Saturday, August 29, 2026

Entrevista a ANTONIO TELLO

 


                                                  Foto de Jorge Tello

 

¿Qué es para usted la poesía?

 

        -Dado que la poesía admite tantas definiciones como poetas haya, la limitación implícita en la pregunta me evita cualquier tipo de arrogancia, de modo que simplemente le voy a dar un simple parecer, una mera creencia. Creo que la poesía es una pulsión del alma, un principio de armonización del espíritu humano con el mundo, sus habitantes y su naturaleza; un principio que se activa con la voluntad del ser humano -el poeta- de hallar los caminos que conduzcan la vida hacia el amor, el bien y la belleza.

 

¿Podría usted contarnos un poco de su vida, de sus obras publicadas, sus premios, su actividad literaria?

 

    -Siempre he sido pudoroso y más ahora que he superado los ochenta años en hablar de mí. No creo que las autobiografías sirvan a otra cosa que a la vanidad de cada uno. Lo que sí cuenta es la experiencia personal para sustentar la literatura que uno haga buscando aquellos puntos en los que comulga con experiencias similares. Sin duda esto nos lleva a hablar del yo del artista. Este yo es el que nos habla desde algún lugar de nuestra conciencia y nos lleva a escribir, a contar algo, pero este yo es también un él. Quiero decir que el artista no debe confundir este yo con el yo personal, pues cuando así sucede le damos una excesiva importancia a las circunstancias sociales que rodean al artista y a sus creaciones. “Los corazones deshabitados de los apátridas no dicen yo”, rezan unos versos de “Lecciones de tiempo”. Este es el motivo por el que no participo en concursos literarios y reniego de los premios, aunque comprendo y, hasta diría que acepto. las razones que dan aquellos que los buscan. A lo largo de mi vida literaria, que ha dado lugar a más de sesenta títulos entre narrativa, poesía, teatro y ensayos, además de unos doscientos libros “alimenticios”, como llamo a los hechos por encargo editorial, he procurado escribir con el mayor respeto a esa voz interior acorde con los valores éticos que la sustentan.

 

¿Cuándo empezó a escribir? ¿por qué?

 

     -Creo que escribo desde siempre si tengo en cuenta que aprendí a leer y escribir a los cinco años, edad a la que entré a la escuela y ese mismo curso ya leía las composiciones en las ceremonias de los días patrios. También era el abanderado, aunque la bandera la llevaba un niño de sexto (séptimo) grado dada mi escasa estatura física. Ahora bien, literariamente empecé a escribir como un desafío. Cierto día leí “El perseguidor”, de Cortázar, y la impresión que me causó este cuento magnífico fue de tanto gozo y furia, que rompí el libro y me dije: “Si este tipo puede escribir así, yo también puedo”. Así que me compré una Lettera 22 (que aún conservo) y una resma de papel, también tabaco, una pipa y whisky. Ya en casa, puse el papel en la máquina, tecleé el título del cuento y añadí “por Antonio Tello”. A la mañana, cuando desperté con la cabeza sobre el teclado vi que no había avanzado ni una línea, que casi había vaciado la botella y que tenía un dolor horrible en el colmillo que sostenía la pipa, supe que ese camino no me llevaría a la escritura.

 

¿Cómo definiría a su poesía?

 

     -En cierto modo la respuesta a la primera pregunta define la poesía que hago, pues no sé si puedo decir que es mía. Ese yo que me habla cuando estoy en estado poético es quien me induce a indagar, a buscar el conocimiento de todo lo que nos concierne y que constituye la naturaleza humana. Desde este punto de vista diría que la poesía que hago es de exploración.

 

¿Qué autores influyeron en su poética?

 

      -Muchos. Después del rapto provocado por “El perseguidor” me di cuenta de que no sabía nada de literatura, así que, para desespero de mi padre, abandoné el segundo año de Ciencias Económicas, y me matriculé en el Instituto Superior de Ciencias para “sistematizar mis lecturas”. Allí tuve profesoras magníficas, como Cuqui Bilbao en letras españolas, Carola Brunetti, en lingüística, y Monique Filloy, la hija de don Juan, en literatura inglesa y francesa. Con ellas tomé conciencia de la tradición literaria occidental y de la importancia de las estructuras de las lenguas a la hora de escribir literariamente, que es un estadio superior a la simple redacción o a la mera narración de una historia. Lo que acabé aprendiendo es que escribir es un acto de comunión entre el escritor y el mundo y que eso supone una inmersión a profundidades abisales, de cuyos secretos nunca podrás saber nada si navegas por la superficie.

 

¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?

 

     -Supongo que es el mismo como defino la poesía. Cada poeta, cuando es genuino, es una suerte de arquitecto que elige las herramientas y el material más idóneos para la obra que se propone construir. Hago hincapié en la calidad de genuino, porque si bien cualquiera puede escribir, no todos están capacitados o tienen el talento para ello, al igual que un albañil o un médico.

 

¿Qué poema elegiría usted si tiene que optar por uno en especial? ¿Por qué?

 

     -Si se refiere a algún poema mío, le diré que todos mis libros, incluidos las novelas, los cuentos y demás, son el mismo poema. Cada poemario, salvo el primero, no son agrupaciones de poemas sino distintas aproximaciones a un mismo eje temático que, cada vez, es más complejo de expresar dado que trata de la existencia humana y de su ¿milagrosa? aparición en este mundo. Esto no significa que desdeñe radicalmente esa poesía de circunstancias o de los sentimientos y del yo que se hace en estos tiempos. Quizás, el poema que mejor habla de mi poética es “Odiseo”, que aparece en “Sílabas de arena”*

 

¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?

 

     -Cuando empecé a escribir me obsesionaban, principalmente, dos cosas, la síntesis, que entonces definía como economía del lenguaje, y el estilo. Muy pronto me peleé con adjetivos, adverbios y frases verbales inútiles, pero el estilo me costó más hasta que di con una frase del conde de Buffon que decía algo así como “el estilo es el hombre”. Entonces quemé todo lo que había escrito hasta entonces, hacia 1968, y empecé a escribir como yo era, sin intermediarios, sin Cortázar, sin Faulkner, sin Borges, un libro de cuentos, “El día en que el pueblo reventó de angustia”, que se publicó en 1973. En este libro fundo mi universo literario y en él nace mi “alter ego”, Manuel T. Todo lo que he escrito después ya está perfilado en él; el lenguaje se ha ido depurando progresivamente. Este libro, que fue reeditado por Cartografías y Uni-Río, editorial de la Universidad Nacional de Río Cuarto, fue perseguido tanto durante el Gobierno peronista y la Dictadura, que llegó a secuestrarlo y ordenar su quema en el Regimiento 14 de Holmberg, próximo a Río Cuarto.

 

¿Para usted se nace o se hace escritor?

 

     -Creo que un escritor genuino, el que siente en el alma su vocación, es una combinación de las dos cosas. Siempre digo que hay dos clases de poetas, los que nacen con el don y los que tienen que aprenderlo. Yo soy de estos últimos. Sin embargo, tal como cuento en “El maestro asador”, mis padres me educaron para la sensibilidad y por este motivo el estudio de la literatura en el Instituto Superior de Ciencias me fue tan útil. Aquí aprendí no sólo la historia de la literatura, sobre todo la occidental, sino a utilizar la herramienta fundamental de todo escritor que es el lenguaje; aprendí que, si desnudas la palabra de todo oropel y adiciones innecesarias, ella potencia tu narración o tu poema, porque el lector, aunque no sepa de qué se trata, siente la fuerza semántica y la carga simbólica que ella trae consigo. Esto pone al descubierto tanto al escritor como al lector adocenados, porque el primero recurre al argumento, a lo explícito que tranquiliza al segundo ante su miedo a pensar que lo que él imagina es la historia que lee pasada por el tamiz de su experiencia.

 

¿Qué consejos le daría a un joven escritor/escritora que se inicia en este bello camino de la PALABRA?

 

      -No soy dado a dar consejos, no soy un maestro, tampoco me creo Rilke o Jacob, pero si les sirve de algo les diría que cuando sientan el llamado se la jueguen y vayan tras él, estudien y no se crean que con ellos empieza la literatura.

 

¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?

 

     -La producción y difusión de los libros está totalmente condicionada por las grandes corporaciones. Éstas son las que imponen los estilos -estilo internacional llaman a aquel que puede traducirse a cualquier lengua sin sobresalto para los traductores- y los autores, los cuales se acomodan a las exigencias para tener un lugar en el mercado del libro. El libro ya no es un producto cultural de naturaleza artística sino un producto de consumo masivo, un “fast-book” fácilmente digerible y olvidable, pues la industria necesita vender constantemente para mantener el aparato productivo. De forma más silenciosa operan las editoriales independientes que tratan de atender las necesidades de muchos autores excluidos del sistema, aunque algunas, dadas sus precarias condiciones económicas, no editan bien ni filtran la calidad de sus publicaciones.

 

Si tuviera que recomendar un libro de poesía, prosa, cuento, novela etc ¿Cuáles recomendaría?

 

      -Aunque he leído muchas obras maestras y todas muy recomendables, para mí, el libro más importante y el que funda la literatura moderna es “El Quijote”, que, aunque se presenta como novela, es un poema inmenso que nos sumerge en realidades oscuras y contradictorias donde la única luz y sostén es la calidad y fortaleza ética de su protagonista.

 

¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, ñusleter,  blogs etc?

 

     -Todos los recursos que brindan las nuevas tecnologías son buenos en la medida que se los utilice con responsabilidad y rigor para difundir producciones que actúen en favor del amor y el bien común. 

 

Por último ¿Quiere usted agregar algo?

 

     -Sólo felicitarlo, Gustavo Tisocco, por esta labor encomiable en favor de la poesía y la difusión de poetas, que lleva a cabo desde hace veinte años. Gracias por ello.

 

  *“Odiseo”


Escribo.

Anudo palabras para conjurar el olvido.

El mar. El olvido es el mar,

la líquida circunstancia del tiempo,

y la memoria, esa borra de luz que dejan los días,

acaso una isla. Ítaca, por ejemplo.

 

Navego a Ítaca.

Atado al mástil atravieso el laberinto

de voces que brillan y mudan de sentido.

 

Odiseo bajo las estrellas.

Extraño del mundo, su grito crece a la deriva:

¿Dónde está Ítaca?

¿Dónde está la tierra que me nombra?

¿Dónde esta la palabra que habito?

 

Escribo.

Con un hilo de voz coso

la trama que me sustenta:

 

Odiseo enamorado de las sirenas

y, sin embargo, sujeto

al índice al cual se anudan las palabras,

a su nombre, al tiempo,

tejido y destejido a la distancia.

En Ítaca...[escribo].

 

 

Antonio Tello

Entrevista a LUZ RÍOS IRIBARNE

  


¿Qué es para usted la poesía?

 

La poesía es nuestra voz literaria. Igual que nuestra “voz sonora” no la conocemos realmente, pero el resto la identifica y nos define frente al lector.

 

¿Podría usted contarnos  un poco de su vida, de sus obras publicadas, sus premios, su actividad literaria?

 

Todavía no tengo un libro solo mío, pero hace años empecé a participar de convocatorias poéticas (y de otros géneros). Me costaba llevar un registro mental, así que hace poco hice un inventario según años y editoriales. Hasta este momento he participado en unas 55 (unas 40 de poesía).

 

¿Cuándo empezó a escribir? ¿por qué?

 

En mi adolescencia empecé unas “escritura de supervivencia”. Tuve mis “diarios íntimos” pero era exponerme demasiado, así que me expresaba metafóricamente. Después empecé a hacerlo con mayor conciencia, aunque igual era chica. Lo ubico entre mis 19 y 20 años.

 

¿Cómo definiría a su poesía?

 

Creo que fue cambiando. Hablando de la voz, también me tocó vivir una “pubertad literaria” donde esa voz cambió un poco. Hoy es más honesta e intensa, aunque sigo teniendo a la metáfora como mi mayor recurso.

 

¿Qué autores influyeron en su poética?

 

Acá me cuesta ser clara porque creo que todo lo que leí (aunque no fuerza poesía) me dejó algo. Ahora pienso en Pizarnik, por su relación con la depresión, Alfonsina Storni, por su lucha, Safo, por su claridad, pero seguramente esté siendo injusta con muchos nombres más.

 

¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?

 

Espero que no parezca una respuesta vaga, o esquiva, pero creo que siempre se trata de conmover. No necesariamente “hacer llorar”, sino que si escribo con bronca, y alguien puede identificarse con eso, ya tiene un valor. Capaz esa sea una palabra mejor. Que alguien pueda identificarse.

 

¿Qué poema elegiría usted si tiene que optar por uno en especial? ¿Por qué?

 

Tampoco quisiera ser injusta con mi producción, pero incluso compartí para el aniversario de Mis Poetas Contemporáneos “Re-negaciones”. Ya tiene más de ocho años, y creo que estaba en los inicios de la “pubertad literaria”, pero creo que fue un inicio, empecé a ser más cercana a mi propia voz ahí mismo.

 

¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?

 

Al principio las metáforas las usaba para “esconderme”. Para reforzar eso buscaba imágenes más rebuscadas, e irónicamente usaba mucho al laberinto como símbolo. Cuando digo que me volví más cercana a mi voz tiene que ver con haber empezado a ser más clara. Ya no me escondo sino que le doy cierta forma a lo que quiero decir.

 

¿Para usted se nace o se hace escritor?

 

Se nace con cierta sensibilidad, una capacidad de sentir, o percibir, y después desarrollamos el modo de plasmarlo. La verdad es que creo que elegí la escritura porque me di cuenta muy pronto de que lamentablemente no soy capaz de dibujar algo aceptable.

 

¿Qué consejos le daría a un joven escritor/escritora que se inicia en este bello camino de la PALABRA?

 

Capaz voy a algo muy obvio, pero que no deje de leer. También que es importante escribir mucho. Creo que fue Ray Bradbury quien planteó escribir un cuento por semana, ya que no es posible escribir 52 obras malas seguidas. Con los poemas creo que pasa lo mismo. Además, los primeros no van a ser para enorgullecerse, pero una casa no se construye sobre tierra plana, sino sobre cimientos que se forman con piedra. Las primeras palabras, los primeros versos, hacen las veces de cimientos.

 

¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?

 

La primera palabra que me viene a la mente es “crisis”, pero tenemos que revalorizar esa palabra. Cuando hablaba de “pubertad”, eso mismo es una crisis también, pero no podemos verlo como algo terrible, sino como crecimiento. Y sí hay cosas terribles hoy, pero en las producciones independientes, en las editoriales pequeñas, surgen las obras que fortalecen el presente. Un libro, por más malo que sea, puede tener lo bueno de hacernos ir a otras obras, y hoy está pasando algo similar. Hay quienes creen que pueden editar una novela dándole unas pocas palabras a una aplicación. Es terrible que pase, pero eso demostrará también la diferencia entre autores y copiadores.

 

Si tuviera que recomendar un libro de poesía, prosa, cuento, novela etc ¿Cuáles recomendaría?

 

Si bien ya nombré autores, es interesante ir a lo desconocido en su obra. Las poesías menos conocidas de Storni, los inéditos de Pizarnik. En prosa es valiosísimo Sbarra, y me interesa sobre todo Aleana, que tiene de su ironía, su visión, pero también otra poética. De Manuel Puig empezaría por Boquitas Pintadas, que reúne múltiples géneros y construye desde ahí. Por fuera de la ficción siempre hay que ir a Arlt y sus Aguafuertes, y hablando de obras no tan comentadas, siempre vuelvo a citar Antes del fin de Sábato (un libro profundamente angustiante pero con una mirada social que se volvió más vigente que nunca).

 

¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, ñusleter,  blogs etc?

 

Creo que por el presente económico que vivimos la mayoría es una gran noticia que podemos acceder a lecturas de esa forma. Claro que también hay cosas terribles, pero después de todo, sucede lo mismo que con los libros, llevan a otros. SIempre voy a preferir un libro físico (nada reemplaza eso de tenerlo en las manos, poder marcar, sentirlo), pero la realidad es que un libro virtual está hasta un 80% menos, y es posible tener un mayor volumen leído de esa forma (no quita que cuando sea posible compremos el libro en físico para poder disfrutarlo mejor).

También permite el contacto entre autores. Personalmente nunca hubiera soñado con compartir lo que escribo, hace 20 años, pero conocer autores, poder compartir, encontrarnos, me habilitó esta posibilidad.

 

Por último ¿Quiere usted agregar algo?

 

Lo más interesante de estudiar ‘Historia del arte’ es que los cambios que hubo (las vanguardias, la evolución, incluso la invención de la imprenta) siempre se vivió como un anticipo del “fin de los tiempos”. Y si bien hubo siempre obras que lamentar, también significó democratizar el acceso a la cultura y abrir posibilidades. Por el presente que atravesamos hoy nacionalmente parece utópico, pero creo de verdad que hay un germen muy valioso que vamos a ver germinar muy pronto, tanto en la literatura como en otras disciplinas artísticas. Creo, o más bien sé, que en la producción artística está lo que nos hace humanos, y no podemos renunciar a luchar por esto que nos queda.

 

Luz Ríos Iribarne

Friday, August 28, 2026

Entrevista a MARIANA FINOCHIETTO

 


¿Qué es para usted la poesía?

 

La poesía es como el tiempo entre respirar y exhalar. Ese vacío que también es exceso.

 

¿Podría usted contarnos un poco de su vida, de sus obras publicadas, sus premios, su actividad literaria?

 

Mi vida es muy sencilla, muy austera. Nací en un pueblo muy pequeño, en una casa sin libros, pero con un patio extendido hasta donde llegaba la mirada.  Comencé a leer siendo muy, muy chiquita, y mis padres, tal vez hartos de mi curiosidad, me anotaron en la biblioteca pública, que fue también crecer en un campo abierto.

Tal vez por eso escribo. Porque leer es expandir el lenguaje más allá de los límites del habla.  Y es expandir la vida más allá de los contornos de una casa.

Tengo publicados varios libros; Cuadernos de la breve ceguera; La hija del pescador; Jardines; Piedras de colores; El orden del agua; Madura; Quiero sacar la cabeza por la ventanilla de tu coche; Patio; Trinchera; Desviadero. Mi Obra reunida 2014-2024 fue publicada en México.

He participado de varias antologías y publico en algunas revistas impresas y digitales.

Coordino, también, talleres y clínicas de obra. 

 

¿Cuándo empezó a escribir? ¿porqué?


Empecé a escribir en mi adolescencia, como tantos. Sonetos muy borgianos, pero pésimos. Leía con fervor, con furia.  Escribía como emergente de ese exceso.

Luego tuve a mis hijos, y por veinte años mi vida fue dedicarme a la crianza.

A los cuarenta años, un incidente me dejó casi ciega.  Y luego de mil exámenes, se determinó que esa “ceguera” era emocional. Algo que no estaba bien, algo que faltaba. Tal vez, algo que no podía modular con la garganta, sino que debía escribirse con la mano. La misma razón, acaso, por la que los primitivos dibujaron en las cuevas.

Fue ahí que volví a la escritura, y si no me abandona, yo no voy a dejarla nunca. 

 

¿Cómo definiría a su poesía?


Mi poesía me acompaña mientras vivo, y como yo, va cambiando según pasan los años.

Puedo decir que me gusta concentrarme en la sencillez del lenguaje, trabajar profundamente en eso.

Que mi poesía se me parezca, incluso cuando me disfrazo de otras.

 

¿Qué autores influyeron en su poética?


Sin dudarlo, Roberto Themis Speroni.  Lo leí por primera vez a los dieciséis años y aún recuerdo el estremecimiento al entrar en su lenguaje.

Mucho más cercanos, Watanabe, Escudero, Giannuzzi, Olds, Oliver, Negroni, Mujica. 

 

¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?


Es una pregunta que no sabría responder con una sola definición.  Pero supongo que poder “comunicar” una emoción es suficiente.  Que se me comprenda, a través y más allá del lenguaje: esa ambivalencia del escribir, que se da también como lectora.

 

¿Qué poema elegiría usted si tiene que optar por uno en especial? ¿Porqué?


Tengo un poema muy querido para mí, que escribí hace tiempo para mis cuatro hijos, cuando empezaron a crecer.  Ser mamá, para mí, es todavía más hermoso que escribir, y mucho más desafiante.

 

MÁTER

 

Tengo unos zapatos rosas con brillitos,

que compré con devoción hace algún tiempo.

Son, sin dudar,

mis zapatos favoritos,

parecen flores mojadas por la lluvia.

Mis hijos se ríen de mí.

Mamá, tus zapatitos

son diamantes para pies.

Y nos reímos

porque es lindo reírse

de las cosas más triviales

con esa gente hermosa que uno quiere,

es como hacerse cosquillas con palabras.

A veces pienso

en el tiempo que se escapa

y en la sencilla fragilidad entre nosotros,

mientras crecen y crecen

lejos de mí hacia sus vidas nuevas.

Entonces golpeo

a escondidas

tres veces mis zapatos

y digo

"quiero recordar este momento para siempre”.

 

¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?


Tengo la sensación de que mis primeros libros se “parecen” entre sí. La búsqueda que tengo, en mis últimos libros, es que cada poemario sea un mundo organizado, de una atmósfera distinta a los otros, en tono y forma.

Me gusta mucho jugar este juego.

 

¿Para usted se nace o se hace escritor?


Creo que se nace para decir fuera del lenguaje utilitario. Pero no como un don, sino como un muñón de una lengua fantasma que, si no logra expandirse, duele.

Sin embargo, un escritor debe “hacerse” a través de la disciplina. Leer, leer hasta el hartazgo lo que nos guste y, sobre todo, lo que no. Es la única manera de encontrar la grieta donde nuestra propia voz pueda crecer.

  

¿Qué consejos le daría a un joven escritor/escritora que se inicia en este bello camino de la PALABRA?

 

Que se atreva a pisar el borde.

 

¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?


Son tiempos muy difíciles para la cultura en general. La cultura no debería ser un elemento de lujo (a pesar de que tantas veces lo ha sido, y se ha restringido a las clases sociales más altas).

Creo que estamos frente a un sistema que busca, más que sofisticación en la lectura, elitismo. Y eso deja a muchos autores valiosos afuera.

Me gustan las propuestas de las editoriales independientes que hacen convocatoria (mis últimos libros se han publicado así).  Me parece un acto valiente, del que me gusta participar aunque sea como espectadora. 

 

Si tuviera que recomendar un libro de poesía, prosa, cuento, novela etc ¿Cuáles recomendaría?

 

Oratorio, de María Negroni. Y los cuentos de Sofoco, de Laura Ortiz Gómez.  Y un verdor terrible, de B. Labatut.

Y miles. Miles.

 

¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, ñusleter, blogs etc?

 

Creo que “democratizar” el derecho a publicar de cualquiera no le ha hecho daño a nadie. Nunca se ha tenido tanto acceso a la poesía como ahora, a lo que nos gusta (y como señalaba anteriormente) a lo que no nos gusta.

Habrá lectores diferentes para poéticas diferentes. Algunas perdurarán, y otras no.

 

Por último ¿Quiere usted agregar algo?

 

Gracias a la poesía por tanto.


Mariana Finochietto