federico García Lorca y Olga Orozco, sobre todo. Un poema como el Romance de la Guardia Civil Española es mi Ítaca. Después Miguel Hernández, Pablo Neruda, Ernesto Cardenal, Paul Éluard y Jacques Prévert, además del enorme Víctor Hugo. Me gusta mucho Jorge Boccanera, si bien no es un poeta tan social. La poética de Gabriela Mistral me parece bellísima, Roque Dalton también tiene una obra sublime. Siempre leí más a autores latinoamericanos y franceses. Ahora estoy con Aimé Césaire y  Édouard Glissant, me interesa mucho la poesía de la negritud, hice un seminario con Jorge Boccanera hace un tiempo sobre ese tema y me había olvidado de citar al tremendo Nicolás Guillén, que es un poeta maravilloso. Tengo un artículo publicado sobre la poesía social de Guillén, conjuga ritmo, belleza y reclamos sociales al mismo tiempo. Condensa todo lo afro y la poesía española clásica al mismo tiempo. La Balada de los dos Abuelos es extraordinaria.

En Rosario tuvimos a Claudia Caisso que investigó desde la Facultad de Letras la poesía de las Antillas y dejó unos cuantos ensayos muy interesantes al respecto.

Más contemporáneos me gusta mucho la obra de Ernesto Rojas y Gustavo Tisocco, además de Boccanera.

En otra línea amo a Silvio Rodríguez, Hamlet Lima Quintana y Armando Tejada Gómez, además de Daniel Toro, Víctor Jara y Joan Manuel Serrat, son más bien cantautores. Dentro de lo que fue la Trova Rosarina amo la poesía de Juan Carlos Baglietto y Jorge Fandermole. Hay músicos excelentes en Rosario.

En narrativa si tuviera que elegir, me quedo con Haroldo Conti y Daniel Moyano. Son autores maravillosos.

 

¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?

 

Conmover al mundo. La humanidad ha perdido su esencia, nos estamos autodestruyendo entre nosotros mismos. Hay un puñado de psicópatas que se reparten el mundo y sus riquezas, además de destruir el planeta tan velozmente que no lo vamos a poder salvar. Tenemos que tomar conciencia de cómo estamos viviendo y también, y por sobre todas las cosas, de para qué vivimos, hemos perdido el sentido del amor, la ternura, el sentido de la humanidad en general y también el de todas las especies (animales y vegetales).

El capitalismo salvaje ha destruido los valores que nos identifican como personas, la trama vincular social y afectiva que es la que nos sostiene.

 

¿Qué poema elegiría usted si tiene que optar por uno en especial? ¿Por qué?

 

No tengo un poema que pudiera elegir. Hay algunos que me gustan más que otros, pero todos tienen algo. Son como los cuentos. Es imposible, al menos para mí, decir éste es el mejor. Yo creo que esas cosas quedan a criterio del público que lee u oye los poemas...

 

¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?

 

Siempre tuve poemas largos o poemas más condensados y breves. Siempre enfaticé el sentido en el poema, no sólo en cada una de las imágenes que se despliegan sino también en la construcción semántica del poema en sí mismo. No creo en la literatura como acto puramente estético, creo que el que escribe dice algo y el que lee debe entender el mensaje del autor. No adhiero al intimismo o la poesía hermética, no obstante eso amo la poesía surrealista francesa, la cual estudió y compiló y tradujo Aldo Pellegrini.

Siempre puse sobre la mesa las cosas que no me gustan tratando de no ser panfletaria. Últimamente me preocupa más la construcción lírica y estética del poema. Que si bien el sentido sea el de un reclamo social el poema en sí mismo sea una belleza. Creo que el Maestro en eso fue Federico García Lorca, tuvo una capacidad extraordinaria en capturar su época y ponerla en versos. También dejó una poética extraordinaria en Argentina Miguel Ángel Bustos, detenido-desaparecido en 1977, una obra cercana al surrealismo que también tiene mucho de simbolismo. También hubo casos de poetas que empezaron adhiriendo al surrealismo y se fueron corriendo hacia el realismo crudo de la poesía social, como Jacques Prévert o Paul Éluard.

 

¿Para usted se nace o se hace escritor?

 

Es un poco y un poco. El talento o el interés viene con los primeros años de aprendizaje de la lectoescritura. Después creo que hay que escribir mucho, corregir más, quemar mucho, tirar mucho, llevar a leer a otros. Formarse con otros. Es necesario leer muchísimo a otros. Como buena profesional de la salud que soy creo que la formación es continua, no sólo en salud, sino en todos los ámbitos. Mercedes Sosa tenía cuatro horas de clase de canto con su profesora todos los días. Todo es trabajo, nada viene brotado desde el cielo.

 

¿Qué consejos le daría a un joven escritor/escritora que se inicia en este bello camino de la PALABRA?

 

Que lea mucho y que se forme. Los ciclos, encuentros, festivales, son instancias de formación. Para mí “Mis poetas contemporáneos” es un espacio de formación, lo mismo fue el Café Literario Inés Ollero, de San Martín, que es virtual también. Es imposible escribir sin leer. Yo hice seminarios y talleres con gente de la Facultad de Letras de Rosario, Roberto Retamoso, Susana Rosano, Humberto Lobbosco, Roberto García, Paola Chinazzo, estoy haciendo seminarios con la gente de la Escuela de Literatura Aldo Oliva, de Rosario. Ahora estoy haciendo un seminario sobre poesía moderna con Bruno Crisorio que es un profesor de La Plata. Hice talleres y seminarios con María Teresa Andruetto y Liliana Heker en narrativa.

Actualmente veo a mucha gente joven desesperada por publicar y es gente que no lee. Y cuando ves lo que publican te das cuenta. Todo lleva tiempo y esfuerzo. Hay poetas y narradores jóvenes extraordinarios pero también es cierto que son gente muy formada, que lee muchísimo. También sigo creyendo en los concursos literarios, yo empecé publicando así, sé que muchas veces no son tan serios, pero según quién organice o quiénes sean los del jurado la mayoría de las veces lo que se premia es obra buena. También es difícil elegir entre tantas obras y eso también es cierto.

 

¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?

 

Están los monopolios de siempre (Alfaguara, Planeta, Penguin) pero a la vez explotó la cantidad de editoriales “independientes” y a su vez la cantidad de autores nuevos que están publicando. También hay editoriales puramente de poesía, lo cual es muy loable porque no es cierto que la gente no lea poesía, es cierto que a las grandes editoriales les sigue interesando la narrativa, la epopeya de la gran novela. Sin embargo no te olvides que a Gabriel García Márquez le llevó 20 años encontrar quien publicara “Cien años de soledad”, que al final salió por Sudamericana, una editorial seria e independiente de Buenos Aires.

El tema de las editoriales independientes de ahora da para debatirlo, porque la mayoría son editoriales que ofician de mediadores entre la imprenta y el autor y le piden dinero al autor para editar la obra. O sea que son independientes con la plata de los autores, no con la plata de ellos mismos. Por eso sigo creyendo en los concursos literarios, Alfaguara premia muy buenas novelas, por ejemplo.

 

Si tuviera que recomendar un libro de poesía, prosa, cuento, novela etc. ¿Cuáles recomendaría?

 

Me pasa lo mismo que con mis poemas, me cuesta elegir uno. Todos tienen algo. En novela recomiendo “El viento que arrasa”, de Selva Almada, “Mascaró” y “Alrededor de la jaula”,  de Haroldo Conti, los cuentos de Samanta Schweblin y Rodolfo Walsh, la obra completa de Gabriel García Márquez y Jorge Amado, además de Héctor Tizón, Albert Camus y Víctor Hugo. En poesía vuelvo a Guillén, Lorca, Hernández, Orozco, Dalton y Gabriela Mistral.

Yo leo y si me gusta un autor trato de leer toda la obra, o sea que recomiendo más por autores que por un libro específico de cada autor. Por ejemplo, la saga de los irlandeses o los cuentos sobre el peronismo, de Rodolfo Walsh son extraordinarios. También me olvidé de un cuentista excelente que también falleció muy joven, Germán Rozenmacher, el autor de “Cabecita negra”. Saint-Exupéry escribió cosas excelentes pero mi amor máximo es para con “El Principito”.

 

¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, ñusleter,  blogs etc?

 

Es un mundo. Yo había hecho formaciones a distancia como psicóloga pero desde la pandemia del 2020 en adelante todo lo virtual se volvió estrictamente necesario para los autores. Sobre todo para difundir la obra propia o conocer obra ajena o también hacer o dictar talleres o formarse en seminarios específicos.

Yo puntualmente soy más del libro en papel y la biblioteca pública, creo en el trabajo de la biblioteca popular del barrio, soy medio animal con las redes y la cibernética, por los cual no tengo una página web ni un blog, cosa que muchos autores tienen y aprovechan al máximo.

Sí coordino talleres literarios, de lectura y de escritura, estuve un tiempo largo en bibliotecas populares y actualmente sigo en mi casa presencial o sino estoy dando virtual (en poesía y narrativa). Creo mucho en la clínica de obra, como un trabajo cooperativo pero necesario, antes de llevar el libro a imprenta. 

 

Por último ¿Quiere usted agregar algo?

 

Te quiero felicitar por el trabajo enorme y generoso de difundir a todos los poetas de tu sitio, poetas de todo el país y también de otros países. Además de tu obra poética tan hermosa, son muy pocos los que trabajan tanto para difundir la obra de otros poetas. Eso es un mérito invaluable.

Aparte de eso, nada más.

 

Mariana Miranda

Monday, August 31, 2026

Entrevista a ARACELI OTAMENDI

 


¿Qué es para usted la poesía?


Para mí, la poesía es una forma de mirar el mundo; es traducir lo invisible a un lenguaje que el corazón pueda entender. No es solo escribir con rima o ritmo, sino capturar un instante, una belleza efímera, una vivencia  y lograr expresarlo  para que el lector se reconozca en ella. Me gusta la definición que hace Jorge Luis Borges: la poesía es la experiencia estética, y el hecho estético es algo tan evidente, tan inmediato como el amor, el sabor de la fruta, el agua.


¿Podría usted contarnos un poco de su vida, de sus obras publicadas, sus premios, su actividad literaria?


Mi actividad literaria está profundamente ligada a la gestión cultural independiente, a la hibridación de géneros y al intercambio internacional. Desde hace 25 años dirijo mi propia revista cultural, Archivos del Sur.  Edito una para niños, Barco de papel, pero es más pausada.  Como creadora, no me encasillo: escribo novela, poesía y, fundamentalmente, cuento. También crónicas, relatos  y entrevistas.  Mi obra circula principalmente en el entorno digital, habiendo publicado en diversas revistas y  suplementos literarios  y blogs de escritores de Argentina y Brasil mayormente en los últimos años.  Pero también he publicado en revistas y sitios web de España, Italia, Francia, Chile, Bolivia, Colombia, México y otros. También en antologías de varios autores, que he compilado y también que han compilado otros.

Ser miembro correspondiente de una Academia de Letras de Brasil (AGL), silla Silvina Ocampo, es un reconocimiento que sella mi compromiso con el diálogo literario entre nuestras culturas. Un premio de novela a escritores noveles que me otorgó la Fundación El Libro en 1994 por una novela policial, donde no hubo premio en dinero sino la publicación del libro. Y algunas otras distinciones.


¿Cuándo empezó a escribir? ¿por qué?


Empecé a escribir a los 7 años porque ya me gustaba mucho la literatura. Leía todo lo que encontraba en mi casa, y como había muchos libros de literatura en español, teatro, poesía,  me gustaba leer y memorizar. Y mis padres eran muy lectores y también me leían. Se hablaba mucho de literatura y de arte en mi casa pero no era una imposición, sino que era algo que se vivía.

Un día mi abuelo apareció con un regalo: el libro Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Caroll, que fue un gran descubrimiento para mí y me hizo imaginar muchas cosas.

Cuando llegó el momento estudié una carrera universitaria para cumplir con mis padres que querían que yo tuviera una buena carrera y un buen trabajo, todo eso lo cumplí porque reconocí el esfuerzo que hacían.  Pero después, ya en democracia, casada y con un hijo,  me plantee seriamente que iba a escribir y empecé en el taller de Mirta Arlt, primero en la Sociedad Argentina de Escritores y después con un pequeño grupo en su casa. Ahí leíamos muchísimo, analizábamos lo que leíamos y escribíamos también. Fue una búsqueda por varios talleres, seminarios de filosofía y literatura, teatro, guión de cine, taller de pintura  y después segui mi camino trabajando en revistas culturales,  en periodismo cultural, ya entonces mis hijos iban al jardín y a la escuela.

El "por qué" inicial mutó rápidamente; descubrí que un solo género me quedaba chico para todo lo que quería contar. Comencé explorando las distancias cortas e intensas del cuento, pero luego la propia escritura me fue pidiendo el aliento largo de la novela y la síntesis íntima de la poesía. Escribo porque es mi manera de habitar la realidad.


¿Cómo definiría a su poesía?


Al ser mayoritariamente narradora, definiría mi poesía como una extensión de esa mirada: late desde la historia, la imagen y la atmósfera. Además, al estar tan conectada con la literatura de Argentina y Brasil, mi poética se nutre de esa doble sensibilidad. No busco el virtuosismo formal abstracto; busco que el poema condense un instante, una emoción o un quiebre con la fuerza dramática de un relato, pero con la economía y el ritmo que solo el verso permite.


¿Qué autores influyeron en su poética?


Mi poética y mi narrativa son fronterizas. Se ha alimentado de la gran tradición poética y cuentística de la literatura argentina y de grandes autores latinoamericanos y  de la inmensa riqueza lírica y antropológica de Brasil. Autores que entienden la palabra como un puente entre realidades y que desafían las barreras de los géneros literarios son quienes más han dejado una huella en mi forma de escribir.

En la tradición argentina, me parecen  imprescindibles la arquitectura perfecta de los cuentos de Jorge Luis Borges, la ruptura y libertad de Julio Cortázar, el universo inquietante de Silvina Ocampo, la fuerza visceral y urbana de Roberto Arlt, y esa joya de la memoria y la naturaleza que es Guillermo Enrique Hudson. Por el lado de Brasil, considero fundamentales la profundidad existencial de Clarice Lispector, la agudeza psicológica y narrativa de Lygia Fagundes Telles, y la inmensa sensibilidad lírica de Vinicius de Moraes. El universo de Rubem Fonseca y Jorge Amado.  Y también la profundidad de Carolina María de Jesús. Todos ellos son autores que no solo escribieron grandes obras, sino que expandieron los límites de lo que la palabra puede hacer.

Me gusta leer autoras norteamericanas,  como Flannery O´Connor o Carson McCullers, Patricia Highsmith  o Truman Capote, hay muchos.

Leí mucho a Gabriel García Márquez y a Juan Rulfo, también a Pablo Neruda y Jorge Teillier, Juan Carlos Onetti, son épocas y siempre se puede volver a algunos autores.


¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?


No busco educar ni dar respuestas, eso es muy difícil.  Mi único fin es la conmoción y la compañía. Me gustaría que si alguien lee un verso o un relato mío en un momento de soledad o de confusión  piense: "Alguien más siente lo mismo que yo". Romper el aislamiento humano a través de la palabra es el mayor logro al que aspiro.


¿Qué poema elegiría usted si tiene que optar por uno en especial? ¿Por qué?


Entiendo la pregunta como los poemas que escribí. Creo que eso varía, a veces me gustan más los poemas más crípticos, como Noche o María Rita, otras veces los que escribí cuando nacieron mis nietos, Infancia y deslumbramiento, no hay preferencias fijas. No me enamoro de lo que escribo.


¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?


Ha cambiado gracias a la contaminación positiva de los otros géneros y a mi rol como editora en mi revista durante estos 25 años. Al principio, uno suele ser más disperso. Hoy, la narrativa me ha dado estructura y la edición me ha enseñado a podar lo innecesario. Mi lenguaje actual es más maduro, más seguro y libre: ya no me preocupa si un texto es puramente poema o puramente cuento; permito que los géneros se hibriden y se alimenten entre sí.


¿Para usted se nace o se hace escritor?


Creo que se nace con una sensibilidad especial para percibir el mundo, una  curiosidad que te empuja a la creación. Sin embargo, el escritor se "hace" a base de disciplina, de leer muchísimo, de borrar, de frustrarse y de trabajar el lenguaje. El talento sin oficio se disuelve rápidamente.


¿Qué consejos le daría a un joven escritor/escritora que se inicia en este bello camino de la PALABRA?


Te puedo decir una orientación que es mi experiencia y es que hay que encontrar la propia voz, no seguir una moda. Y leer mucho, pensar en lo que se leyó, y escribir.


¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?


La veo desde una doble perspectiva: como escritora y como editora de una revista digital con 25 años de trayectoria. La gran industria tradicional suele ser rígida y comercial, existe, pero el verdadero pulmón de la literatura actual está en los márgenes digitales y autogestivos. El circuito de revistas digitales y blogs en el que me muevo, tanto en Argentina como en Brasil, demuestra que hoy los autores no dependemos de un gran sello tradicional para construir un público lector real, fiel y transfronterizo.


Si tuviera que recomendar un libro de poesía, prosa, cuento, novela, etc ¿Cuáles recomendaría?


Ficciones de Jorge Luis Borges, Los siete locos de Roberto Arlt, Bestiario de Julio Cortázar, los cuentos de Silvina Ocampo, La tierra purpúrea de Guillermo Enrique Hudson, La vida breve de Juan Carlos Onetti, Pedro Páramo y el Llano en Llamas de Juan Rulfo, Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez, Canto general de Pablo Neruda, entre otros. La poesía de Vinicius de Moraes, La hora de la estrella de Clarice Lispector.

Creo que la literatura  como decía Borges es una forma  de felicidad, hay que leer lo que a uno le gusta, si un libro no nos gusta, si no se siente la poesía, si un relato no nos lleva al deseo de saber qué ocurrió después, el autor no escribió para nosotros,  no hay por qué seguir leyendo, hay que encontrar uno que sí nos conmueva, nos guste.

Y un libro no se gasta, se puede volver a leer y encontrarle otros significados en distintas lecturas.

 

¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, ñusleter, blogs etc?


Para mí son el presente y el futuro de la literatura. Al haber sostenido un proyecto cultural por un cuarto de siglo, sé lo que implicaba la distribución física antes, porque también trabajé en revistas culturales en papel.

Hoy, los blogs de escritores y las revistas virtuales de la región nos permiten tejer redes literarias inmediatas. Que un lector en Brasil en cualquier otro país pueda leer un cuento mío publicado en Argentina al instante, o viceversa, es una democratización maravillosa que rompe el aislamiento y enriquece nuestra lengua.


Por último ¿Quiere usted agregar algo?


Solo quiero agradecer este espacio para conversar sobre lo que nos mueve. En un mundo que a veces corre tan rápido y prioriza lo utilitario, detenerse a hablar y pensar en la palabra es un acto de resistencia colectiva. Gracias por mantener encendido el fuego de la lectura.

 

Araceli Otamendi

Entrevista a EUGENIA COIRO

 

 

¿Qué es para usted la poesía?

 

Es una pregunta inmensa que solo puedo responder tentativamente. A veces me resulta que la poesía es un refugio, sobre todo cuando la leo. También una caja de sorpresas del universo, un juego divertido que —por suerte—nunca termino de entender. Otras veces me parece que es una puerta de entrada o un túnel por el que accedo a otra yo y a otros mundos.

 

¿Podría usted contarnos  un poco de su vida, de sus obras publicadas, sus premios, su actividad literaria?

 

Trabajo en un banco desde hace mucho, con ese trabajo me gano el pan –prefiero decir eso a “la vida”–. Hace unos años también soy madre. En los intersticios de todo están los poemas, que se arman como rompecabezas vivos. Se abren paso en medio de la rutina y lo cotidiano. Escribí varios libros, el primero lo publiqué en 2007, van como ocho intentos y no me puedo rendir.

Además de vincularme con la poesía a través de la escritura, durante muchos años trabajé para Viajera Editorial, ese trabajo me hizo muy feliz. Repartí libros, intenté hacer prensa y difusión,  corregí manuscritos y pruebas de galera, llevé algunos proyectos de poetas que me gustaron mucho. Fui feliz con ese trabajo y también lo soy con la coordinación de talleres. 

Premios nunca tuve, pero sí muchas gratificaciones. Escuchar poetas, participar de festivales, acompañar a otros en sus proyectos, esos serían mis preciosos premios hasta ahora.

 

¿Cuándo empezó a escribir? ¿por qué?

 

Hay dos comienzos, el primero fue cuando tenía seis años y quise escribir canciones como las de María Elena Walsh. Después de adolescente volví a la escritura como un modo de decir lo que me pasaba a través de metáforas y otras figuras que intuía en mis lecturas.

 

¿Cómo definiría a su poesía?

 

Diría que es muy heterogénea, que cambia mucho a lo largo del tiempo. La definiría como una búsqueda que siempre parece que está comenzando —lamentablemente—.

 

¿Qué autores influyeron en su poética?

 

De distinto modo todos los que voy leyendo. El primero fue Borges, cuya obra completa (no completa, por supuesto) estaba en la biblioteca de la casa. Recuerdo la fascinación por el poema ajedrez.

Más grande conocí a Pizarnik y pensé que la poesía de Borges no tenía más sentido que el artificio. Que Baudelaire y Rimbaud tenían mucho más que decirme que ese señor tan intelectual. Todo dura un suspiro, y de pronto los nombres se multiplicaron. Storni, Ocampo, Thénon, Marosa, Vilariño, García Hernando, Plath, Felisberto, Oliver, Carson, Sharon Olds, Circe Maia, Roffé; la lista es interminable porque no dejo de explorar.

 

¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?

 

El fin es escribir el mejor poema que pueda. Llegar lo más cerca de las música y imágenes que aparecen en mi mente. Transmitir algo de lo que pasa por mi forma de ver el ritmo que encuentro en el mundo.

 

¿Qué poema elegiría usted si tiene que optar por uno en especial? ¿Por qué?

 

Voy a elegir este poema de Leónidas Lamborghini incluido en El jardín de los poetas:

Parterre 20

Poetas soñando su poema después de coserse un botón.

Lo elijo porque es el primero que salió cuando busqué un libro en la biblioteca, para mí la poesía es oráculo. Ahora mismo me lleva al juego en la poesía y a este humor que es el que más me gusta.

 

¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?

 

De lo hermético a lo simple. De la condensación a la liberación. Pero intuyo que no hay un camino lineal, más bien idas, vueltas y bifurcaciones.

 

¿Para usted se nace o se hace escritor?

 

Para mí se aprende a escribir un día, y más adelante algunos nos interesamos por la materialidad de esas palabras.

El concepto de escritor no sé, tal vez aplica a quienes ejercen ese oficio.

 

¿Qué consejos le daría a un joven escritor/escritora que se inicia en este bello camino de la PALABRA?

 

Que si quiere escriba, que si no quiere pare. Pero que leyendo casi nunca se pierde más que tiempo. Y como me dijo hace poco una amiga, a la vida hay que gastarla.

 

¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?

 

Hay muchas imprentas y pocas editoriales. Ser publicado hoy es muy sencillo pero ser editado, leído o recomendado es más difícil.

 

Si tuviera que recomendar un libro de poesía, prosa, cuento, novela etc ¿Cuáles recomendaría?

 

Siempre que recomiendo lo hago pensando más en el lector que en mí. En poesía, me gusta recomendar editoriales con catálogos pensados.

Si tuviera que darle un libro hoy a alguien sería Caída de las nubes de Violaine Bérot, porque la leí hace un mes y me encantó. Es una novela cortita, intensa, original y llena de imágenes poéticas.

 

¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, ñusleter,  blogs etc?

 

Estamos en una librería inconmensurable, y siempre puede haber un hallazgo, pero también la cantidad nos puede marear y aburrir.

También en internet hay que dar con editores o curadores como guías.

 

Por último ¿Quiere usted agregar algo?

 

Agradecer este espacio y el trabajo y la generosidad de Gustavo.


 

Eugenia Coiro

Saturday, August 29, 2026

Entrevista a ANTONIO TELLO

 


                                                  Foto de Jorge Tello

 

¿Qué es para usted la poesía?

 

        -Dado que la poesía admite tantas definiciones como poetas haya, la limitación implícita en la pregunta me evita cualquier tipo de arrogancia, de modo que simplemente le voy a dar un simple parecer, una mera creencia. Creo que la poesía es una pulsión del alma, un principio de armonización del espíritu humano con el mundo, sus habitantes y su naturaleza; un principio que se activa con la voluntad del ser humano -el poeta- de hallar los caminos que conduzcan la vida hacia el amor, el bien y la belleza.

 

¿Podría usted contarnos un poco de su vida, de sus obras publicadas, sus premios, su actividad literaria?

 

    -Siempre he sido pudoroso y más ahora que he superado los ochenta años en hablar de mí. No creo que las autobiografías sirvan a otra cosa que a la vanidad de cada uno. Lo que sí cuenta es la experiencia personal para sustentar la literatura que uno haga buscando aquellos puntos en los que comulga con experiencias similares. Sin duda esto nos lleva a hablar del yo del artista. Este yo es el que nos habla desde algún lugar de nuestra conciencia y nos lleva a escribir, a contar algo, pero este yo es también un él. Quiero decir que el artista no debe confundir este yo con el yo personal, pues cuando así sucede le damos una excesiva importancia a las circunstancias sociales que rodean al artista y a sus creaciones. “Los corazones deshabitados de los apátridas no dicen yo”, rezan unos versos de “Lecciones de tiempo”. Este es el motivo por el que no participo en concursos literarios y reniego de los premios, aunque comprendo y, hasta diría que acepto. las razones que dan aquellos que los buscan. A lo largo de mi vida literaria, que ha dado lugar a más de sesenta títulos entre narrativa, poesía, teatro y ensayos, además de unos doscientos libros “alimenticios”, como llamo a los hechos por encargo editorial, he procurado escribir con el mayor respeto a esa voz interior acorde con los valores éticos que la sustentan.

 

¿Cuándo empezó a escribir? ¿por qué?

 

     -Creo que escribo desde siempre si tengo en cuenta que aprendí a leer y escribir a los cinco años, edad a la que entré a la escuela y ese mismo curso ya leía las composiciones en las ceremonias de los días patrios. También era el abanderado, aunque la bandera la llevaba un niño de sexto (séptimo) grado dada mi escasa estatura física. Ahora bien, literariamente empecé a escribir como un desafío. Cierto día leí “El perseguidor”, de Cortázar, y la impresión que me causó este cuento magnífico fue de tanto gozo y furia, que rompí el libro y me dije: “Si este tipo puede escribir así, yo también puedo”. Así que me compré una Lettera 22 (que aún conservo) y una resma de papel, también tabaco, una pipa y whisky. Ya en casa, puse el papel en la máquina, tecleé el título del cuento y añadí “por Antonio Tello”. A la mañana, cuando desperté con la cabeza sobre el teclado vi que no había avanzado ni una línea, que casi había vaciado la botella y que tenía un dolor horrible en el colmillo que sostenía la pipa, supe que ese camino no me llevaría a la escritura.

 

¿Cómo definiría a su poesía?

 

     -En cierto modo la respuesta a la primera pregunta define la poesía que hago, pues no sé si puedo decir que es mía. Ese yo que me habla cuando estoy en estado poético es quien me induce a indagar, a buscar el conocimiento de todo lo que nos concierne y que constituye la naturaleza humana. Desde este punto de vista diría que la poesía que hago es de exploración.

 

¿Qué autores influyeron en su poética?

 

      -Muchos. Después del rapto provocado por “El perseguidor” me di cuenta de que no sabía nada de literatura, así que, para desespero de mi padre, abandoné el segundo año de Ciencias Económicas, y me matriculé en el Instituto Superior de Ciencias para “sistematizar mis lecturas”. Allí tuve profesoras magníficas, como Cuqui Bilbao en letras españolas, Carola Brunetti, en lingüística, y Monique Filloy, la hija de don Juan, en literatura inglesa y francesa. Con ellas tomé conciencia de la tradición literaria occidental y de la importancia de las estructuras de las lenguas a la hora de escribir literariamente, que es un estadio superior a la simple redacción o a la mera narración de una historia. Lo que acabé aprendiendo es que escribir es un acto de comunión entre el escritor y el mundo y que eso supone una inmersión a profundidades abisales, de cuyos secretos nunca podrás saber nada si navegas por la superficie.

 

¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?

 

     -Supongo que es el mismo como defino la poesía. Cada poeta, cuando es genuino, es una suerte de arquitecto que elige las herramientas y el material más idóneos para la obra que se propone construir. Hago hincapié en la calidad de genuino, porque si bien cualquiera puede escribir, no todos están capacitados o tienen el talento para ello, al igual que un albañil o un médico.

 

¿Qué poema elegiría usted si tiene que optar por uno en especial? ¿Por qué?

 

     -Si se refiere a algún poema mío, le diré que todos mis libros, incluidos las novelas, los cuentos y demás, son el mismo poema. Cada poemario, salvo el primero, no son agrupaciones de poemas sino distintas aproximaciones a un mismo eje temático que, cada vez, es más complejo de expresar dado que trata de la existencia humana y de su ¿milagrosa? aparición en este mundo. Esto no significa que desdeñe radicalmente esa poesía de circunstancias o de los sentimientos y del yo que se hace en estos tiempos. Quizás, el poema que mejor habla de mi poética es “Odiseo”, que aparece en “Sílabas de arena”*

 

¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?

 

     -Cuando empecé a escribir me obsesionaban, principalmente, dos cosas, la síntesis, que entonces definía como economía del lenguaje, y el estilo. Muy pronto me peleé con adjetivos, adverbios y frases verbales inútiles, pero el estilo me costó más hasta que di con una frase del conde de Buffon que decía algo así como “el estilo es el hombre”. Entonces quemé todo lo que había escrito hasta entonces, hacia 1968, y empecé a escribir como yo era, sin intermediarios, sin Cortázar, sin Faulkner, sin Borges, un libro de cuentos, “El día en que el pueblo reventó de angustia”, que se publicó en 1973. En este libro fundo mi universo literario y en él nace mi “alter ego”, Manuel T. Todo lo que he escrito después ya está perfilado en él; el lenguaje se ha ido depurando progresivamente. Este libro, que fue reeditado por Cartografías y Uni-Río, editorial de la Universidad Nacional de Río Cuarto, fue perseguido tanto durante el Gobierno peronista y la Dictadura, que llegó a secuestrarlo y ordenar su quema en el Regimiento 14 de Holmberg, próximo a Río Cuarto.

 

¿Para usted se nace o se hace escritor?

 

     -Creo que un escritor genuino, el que siente en el alma su vocación, es una combinación de las dos cosas. Siempre digo que hay dos clases de poetas, los que nacen con el don y los que tienen que aprenderlo. Yo soy de estos últimos. Sin embargo, tal como cuento en “El maestro asador”, mis padres me educaron para la sensibilidad y por este motivo el estudio de la literatura en el Instituto Superior de Ciencias me fue tan útil. Aquí aprendí no sólo la historia de la literatura, sobre todo la occidental, sino a utilizar la herramienta fundamental de todo escritor que es el lenguaje; aprendí que, si desnudas la palabra de todo oropel y adiciones innecesarias, ella potencia tu narración o tu poema, porque el lector, aunque no sepa de qué se trata, siente la fuerza semántica y la carga simbólica que ella trae consigo. Esto pone al descubierto tanto al escritor como al lector adocenados, porque el primero recurre al argumento, a lo explícito que tranquiliza al segundo ante su miedo a pensar que lo que él imagina es la historia que lee pasada por el tamiz de su experiencia.

 

¿Qué consejos le daría a un joven escritor/escritora que se inicia en este bello camino de la PALABRA?

 

      -No soy dado a dar consejos, no soy un maestro, tampoco me creo Rilke o Jacob, pero si les sirve de algo les diría que cuando sientan el llamado se la jueguen y vayan tras él, estudien y no se crean que con ellos empieza la literatura.

 

¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?

 

     -La producción y difusión de los libros está totalmente condicionada por las grandes corporaciones. Éstas son las que imponen los estilos -estilo internacional llaman a aquel que puede traducirse a cualquier lengua sin sobresalto para los traductores- y los autores, los cuales se acomodan a las exigencias para tener un lugar en el mercado del libro. El libro ya no es un producto cultural de naturaleza artística sino un producto de consumo masivo, un “fast-book” fácilmente digerible y olvidable, pues la industria necesita vender constantemente para mantener el aparato productivo. De forma más silenciosa operan las editoriales independientes que tratan de atender las necesidades de muchos autores excluidos del sistema, aunque algunas, dadas sus precarias condiciones económicas, no editan bien ni filtran la calidad de sus publicaciones.

 

Si tuviera que recomendar un libro de poesía, prosa, cuento, novela etc ¿Cuáles recomendaría?

 

      -Aunque he leído muchas obras maestras y todas muy recomendables, para mí, el libro más importante y el que funda la literatura moderna es “El Quijote”, que, aunque se presenta como novela, es un poema inmenso que nos sumerge en realidades oscuras y contradictorias donde la única luz y sostén es la calidad y fortaleza ética de su protagonista.

 

¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, ñusleter,  blogs etc?

 

     -Todos los recursos que brindan las nuevas tecnologías son buenos en la medida que se los utilice con responsabilidad y rigor para difundir producciones que actúen en favor del amor y el bien común. 

 

Por último ¿Quiere usted agregar algo?

 

     -Sólo felicitarlo, Gustavo Tisocco, por esta labor encomiable en favor de la poesía y la difusión de poetas, que lleva a cabo desde hace veinte años. Gracias por ello.

 

  *“Odiseo”


Escribo.

Anudo palabras para conjurar el olvido.

El mar. El olvido es el mar,

la líquida circunstancia del tiempo,

y la memoria, esa borra de luz que dejan los días,

acaso una isla. Ítaca, por ejemplo.

 

Navego a Ítaca.

Atado al mástil atravieso el laberinto

de voces que brillan y mudan de sentido.

 

Odiseo bajo las estrellas.

Extraño del mundo, su grito crece a la deriva:

¿Dónde está Ítaca?

¿Dónde está la tierra que me nombra?

¿Dónde esta la palabra que habito?

 

Escribo.

Con un hilo de voz coso

la trama que me sustenta:

 

Odiseo enamorado de las sirenas

y, sin embargo, sujeto

al índice al cual se anudan las palabras,

a su nombre, al tiempo,

tejido y destejido a la distancia.

En Ítaca...[escribo].

 

 

Antonio Tello